The Sunset Limited de Cormac McCarthy: Lanzarse a las rieles del tren
Andrés Laguna
Hay casualidades que no parecen
casualidades. Como nacer el mismo día de una lluvia de meteoritos. Como salir a
cazar antílopes para sobrevivir y encontrarse con un montón de cadáveres, un
cargamento de heroína y dos millones de dólares. Como estar en el vientre de
nuestra madre en medio del Apocalipsis. Como salir al trabajo y, esperando el
tren, evitar que un tipo se suicide.
Casi dos años después de su estreno
mundial, llega a salas locales The Road, la cinta basada en la aclamada novela
homónima de Cormac McCarthy. La coincidencia está en que en poco menos de un
mes, el 20 de febrero, Mondadori publicará por primera vez en castellano su
último trabajo, The Sunset Limited (se puede leer un adelanto en El País: http://cultura.elpais.com/cultura/2012/01/18/actualidad/1326880181_573871.html). Además, se acaba de colar en la red la
noticia de que McCarthy acaba de vender un nuevo guión para cine a los mismos
productores de The Road. Aparentemente se titula The Counselor y, supuestamente, recordará a No es un país
para viejos.
La inminente publicación de The Sunset Limited es la excusa perfecta para revisitarla.
Originalmente, pensada como una suerte de obra de teatro, se hizo pública en
mayo de 2005, cuando la compañía
Steppenwolf Merle Reskin Garage Theatre la montó en Chicago. Dos años después,
cuando la obra se presentó en Nueva York, recién se la publicó en forma de
libro y seis años después –por fin- sale una versión en nuestro idioma. Lejos
de ser la obra más aclamada de McCarthy, The
Sunset Limited desde lo estrictamente literario y argumental puede ser
considerada menor que Todos los hermosos caballos
o Meridiano de Sangre. Pero en sus
páginas el esquivo e intrigante autor trata con una evidencia, una concreción y
una claridad inéditas, algunos de los temas que lo han preocupado durante buena
parte de su obra: la naturaleza del bien y el mal, el sentido de la vida, la
fe, el escepticismo, la brutalidad de la sociedad moderna y de la cultura
occidental, la condición humana, la fragilidad de los individuos frente a un
mundo que –ya sea por cuestiones casuales o predeterminadas- es implacable y
poco misericordioso.
En Bolivia su pudo y
seguramente todavía se puede acceder a la adaptación que se hizo para
televisión, pues se transmitió en la señal de HBO y se la encontraba en varios
puestos de DVD’s piratas. Si el amigo lector tiene la suerte de toparse con una
copia, no dude en comprarla. Dirigida e interpretada por Tommy Lee Jones (que
ya se puso en la piel de un personaje de McCarthy en la extraordinaria versión
cinematográfica de No es un país para
viejos de los hermanos Coen), esta película para la pantalla chica no es
una pieza de mero entretenimiento, es un feroz debate en torno a lo
trascendental, que puede generar más de un desvelo y despertar demasiadas
preguntas de difícil o imposible respuesta. Como en La carretera, dos
personajes protagonizan la obra, Blanco y Negro. El primero es un profesor
universitario caucásico, culto, ateo, escéptico y desilusionado de todo. El
segundo es un afroamericano de clase baja, exconvicto, un tipo de pasado
turbio, que ha conocido lo peor del ser humano, pero que se ha convertido a la
religión y que bajo la tutela de Dios, está ilusionado con todo. La obra
transcurre en un viejo y pobre departamento en el que vive Negro, están
sentados en una mesa, frente a frente. No se conocen. Blanco intentó lanzarse a
las rieles del Sunset Limited, un
tren de cercanías de Nueva York. Negro lo salvó. Desde ese momento, los
personajes ejercitarán sus dotes retóricas para convencer al otro de su verdad.
Tommy Lee Jones, que ya
demostró su gran talento como director en la notable The Three Burials of Melquiades Estrada, opta por una puesta en
escena que recuerda tremendamente a una obra de teatro. Todo sucede en un mismo
escenario, se evitan buena parte de los recursos cinematográficos más obvios.
Jones opta por hacer uso de close-ups
de los rostros para acentuar la intensidad de las situaciones y a un súper
interesante diseño sonoro que le da una especial vitalidad a la pieza. Mientras
que Blanco y Negro dialogan, por ejemplo, se escucha a alguien ensayar con su
trompeta desafinada o al camión de basura recoger los deshechos de una sociedad
llena de ellos. El recurso cinematográfico mejor utilizado en esta cinta es el
fuera de campo, sin dejarnos ver, se contextualiza con precisión e inteligencia.
Pero, además de los brillantes diálogos, lo trascendente de The Sunset Limited son las
interpretaciones de sus protagonistas. Negro está encarnado por Samuel L.
