X-Cremento

Andrés Laguna
Debo comenzar esta crítica reconociendo que, a diferencia de lo que opinan la mayor parte de los críticos de cine y de los fanáticos de los cómics, las dos primeras adaptaciones al cine de X-Men, dirigidas por el irregular Bryan Singer, me parecieron bastante flojas y decepcionantes, lo único que no me molestó del todo fue el casting, pero esperaba mucho más. Por otro lado, X3, X-Men: The Last Stand, la tercera cinta de la saga, dirigida por el mediocre Brett Ratner, es una de las ofensas mayores a la historia del cómic estadounidense y cinematográficamente tiene la misma relevancia que la última secuela de American Pie. Lamentablemente, la cinta de Ratner con relación a X-Men Origins: Wolverine termina siendo algo así como la Citizen Kane del cine de súper héroes.
Debo reconocer que guardaba esperanzas en X-Men Origins: Wolverine, el casting no parecía malo, Hugh Jackman volvería a encarnar al personaje que lo mandó a la fama, incluirían a algunos personajes que se extrañaban mucho en las anteriores películas (en especial, Gambito, Emma Frost y Deadpool) y el director Gavin Hood (autor de piezas maestras como Tsotsi y Rendition) estaría detrás de las cámaras. Lamentablemente, el talentoso director sudafricano se dejó manejar por los productores descerebrados de Hollywood y todo terminó siendo un tremendo fiasco. Wolverine terminó siendo al cine de súper héroes, lo que una cajita feliz es a la alta cocina, un frugal bocado de basura. Seguramente, algunas de las excesivas e impactantes secuencias de acción serán premiadas por los MTV Movie Awards. Seguramente, las nuevas generaciones de consumidores ignorantes disfrutarán mucho de la cinta, comprarán su merchandising y la recordaran con emoción hasta que el altísimo colesterol les ocasione un accidente cardiovascular. Wolverine pasará a la historia por ser una de las más grandes e injustificadas inversiones de la historia del séptimo arte.
Peter Travers, crítico de cine de la Rolling Stone, se quejaba porque los productores de Hollywood quieren sacarle hasta la última gota de jugo a la franquicia X-Men, personalmente, no veo cual es el problema, la cantidad de historietas, la cantidad de historias apasionantes que se han escrito e ilustrado sobre los célebres muchachos del Profesor Xavier pueden nutrir un sin número de películas genéricas excelentes. El problema está en que los descriteriados guionistas y los nefastos productores de Hollywood no tienen ni la capacidad, ni la creatividad para hacer algo interesante con una materia prima magnífica. Wolverine es el ejemplo más claro.
Tenía la esperanza de que los guionistas echen mano a la historia de los orígenes del personaje del título que se desarrolla en el magnífico y alternativo cómic de Paul Jenkins, Claudio Castellini y Paul Mounts, Wolverine. The End. Lamentablemente, decidieron hacer un hibrido de todas las versiones y la historia terminó siendo tan simplona, como descorazonada.
La cinta comienza en al siglo XIX, Jimmy, un niño enfermizo de clase alta, es testigo de una situación traumática en su familia y se ve obligado a escapar. Su hermano de sangre, Victor Creed (Liev Schreiber), lo acompañará en su travesía. Juntos pelearán en casi todas las guerras importantes de los Estados Unidos, la guerra de secesión, las dos mundiales, la de Vietnam. Poco después serán reclutados por el coronel William Stryker (Danny Huston), para hacer parte de un equipo especial de mutantes que hacen trabajitos que nadie más quiere hacer. Jimmy, cansado de hacer el trabajo sucio de sus jefes decide abandonar al equipo y a su hermanito. Se convierte en leñador, se cambia de nombre a Logan y se consigue una pareja (Lynn Collins). Es feliz hasta que Stryker y Creed reaparecen en su vida, lo obligan a retomar sus viejos hábitos y lo llenan de sed de venganza. Logan adopta el nombre de Wolverine (inspirado en una historia llena de clichés que le cuenta su amada), Creed ahora es Dientes de Sable y se convierte en su enemigo jurado, sin que nadie entienda muy bien que lo llevó a odiar tanto a su hermanito. Las secuencias de acción serán cada vez más impresionantes y seguidas, hasta que uno llega a sentirse en medio de un juego de video y el poco lenguaje cinematográfico que tenía la cinta hasta ese momento se diluye en la nada. El argumento no es fiel a la mitología y al canon del cómic, tampoco logra proponer algo nuevo que sea interesante, como más o menos hizo The Dark Knight de Christopher Nolan. Esta cinta está llena de un sin número de incoherencias y lugares comunes, Wolverine se dibuja como un personaje tan superficial y tonto que uno termina deseando que sea derrotado por sus enemigos. Pero los malos de la película son tan alevosos, descontrolados y poco interesantes que tampoco causan simpatía, no son ni la sombra del Magneto de Sir Ian McKellen. Los personajes secundarios, que hubiesen podido condimentar mucho la cinta, tienen apariciones tan sosas que es difícil recordarlos.
