Bastardos gloriosos
por la gloria de nuestras más felices aventuras
Andrés Laguna
“Una vez en la Francia ocupada por los Nazis”, un escuadrón de soldados judío-estadounidenses, conocidos como los “Bastardos sin gloria”, esparcían el miedo en los dominios del Fürer. Su misión: matar nazis. Su marca: cortarles el cuero cabelludo. Sí, sí, al mero estilo apache. Por otro lado, el coronel Hans Landa (Christoph Waltz, simplemente soberbio) y sus tropas recorren Francia cazando judíos furtivos sin la menor piedad. Dos fuerzas condenadas a cruzar armas. De manera generalísima, ese es el argumento de Inglourious Basterds (2009), la última obra maestra del infalible Quentin Tarantino. Pero, lo aseguro sin temor a equivocarme, suena mucho menos interesante y estimulante de lo que realmente es. Eso suele pasar con las cintas de Tarantino, imposible resumirlas en unas pocas líneas, en unas cuantas palabras.
Pocas cosas son más reconfortantes y placenteras que ver una película “histórica” que no tenga pretensiones historicistas y/o documentalistas. Justamente, eso es lo que logra Tarantino, Inglourious Basterds es una película de ficción magnífica sobre la Segunda Guerra Mundial, que no podrá ser utilizada en los colegios para enseñar historia ¡Bravo! El cine, en su forma más artística, no puede ser una simple herramienta pedagógica o didáctica. El final real de los hechos todos lo conocemos. De sobra. Hasta el hartazgo. En nombre del cine, del entretenimiento, del arte, de la creación, Tarantino inventa un nuevo final al conflicto bélico más importante y nefasto de la historia de la humanidad, lo hace con la categoría que sólo tienen los más grandes, los verdaderos maestros de Séptimo arte, los Creadores.
La película está dividida en varios capítulos, al estilo de Kill Bill, pero la narrativa es lineal y mucho más convencional. Incluso, siendo una de las cintas de Tarantino menos arriesgadas en lo convencional, no me animaría a tratar de resumir los hechos que se suceden, no correría el riesgo de esterilizar al film. Me limitaré a trazar un par de pinceladas. Los nazis, Goebbels, Hitler y Landa, incluidos, quieren proyectar en París una película de propaganda, que ensalza su nacionalismo. Pero no cuentan con dos cosas. La primera, la dueña del cine es una judía incógnita, Shosanna Dreyfus (la hipnotizante Mélanie Laurent), una mujer que escapó de las garras de Landa, que vio morir a su familia de manera sangrienta. La segunda, los Bastardos están cerca y quieren aniquilar Arios. Shosanna y los Bastardos tienen un plan común, aprovechar la proyección para matar a todos los nazis que puedan. El histriónico, maléfico, frío y brillante, coronel Landa se encargará de complicar sus planes. 
Una de las decisiones más inteligentes de Tarantino fue hacer que Inglourious sea una película multilingüe, se escucha el inglés, el francés, el alemán y el más hilarante italiano que se haya rodado en décadas. Tarantino logra atraparnos, nos hace sentir actores de los hechos, nos incorpora en su obra. Pero, la fuerza de la cinta está fundamentalmente en los puntos que Tarantino jamás descuida, una fotografía perfecta, una musicalización impecable (las partituras de Ennio Morricone emocionan) y un guión agudo. Pero, si hay algo para lo que Tarantino es un experto es para imaginar personaje inolvidables. Los Bastardos recuerdan con fuerza, son un inconfundible homenaje, a esa entrañable docena liderada por Lee Marvin, a los Doce del patíbulo. Son una pandilla de salvajes, de sádicos, de disfuncionales, encabezados por el teniente Aldo Raine. Encarnado por un madurísimo Brad Pitt, “Aldo el apache”, es el líder que alimenta los impulsos asesinos de sus subordinados, es el que los hace recolectar cabelleras, es el que más disfruta de las torturas a los nazis. Mr. Pitt hace un gran trabajo, sobreactúa, hace una caricatura, pero funciona a la perfección, es gracioso y feroz, dispara frases irresistibles, se mueve de manera brusca, es la parodia del héroe de acción de la clásica película bélica. Mr. Pitt ya hace parte de la estirpe de actores como Cary Grant, Paul Newman o Robert Redford.
Por su lado, el coronel Hans Landa, pasará a la historia como uno de los mejores villanos del Séptimo arte. Hazte a un lado Darth Vader, apártate Conde Drácula, aquí viene el coronel Landa. Christoph Waltz hace un trabajo único y extraordinario. Este actor austriaco, casi desconocido fuera de su país, ya ganó el premio a mejor actor en Cannes y seguramente se llevará el Oscar. Pero, qué importan los premios, ver su interpretación es el verdadero premio.
Shosanna Dreyfus, la magnífica Mélanie Laurent, es una de las heroínas más exquisitas vista en décadas. No sólo será recordada por su incendiaria figura, fotografiada en la cinta con una belleza pictórica anonadante, sino que le hará sombra a muchas de sus pares. Contiene a la dureza y a la fragilidad tanto en su rostro, como en sus gestos.
Inglourious Basterds es una gran película de guerra. Pero, como toda obra maestra, coqueta con otros géneros, como el western, el thriller y la parodia. Es imposible catalogarla. Si se pudiese darle un rótulo al cine de Tarantino tal vez sería, “cine que rinde homenajes al cine”. Esta no es la excepción. Inglourious Basterds es un placer para los que amamos el cine.
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