Sobre la obra de Christopher Nolan: Juegos mentales



Andrés Laguna

El estreno en salas locales de Inception (El origen), la más reciente cinta de Chirstopher Nolan, es el perfecto justificativo para repasar de manera fugaz la obra del aplaudido director británico. La cinta que lo llevó a la fama, Memento, desde mi perspectiva, es algo así como el nuevo traje del emperador. Sí, ése del célebre cuento de Hans Christian Andersen. Me explico, es la clase de película que si uno dice que no le gustó o que no la entendió del todo, queda como alguien de capacidad intelectual cuestionable. Lo que no me impide afirmar que me parece que abarca mucho y aprieta poco, que no me gustó mucho. Entendí de lo que se trataba. Lo que no entendí es que alguien haya querido realizar esa película, además, protagonizada por el insufrible de Guy Pierce. Narrada a través de una línea temporal llena de rupturas, con muchos guiños “filosóficos”, con trucos que sirven para confundir al espectador, la cinta cuenta la historia de un ser atormentado que no tiene memoria a corto plazo, alguien que cada día debe reconstruir la realidad y que no puede fiarse de su percepción de los hechos. Memento es un thriller que le juega sucio al espectador, todo el tiempo pone trampas, evita que el desarrollo sea claro. Para no ser previsible, prefiere confundir. Si bien su propuesta fue más o menos fresca en el tiempo de su estreno, los riesgos que corre son gratuitos y sólo están al servicio de la técnica narrativa y de personajes poco relevantes. La importancia de Memento en la filmografía de Nolan lamentablemente es grande, pues, además de haberlo convertido en una suerte de director de culto para audiencias no muy cultas, se constituye en una de las piezas fundamentales del universo creativo de su filmografía y le abrió las puertas de los grandes estudios. A partir de esa cinta, pudo trabajar las cuestiones que le interesan –la percepción de la realidad, los dilemas morales, la fragilidad de la razón- con recursos muchísimos más ostentosos, algo que para un verdadero director de cine magistral no sería una tentación, ni siquiera una opción.

Desde entonces, Nolan se ha dado el lujo de trabajar con algunos de los actores más cotizados y/o talentosos de Hollywood, y se ha convertido en uno de los nombres más notorios del suspense, con resultados dispares, aunque casi siempre bien acogido por la cada vez menos rigurosa crítica y por el cada vez más descerebrado público. Después de sus dos primeras cintas, Following y Memento, Nolan dejó el cine independiente y se dedicó a trabajar exclusivamente para los grandes estudios y siempre contó con repartos estelares. Se ha convertido en uno de los pocos directores que cuentan con enormes presupuestos y que son capaces de manufacturar buenas piezas de entretenimiento, técnicamente impecables, con recursos cinematográficos bien utilizados, verdaderamente apreciables. A pesar de que Insomnia, el pretencioso y viscoso thriller protagonizado por Al Pacino, Robin Williams y Hillary Swank, fue un paso en falso, todo lo que Nolan hizo después es de lo mejor del cine comercial de los últimos años. Con Batman Begins fue reverenciado por los amantes del cómic y comenzó una pequeña revolución de las películas de superhéroes, los humanizó, los hizo más oscuros, más frágiles y vulnerables. En The prestige nos presentó una muy divertida historia sobre la falta de magia de la magia, sobre la ambición, sobre la competencia, sobre lo ilusorio de la realidad, además ensambló un gran elenco: Christian Bale, Hugh Jackman, Michael Caine, David Bowie, Scarlett Johansson y Rebecca Hall. Pero, si me lo preguntan, su gran obra maestra es The Dark Knight, la última aparición en la pantalla gigante de Batman y probablemente la mejor película sobre un superhéroe realizada hasta ahora. Si bien los atributos de esta cinta son los mismos que de Batman Begins, en ésta corre el riesgo de darle mayor libertad creativa a los actores, lo que se tradujo en la inolvidable interpretación de Heath Ledger, encarnando al Guasón. Pero, lo que es más importante, fue que tomó un riesgo fundamental, se mantuvo más fiel a la mitología del personaje, a la esencia del héroe de historieta. Nolan recreó, reescribió, sin intentar impregnar el filme de todos sus vicios. Si bien el Batman de The Dark Knight, como casi todos los personajes de Nolan, está atormentado por su pasado y debe tomar decisiones difíciles, debe hacer elecciones que representan conflictos morales y éticos, en ningún momento nos plantea juegos psíquicos rebuscados y aburridos, cháchara de folletín, lo que sobra en buena parte de su obra.

Sin lugar a dudas, Christopher Nolan es uno de los directores más ambiciosos del panorama del cine comercial y masivo. Esto se agradece, pero también puede llegar a ser agotador y peligroso. Nolan suele jugar a ser una especie de escéptico moderado, un artista “complejo y atormentado” por sus densos pensamientos. A veces aparenta ser la mezcla perfecta entre el Tarkovsky de Solaris, el Kubrick de 2001: Odisea en el espacio, el Resnais de El año pasado en Marienbad y Spielberg. Es decir, un director extraordinario con una obra cinematográfica filosófica, profunda, propositiva, laberíntica, pero también pipoquera y masiva. Un tipo tan genial como popular. Hay quienes están convencidos de que lo es. Tengo serias dudas. Más bien creo que Nolan es un director de oficio; cuando no tiene grandes pretensiones es magnífico. Pero, ¡por Dios!, no es uno de los genios de su generación, ni mucho menos. Si la próxima vez que Nolan escriba un guión, alguien oculta sus manuales de psicología y su desgastado ejemplar de Philosophy For Dummies, le hará un enorme favor a la historia del cine. Todos seremos felices y tendremos una inyección de adrenalina con la próxima aventura del hombre murciélago.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Entre los tontos que se dejan seducir por Memento estuvo o está un amigo en común, Martin Scorsese que la destacó como una de sus 10 películas favoritas del 2000.
Andrés Laguna ha dicho que…
Querido Anónimo,
¿Viste la lista de Tarantino de este año? Hay muchas películas que me parecen insufribles y no están otras que creo que son fundamentales. Lo que no quiere decir que crea que el gran QT sea un tonto. Admiro enormemente a Scorsese y a Tarantino, creo que además de ser maravillosos directores, son colosales cinéfilos y nos dan lecciones con cada una de sus películas.
Como lo afirmaba en mi nota, creo que Nolan es un artesano magistral, logra cintas muy solventes y entretenidas, Memento incluida. Además, es un gran narrador. Creo que lo peligroso está en que envuelve todo en una cháchara pseudofilosófica. Cuando está dispuesta en proporciones moderadas no molesta, como por ejemplo en The Dark Knight y The prestige. Cuando se excede ¬–pienso en Memento y en Inception-, embelece a algunos y enerva a otros. Me incluyo en el segundo grupo.
En pocas palabras, Scorsese y Tarantino son unos maestros. Nolan, no. Hace buenas películas, impecables técnica y narrativamente, pero con poca profundidad. Lo que no está mal en sí, el problema está en que tiene pretensiones trascendentales.