Hay algunos momentos de la cinta que pueden llegar a ser emocionantes, sí, los efectos visuales son impresionantes, el problema está en que esto no parece cine, como dije más arriba, no son más que imágenes de video juego. De hecho, hace unos días vi a mi primito jugar Wolverine en Wii, parecía ser mucho más entretenido que la película misma.
La explicación que se hace sobre la pérdida de memoria de Wolverine es patética , hubiesen podido hacer algo mucho más interesante si revisaban los archivos de la Marvel. Todos lo saben o lo suponen, Wolverine pierde la memoria al final de la película, no tiene idea de quien es, de que vivió, de cual es su relación con Dientes de Sable o Stryker. En sus críticas a Wolverine, curiosamente, Peter Travers y Roger Ebert concluyen haciendo referencia a la amnesia del héroe. Los dos críticos admiten tenerle envidia. Por mi parte, no olvidaré la cinta, ni quiero hacerlo, pero le seguiré guardando rencor a los estudios de Hollywood. Y buscaré mi venganza.
Debo comenzar esta crítica reconociendo que, a diferencia de lo que opinan la mayor parte de los críticos de cine y de los fanáticos de los cómics, las dos primeras adaptaciones al cine de X-Men, dirigidas por el irregular Bryan Singer, me parecieron bastante flojas y decepcionantes, lo único que no me molestó del todo fue el casting, pero esperaba mucho más. Por otro lado, X3, X-Men: The Last Stand, la tercera cinta de la saga, dirigida por el mediocre Brett Ratner, es una de las ofensas mayores a la historia del cómic estadounidense y cinematográficamente tiene la misma relevancia que la última secuela de American Pie. Lamentablemente, la cinta de Ratner con relación a X-Men Origins: Wolverine termina siendo algo así como la Citizen Kane del cine de súper héroes.
Debo reconocer que guardaba esperanzas en X-Men Origins: Wolverine, el casting no parecía malo, Hugh Jackman volvería a encarnar al personaje que lo mandó a la fama, incluirían a algunos personajes que se extrañaban mucho en las anteriores películas (en especial, Gambito, Emma Frost y Deadpool) y el director Gavin Hood (autor de piezas maestras como Tsotsi y Rendition) estaría detrás de las cámaras. Lamentablemente, el talentoso director sudafricano se dejó manejar por los productores descerebrados de Hollywood y todo terminó siendo un tremendo fiasco. Wolverine terminó siendo al cine de súper héroes, lo que una cajita feliz es a la alta cocina, un frugal bocado de basura. Seguramente, algunas de las excesivas e impactantes secuencias de acción serán premiadas por los MTV Movie Awards. Seguramente, las nuevas generaciones de consumidores ignorantes disfrutarán mucho de la cinta, comprarán su merchandising y la recordaran con emoción hasta que el altísimo colesterol les ocasione un accidente cardiovascular. Wolverine pasará a la historia por ser una de las más grandes e injustificadas inversiones de la historia del séptimo arte.
