El Gabo y un tal monstruo


Hace muchos años compré en la FNAC de Bruselas, en esa su recordada y mínima sección en castellano, un libro de Cortázar. Ahora mismo no recuerdo cual era, pues era un regalo que le hice a alguno de los amigos de esa época, a alguno de esos amigos que se resistía a aprender francés. Antes de entregarlo a su destinatario, se lo mostré a mi querido Yves Froment. Lo que nos llamaba la atención de esa edición, pues ambos conocíamos y amábamos la obra, era la foto de la contratapa. En ella, Cortázar aparecía con dientes de vampiro y haciendo un gesto que seguramente pretendía imitar a Bela Lugosi o a Christopher Lee. Con esa cara de monstruo bueno que tenía. Era una foto rara, enternecedora, graciosa y no muy conocida. De hecho, no volví a verla. Debo reconocer que lamento mucho haber regalado ese libro.

El Julio decía que: “Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías”. Supongo que tiene razón.

Hace unas horas me puse a buscar esa foto en la red. No la encontré. Pero, en el trajín, encontré otra, la que ilustra este post, que tampoco conocía y que también me parece enternecedora y rara. Aunque la cara de monstruo bueno esté cubierta por una de monstruo malo. Cortázar aparece disfrazado de vampiro y Gabriel García Márquez le sigue el juego, fue tomada en 1974 en París. Tengo entendido que desde hace unos cinco años la foto original, junto con otras cuatro mil y muchas filmaciones en súper ocho, está en el Centro Galego de Artes da Imaxe (CGAI), fueron depositadas por Aurora Bernárdez, la primera esposa del Julio.

Supongo que otra manera buena de combatir a la nada es ponerse un disfraz de monstruo. De monstruo bueno, claro. Permanecer en la memoria de otros. Y espantarla.

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