Discurso de los 40 años del Diario Opinión: El periodismo es una forma de humanismo
Andrés Laguna Tapia
Muy buenas noches a todos los que nos acompañan. Quiero comenzar agradeciendo a Brenda Molina, directora de Opinión, por invitarme a participar de este acto y, sobre todo, por permitir que represente a mi abuelo Edwin Tapia Frontanilla, el primer director de este medio y una de las personas que más creyó en su importancia y en su proyección.
Hoy no solamente recuerdo que lo acompañé en este mismo salón a que de un discurso en el acto de los 30 años, cuando ya no era director, sino que se me vienen a la cabeza todos los recuerdos relacionados con estos 40 años de historia. Por supuesto, tienen un lugar muy especial en mi memoria los 10 años que fui editor de su suplemento cultural, la Ramona, junto a Santiago Espinoza y Sergio de la Zerda.
Estos 40 años de Opinión no deben ser un mero justificativo para celebrar su existencia, nos deben obligar a reflexionar sobre lo que significa ser un medio de comunicación en un país como Bolivia, con todas sus complejidades. Edwin Tapia Frontanilla creía que el lenguaje define lo que somos y que por definición el lenguaje es social. Entendía que las palabras tienen el poder de transformar a las realidades, a las sociedades, al ser humano. Por eso, bajo su dirección, Opinión se convirtió en un espacio donde voces diversas, visiones heterogéneas, encontraron cabida, donde el disenso no era un proscrito, sino una necesidad. A diferencia de otros, este medio nunca fue el portavoz de una familia, de un partido, de una iglesia o de un grupo elitista. En su visión, mi abuelo creyó que dando la palabra a los que no habían tenido cabida en los medios tradicionales, contribuiría a transformar al país.
Opinión prácticamente nace junto a la democracia. Y su nombre no es casual e inofensivo, reconoce el valor de la singularidad, de la pluralidad, de las diversas perspectivas. En palabras de Edwin Tapia Frontanilla: “La democracia que se funda en la participación consciente y deliberada de la gente sería sólo una ficción si el pueblo no estuviera, plenamente informado de lo que hacen o dejan de hacer sus gobernantes”. Quizás con una visión muy moderna, asumió que la información y el conocimiento podían empoderar a la población, por tanto, asumió que Opinión era un medio de comunicación que debía educar para emancipar, este periódico no nació para vender noticias, sino para contribuir a la liberación de sus lectores.
En ese sentido, Opinión es un periódico que ha contribuido a la consolidación de la democracia en Bolivia, no con discursos grandilocuentes, sino con hechos concretos, con investigaciones rigurosas y premiadas, con un compromiso inquebrantable con la búsqueda de la verdad. Eso es algo que se debe agradecer a un equipo de periodistas que con pocos recursos materiales, pero con compromiso y creatividad convirtieron a este medio en un referente nacional. Sabemos que no es posible pensar en democracia sin prensa libre e independiente. Esa es una de las características de este periódico.
Hay algo que lamentablemente es difícil de comprender desde la perspectiva de las burocracias sobreempoderadas, este diario no es, ni debe ser, una mera empresa, ni una mera unidad de producción, ni un mero activo para generar ganancias. No entienden, o no quieren entender, que los medios de comunicación no son simples negocios: son un servicio a la sociedad. Son herramientas que, en las manos adecuadas, pueden abrir los ojos de quienes han sido cegados por la ignorancia, la desinformación. y las falsedades. Ese es el espíritu con el que nació Opinión, buscando influir en la vida de las personas, cuestionando a los poderosos. En la visión de sus fundadores, nació como un proyecto humanista, como una apuesta por la libertad y la justicia. Nació para recordar que la prensa debe estar del lado del pueblo, que no debe responder a intereses partidarios y jerárquicos.
Tampoco creo que sea una mera coincidencia o un capricho que haga parte de una cooperativa dedicada a la fabricación del cemento y de otros materiales de construcción. Sus fundadores entendieron que este país necesitaba insumos para su cimentación, el periódico le dio una dimensión mayor, nació para la construcción de ideas, para erguir debates. Pero además quiero recordar que Edwin Tapia Frontanilla, así como su buen amigo Jaime Méndez Quiroga, creían en el cooperativismo, no solamente como algo institucional, sino como filosofía. Estaban convencidos de que cualquier estructura grande y admirable era fruto de la cooperación y del diálogo, en la que cada individuo es fundamental como parte de una comunidad.
En la dimensión de su pensamiento, de su estructura, Edwin Tapia Frontanilla, entendió que la práctica del periodismo era una forma de humanismo. No se trata simplemente de relatar hechos o desenterrar verdades ocultas, sino de conectar con la condición humana en toda su complejidad y fragilidad. Como apuntó Jean-Paul Sartre en El existencialismo es un humanismo (1946), “el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo”. Esta idea resuena en el corazón del oficio periodístico: cada historia que contamos es un reflejo de cómo las personas se construyen a sí mismas, cómo enfrentan sus circunstancias y cómo dan sentido a sus vidas.
El periodismo, como el humanismo, debe tener al ser humano como centro de su reflexión y de sus preocupaciones, valorando su dignidad, su capacidad de razonamiento y su potencial para transformar el mundo. George Steiner, en su libro Errata: El examen de una vida (1997), escribe: “El humanismo es la convicción de que el hombre, en su soledad y en su vulnerabilidad, es capaz de comprender y de transformar su entorno a través del conocimiento y la empatía”. Esta noción es fundamental para el periodismo, pues los que nos dedicamos a este oficio en nuestra búsqueda, debemos acercarnos a las historias poniéndonos en el lugar del otro, reconociendo la condición humana que compartimos.
No debemos olvidar que la historia de América Latina y, en específico, la de Bolivia está marcada por el periodismo, pues en esa práctica se gestaron las corrientes de pensamiento más relevantes, jugó y juega un rol fundamental en la construcción de identidades, en la gestación de imaginarios. Desde los ilustrados latinoamericanos del siglo XVII hasta los movimientos sociales e indígenas actuales han encontrado en el género periodístico una herramienta poderosa e irremplazable para la construcción de sus proyectos. Es notable e innegable la relación que tiene el pensamiento filosófico y literario latinoamericano con el periodismo, estas disciplinas se han forjado juntas o, al menos, siempre han caminado de la mano. Me pongo a pensar en gente como Leopoldo Zea, José Carlos Mariátegui, Germán Marquínez, Enrique Dussel o René Zabaleta Mercado, todos ellos practicaron el periodismo, todos son piedras fundamentales de la filosofía latinoamericana. Creo que esa es una senda por la que se debe continuar.
En un mundo cada vez más fragmentado, un periodismo riguroso y comprometido se convierte en un antídoto no solo contra la desinformación, sino contra la deshumanización. Aunque muchos han sentenciado a muerte a los medios de comunicación tradicionales, no debemos olvidar que la función de un diario no es competir con los creadores de contenido, con los streamers o personajes similares. Es ofrecer todo eso que ellos no pueden: profundidad, perspectiva y vocación de servicio.
Espero que el recuerdo de Edwin Tapia Frontanilla, que su vida, ayuden a avivar nuestro compromiso con el periodismo, pero sobre con la necesidad de construir una sociedad más justa, igualitaria y libre.
Muchas gracias.
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