Nuevas series: Chicas superpoderosas


Este texo fue escrito para la Ramona del diario boliviano Opinión.

Andrés Laguna

Llega el otoño al hemisferio norte, en Estados Unidos se estrenan algunas de las series más esperadas del año. Como van las cosas, desde hace varias temporadas, la televisión promete mucho más que casi todo lo que sale de Hollywood. Aunque este año no parece ser espectacular y está lejos de ser un hito, ya hay algunas series que han despertado cierto interés en el público y la crítica, pienso en Person  of interest, Homeland y Terra nova (el nuevo engendro que busca llenar el vacío dejado Lost). Lamentablemente, esta temporada las series que tienen mejor perfil no son nuevas, pues Mad men, Boardwalk Empire, Modern family, The Big Bang Theory o Parks and recreation, entre algunas pocas otras, siguen siendo lo mejor de la grilla. Pero, si había algo que llamaba la atención antes de los estrenos es que parecía anunciarse un pequeño “boom” de series con protagonistas femeninas que parecían girar en torno al “empoderamiento” de la mujer. Claro, eran expectativas sobredimensionadas. Pero, si el río suena…

Pequeñas piedritas

2 Broke Girls y Whitney son dos de las comedias protagonizadas por mujeres que prometían mucho y que cumplieron sorprendentemente poco, en especial la segunda que es un franco desastre. Pero, al menos muestran a mujeres en busca de controlar su destino. Las 2 Broke Girls, son dos camareras que esperan superar sus opuestas historias personales para cumplir con sus sueños. Por su lado, Whitney es la típica mujer que no quiere ser “domesticada”, que no quiere seguir los modelos de conducta que impone la sociedad, que no quiere ser una mera esposa. Premisas nada brillantes, chicas con pocos poderes, que seguramente serán efímeras, pero son levemente más interesantes que lo que terminó proponiendo esa interminable tanda publicitaria llamada Sex and the city.

Piedras ruidosas  
Dos de los estrenos más sonados, en los que más apostaban las grandes cadenas, pretendían ser algo así como las versiones femeninas de Man men. Es decir, dramas retro, que buscan explotar un pasado idealizado y glamoroso. The Playboy club y Pan Am, a pesar de tener premisas más o menos similares, corrieron suertes diametralmente distintas. Ambas series recurrieron a elencos estelares, con atractivas protagonistas, y buscaban retratar la liberación femenina de los años sesenta. The Playboy Club giraba en torno a la apertura del primer boliche de la empresa del conejito y tenía por protagonista a Amber Heard, la sirena de la última Piratas del Caribe. Pero como todo lo que sale de la factoría de Hugh Hefner –al menos en la última década-, era de un tremendo mal gusto, delirante y pretenciosa, incluso asumía que Playboy es responsable directa de la revolución sexual de los años ’60. Uf. Felizmente, la serie resultó siendo tan floja y poco promisoria que ha sido la primera debutante en ser cancelada.
Por su lado, Pan Am busca recuperar los mitos construidos en torno a la desaparecida y legendaria aerolínea, busca poner en escena ese glamour que significaba viajar en avión hace medio siglo. Tiene esa nostalgia por un pasado mejor que jamás existió como creen recordarlo, algo tan típico de los estadounidenses. Pero es elegante y tiene personajes que, lejos de ser verosímiles, son muy atractivos. En especial las cuatro azafatas protagónicas (la siempre fantástica Christina Ricci, Margot Robbie, Karine Vanasse y Kelli Garner), mujeres independientes, tremendamente seductoras, que hablan varios idiomas, que conocen todo el mundo, que pueden poner en línea a un pasajero acosador con un tenedor, que son capaces de diferenciar entre la dialéctica hegeliana y de la marxista, y que son capaces de trabajar para la CIA en medio de la Guerra fría. Se nos propone que estas mujeres bellas e inteligentes son capaces de enfrentarse a los modelos sociales de la época, nos quieren hacer creer que son transgresoras y modernas, sin perder la elegancia y la feminidad. Pan Am es poco verosímil, pero tiene encanto. Si los guionistas son hábiles, si logran darle profundidad y coherencia a la historia, lograran lo mismo que con Mad Men, hacernos anhelar un tiempo totalmente artificial, pero tan atractivo e interesante que valdrá la pena embarcarnos en la aventura.

Piedra indie
La primera serie en recibir un contrato para terminar la temporada ha sido New Girl, una comedia de 20 minutos sin mayores pretensiones. La chica del título, Jess, protagonizada por ese ícono indie llamado Zooey Deschanel, acaba de sufrir una decepción amorosa y se ve obligada a vivir con tres solteros que conoció vía Internet. Nada nuevo bajo el sol, la serie gira en torno a las torpes relaciones entre hombres y mujeres. Argumentalmente es pobre, pero Jess es un personaje extrañamente adorable, que a su manera, trata de lidiar con sus rústicos y poco interesantes compañeros de apartamento. El éxito de New Girl recae exclusivamente en el encanto de la Deschanel, que encarna a la típica chica linda que no es conciente de sus atributos físicos, que no tiene el menor reparo en hacer el ridículo, de cantar a voz en cuello en un lugar publico, de bailar de manera bufonesca o de ver varias veces al día Dirty dancing. Zooey tiene una pinta de hipster que mata, pero está lejos de tener el producido look que exhibe cuando está en los escenarios cantando con su banda She & him, y encarna a un personaje que poco recuerda a la insoportable ––también hipster­- de 500 days of Summer. Probablemente, todo lo que hace la Jess de New Girl encarnada por otra actriz sería de un patetismo insoportable. A cargo de Zooey es de un patetismo encantador. Esta es la clase de serie que reposa sobre sólo una persona, una superpoderosa. Al fin y al cabo, esta parece ser la misma chica que en Almost famous le cambió la vida a William Miller cuando le dejó la nota que decía: “Listen to Tommy with a candle burning and you’ll see your entire future...” (“Escucha Tommy con una vela prendida y verás todo tu futuro…”). Zooey sabe todo, puede todo. 

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