Peter Travers, crítico de cine de la Rolling Stone, se quejaba porque los productores de Hollywood quieren sacarle hasta la última gota de jugo a la franquicia X-Men, personalmente, no veo cual es el problema, la cantidad de historietas, la cantidad de historias apasionantes que se han escrito e ilustrado sobre los célebres muchachos del Profesor Xavier pueden nutrir un sin número de películas genéricas excelentes. El problema está en que los descriteriados guionistas y los nefastos productores de Hollywood no tienen ni la capacidad, ni la creatividad para hacer algo interesante con una materia prima magnífica. Wolverine es el ejemplo más claro.Tenía la esperanza de que los guionistas echen mano a la historia de los orígenes del personaje del título que se desarrolla en el magnífico y alternativo cómic de Paul Jenkins, Claudio Castellini y Paul Mounts, Wolverine. The End. Lamentablemente, decidieron hacer un hibrido de todas las versiones y la historia terminó siendo tan simplona, como descorazonada.
La cinta comienza en al siglo XIX, Jimmy, un niño enfermizo de clase alta, es testigo de una situación traumática en su familia y se ve obligado a escapar. Su hermano de sangre, Victor Creed (Liev Schreiber), lo acompañará en su travesía. Juntos pelearán en casi todas las guerras importantes de los Estados Unidos, la guerra de secesión, las dos mundiales, la de Vietnam. Poco después serán reclutados por el coronel William Stryker (Danny Huston), para hacer parte de un equipo especial de mutantes que hacen trabajitos que nadie más quiere hacer. Jimmy, cansado de hacer el trabajo sucio de sus jefes decide abandonar al equipo y a su hermanito. Se convierte en leñador, se cambia de nombre a Logan y se consigue una pareja (Lynn Collins). Es feliz hasta que Stryker y Creed reaparecen en su vida, lo obligan a retomar sus viejos hábitos y lo llenan de sed de venganza. Logan adopta el nombre de Wolverine (inspirado en una historia llena de clichés que le cuenta su amada), Creed ahora es Dientes de Sable y se convierte en su enemigo jurado, sin que nadie entienda muy bien que lo llevó a odiar tanto a su hermanito. Las secuencias de acción serán cada vez más impresionantes y seguidas, hasta que uno llega a sentirse en medio de un juego de video y el poco lenguaje cinematográfico que tenía la cinta hasta ese momento se diluye en la nada. El argumento no es fiel a la mitología y al canon del cómic, tampoco logra proponer algo nuevo que sea interesante, como más o menos hizo The Dark Knight de Christopher Nolan. Esta cinta está llena de un sin número de incoherencias y lugares comunes, Wolverine se dibuja como un personaje tan superficial y tonto que uno termina deseando que sea derrotado por sus enemigos. Pero los malos de la película son tan alevosos, descontrolados y poco interesantes que tampoco causan simpatía, no son ni la sombra del Magneto de Sir Ian McKellen. Los personajes secundarios, que hubiesen podido condimentar mucho la cinta, tienen apariciones tan sosas que es difícil recordarlos.

Hay algunos momentos de la cinta que pueden llegar a ser emocionantes, sí, los efectos visuales son impresionantes, el problema está en que esto no parece cine, como dije más arriba, no son más que imágenes de video juego. De hecho, hace unos días vi a mi primito jugar Wolverine en Wii, parecía ser mucho más entretenido que la película misma.
La explicación que se hace sobre la pérdida de memoria de Wolverine es patética , hubiesen podido hacer algo mucho más interesante si revisaban los archivos de la Marvel. Todos lo saben o lo suponen, Wolverine pierde la memoria al final de la película, no tiene idea de quien es, de que vivió, de cual es su relación con Dientes de Sable o Stryker. En sus críticas a Wolverine, curiosamente, Peter Travers y Roger Ebert concluyen haciendo referencia a la amnesia del héroe. Los dos críticos admiten tenerle envidia. Por mi parte, no olvidaré la cinta, ni quiero hacerlo, pero le seguiré guardando rencor a los estudios de Hollywood. Y buscaré mi venganza.
Comentarios