Bastardos gloriosos
In m emoriam Juan José Claure, por la gloria de nuestras más felices aventuras Andrés Laguna
“Una vez en la Francia ocupada por los Nazis”, un escuadrón de soldados judío-estadounidenses, conocidos como los “Bastardos sin gloria”, esparcían el miedo en los dominios del Fürer. Su misión: matar nazis. Su marca: cortarles el cuero cabelludo. Sí, sí, al mero estilo apache. Por otro lado, el coronel Hans Landa (Christoph Waltz, simplemente soberbio) y sus tropas recorren Francia cazando judíos furtivos sin la menor piedad. Dos fuerzas condenadas a cruzar armas. De manera generalísima, ese es el argumento de Inglourious Basterds (2009), la última obra maestra del infalible Quentin Tarantino. Pero, lo aseguro sin temor a equivocarme, suena mucho menos interesante y estimulante de lo que realmente es. Eso suele pasar con las cintas de Tarantino, imposible resumirlas en unas pocas líneas, en unas cuantas palabras. Pocas cosas son más reconfortantes y placente...