Jackson, actor que tiene un extraño olfato para escoger guiones –ha participado
en proyectos que ni Rob Schneider se tomaría en serio-, pero que siempre tiene
una presencia magnética. En esta cinta nos ofrece una de las mejores
interpretaciones de su carrera, llena de excesos y teatralidad, de intensidad y
hasta de pantomimas, funcionando perfectamente como opuesto de su compañero de
casting, hace que su personaje sea la antítesis de su denominativo: Negro está
iluminado. Por su lado, Tommy Lee Jones, otro legendario actor que también ha
tenido una carrera con sorprendentes altibajos y curiosas decisiones, pero que
al igual que Jackson se las ingenia para generalmente ser lo mejor de la
película, lidia con maestría con la doble responsabilidad de dirigir y actuar.
Si bien poco pretende desde lo meramente formal, su trabajo interpretativo, que
reposa en la contención, en expresar la desesperanza, es de una calidad
incuestionable. Es tan convincente que nos hace temer que su estado de animo se
contagie a través de la pantalla. Blanco no es un tipo deprimido que quiere
acabar con su vida, a este personaje nadie la ha arrebatado nada, es alguien
que se ha dado cuenta por sí mismo de que todo es ilusorio. Blanco también es
un iluminado, pero ha sido iluminado por la oscura luz de la nada.
Los diálogos no tienen
pausa, el espectador/lector es bombardeado por ideas que hacen tambalear, no se
nos otorga ni un minuto para digerirlas. Lo que por momentos es bueno, pues la
sensación de aturdimiento es algo que McCarthy generalmente busca en sus
obras. Pero también evita el
disfrute pleno de un discurso y de la belleza de la prosa del autor, despojada
de adornos innecesarios, de artificios. Negro quiere convencer a Blanco de que
Dios está en todas partes, que la dicha y la paz eterna están garantizadas, si
uno se entrega a la palabra, si uno se sumerge en la Biblia, si uno aprende a
amar al semejante. Blanco, después de conocer la historia de humanidad, sólo
cree en una verdad, que la única salida, que el fin del horror es el Sunset Limited. La única esperanza está
en morir en las rieles del tren, suicidarse, guardando la esperanza de que no
haya absolutamente nada más allá de la muerte. Pocas máquinas han sabido
simbolizar mejor a la modernidad, a la invención humana, que el tren. Por
tanto, no parece nada casual que McCarthy haya elegido a la bestia de acero
como el verdugo de la humanidad que ha perdido toda esperanza, toda ilusión.
Blanco, profesor escéptico, decide que lo que lo liberará será justamente uno
de los tantos juguetes que la humanidad ha inventado para aplacar su banalidad,
uno de esos juguetes que debían liberarnos y que han terminado haciendo
exactamente lo contrario. Blanco dice: “La civilización occidental finalmente
se hizo humo en las chimeneas de Dachau. Estaba demasiado encaprichado para
verlo. Lo veo ahora”. Haciendo clara alusión al campo de concentración nazi,
nada parece indicarnos que está equivocado. El discurso de McCarthy es evidente
–y a veces machacón-, no se puede creer en una humanidad capaz de hacer lo que
ha hecho a lo largo de su vergonzosa historia.
Como obra de teatro, The Sunset Limited puede dejar mucho que
desear, al menos, desde un punto de vista estructural, los especialistas
podrían reprocharle mucho. En especial, porque lo relevante de la pieza son los
diálogos y la acción es, cuando menos, secundaria. Tal vez por eso mismo,
originalmente, se publicó con el subtítulo: “Una novela con forma dramática”.
Seguramente, podríamos recurrir a la Poética
de Aristóteles para hacer el intento de clasificar este texto con mayor
precisión, pero sería un ejercicio de una ociosidad pasmosa. Lo que intuyo, es
que The Sunset Limited está muchísimo
más próxima a los diálogos platónicos que, digamos, a las obras de Tennesse
Williams o a lo que solemos entender por obra de teatro –que, por cierto, ay,
ay, ay, cada vez es algo más amplio y vago-.
Harold Bloom ya se ha
encargado de canonizar a Cormac McCarthy, pero siempre es una noticia para
celebrar que podamos leerlo en nuestra lengua. Lo que es una pena es que la
traducción de Luis Murillo Fort, al menos a partir del breve adelanto de El
País, está llena de españolismos innecesarios, que por momentos nos alejan de
la prosa tajante del original. Tal vez The
Sunset Limited no sea la obra más representativa de McCarthy –¿cuál podría
serlo?-, tal vez no sea la mejor para los lectores primerizos, pero los devotos
de sus reflexiones duras y lucidas, de su literatura que jamás cede espacios a
lo trivial, encontraran en ella un auténtico tesoro. Y la cinta de Tommy Lee
Jones seguramente es su correlato cinematográfico perfecto. Los hombres de fe
estarán del lado de Negro. Los escépticos del lado de Blanco. Todas las mentes
perceptivas, poco encorcetadas, poco sometidas a la ley del género, quedarán
deslumbradas.
Publicado originalmente en La Ramona de Opinión
Publicado originalmente en La Ramona de Opinión

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