Entrevista a Andrés Neuman, ganador del premio Alfaguara de Novela: “Mi lugar es la frontera”

Andrés Laguna
El año pasado, invitado por el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño, llegó a Cochabamba Andrés Neuman para participar del V Encuentro de Escritores Iberoamericanos. Anticipando su llegada le envié unas cuantas preguntas vía mail para publicarlas en la desaparecida edición mensual de la Ramona. Me sorprendió la buena onda de Andrés, respondió de inmediato y fue muy cuidadoso con la extensión de sus respuestas. Tuvo consideraciones que, por lo general, los escritores de peso no tienen. Cuando lo conocí personalmente su simpatía, erudición e inteligencia me sorprendieron. Los pocos días que duró el Encuentro nos permitieron charlar mucho y tomarnos unos tragos. Entendí que Neuman no sólo es un excelente escritor, es una excelente persona. La semana pasada, cuando me enteré que ganó el premio Alfaguara de novela con su libro El viajero del siglo me sentí profundamente feliz. Seleccionada entre un total de 546 manuscritos inéditos, la obra del escritor argentino radicado en Sevilla, promete ser un experimento literario, amicioso y muy bien trabajado. Neuman es hincha de Boca, es una especie de exiliado, es un melómano acabado, un aficionado a la cerveza y al whisky, pero sobre todo es un escritor trabajador, disciplinado y talentoso.
A continuación, celebrando su premio, publicamos la entrevista que le hice hace algunos meses y una nota de Silvina Friera en la que el escritor comenta cómo le cayó ganar el premio .
- Usted es un escritor joven muy exitoso, ¿cree que hoy se puede hablar de una nueva generación de escritores? Si la respuesta es afirmativa, ¿cuáles son las características de esta generación?
No me considero exitoso, sino trabajador y entusiasta. La vocación de mi vida es la escritura, y a eso le dedico mis energías y hasta mi felicidad. Por supuesto, mi caso es sólo uno entre muchos: pese a los pesimistas, siempre hay nuevas generaciones que desean escribir, igual que el sol sigue saliendo o los pájaros siguen multiplicándose. Es algo que jamás ha dejado de suceder. Lo veo en cada lugar al que voy. Definir las características de la nueva generación ya es más difícil. Soy bastante reacio a generalizar, prefiero analizar caso por caso. Sólo me atrevería a decir que los escritores de mi edad parecen creer menos en las nacionalidades que en la curiosidad, y a ser escépticos pero no apolíticos.
- Usted ha publicado narrativa, poesía, ensayo, aforismos y escribe columnas periodísticas con regularidad. Además, echa mano de diferentes géneros y varios elementos son recurrentes en su obra ¿En qué territorio literario se siente más cómodo?
Me gusta pensar en la escritura como una mesa que necesita todas sus patas para sostenerse. Cuando escribo una página, no siento que esté eligiendo un género, sino más bien combinándolos. Me interesa la narrativa capaz de ser poética, la poesía que tiene personajes, las novelas que tienen escenas como cuentos, los ensayos narrativos, las narraciones que reflexionan. En esa mezcla me siento cómodo. Supongo que mi lugar es la frontera, no sólo en términos geográficos (nací en Argentina, vivo en España) sino también estéticos.
- Como buen escritor argentino, una parte fundamental de su obra está conformada por cuentos. ¿Por qué cree que actualmente el cuento no tenga el protagonismo que merece?
Depende de qué entendamos por protagonismo. Si nos referimos al mercado editorial, la razón es sencilla: la mayoría de las editoriales son reacias a publicar cuentos, porque saben o creen que venden menos que las novelas. Eso es una verdad a medias, porque cuando al cuento se lo mima y promociona, resulta que tiene más repercusión de la prevista. Se me ocurre el estupendo ejemplo de la editorial madrileña Páginas de Espuma, cuyo original catálogo de narrativa se compone sólo de cuentos. Y resulta que le va cada vez mejor, y que últimamente otras editoriales independientes han seguido su ejemplo. Si nos referimos a la crítica, la falta de protagonismo del cuento se debe a un razón muy sencilla: es el único género literario que apenas cuenta con especialistas. En general los medios tienen especialistas en novela, ensayo, poesía o teatro. Pero los libros de cuentos no se comentan, o los comenta cualquiera. Sería interesante cambiar eso, generar un debate teórico sobre los tipos de cuentos que se escriben en la actualidad. Ahora bien, añadamos una cosa: si hablamos de los lectores, debo decir que el cuento ha tenido y tiene mucha importancia. Conozco a mucha gente que le gusta leer libros de cuentos, que lo hace a menudo, e incluso que lo hace de forma prioritaria.
- El nombre de este encuentro de escritores iberoamericanos es: “Las lecturas de mi vida y la pluralidad de lenguajes que inspiran mi obra”. ¿Cuáles son las lecturas de su vida?, ¿qué lenguajes inspiran su obra?
¡Ah, ah! Eso no puedo adelantarlo, porque entonces me quedaría sin nada que decir en el encuentro. ¿Qué tal si se lo contesto allí mismo?
- ¿Qué libros y autores le cambiaron la vida?
Muchos, pero mencionaré sólo a algunos. Recuerdo la emoción y el asombro de descubrir a (Edgar Allan) Poe, a (León) Tolstói, a César Vallejo, a (Jorge Luis) Borges, a (Rainer Maria) Rilke, a (Franz) Kafka, a Virginia Woolf, a Roberto Juarroz, a (Arthur) Rimbaud, a (Julio) Cortázar, a Flannery O’Connor, a Virgilio Piñera, a Juan José Arreola… Me gusta pensar en ellos como en una familia.
- ¿Con qué autores se siente “emparentado”?
Es fácil decir qué autores nos gustan, pero siempre es complicado decir a quiénes uno se parece. El poeta español Jaime Gil de Biedma dijo algo muy inteligente: las influencias, no hay que nombrarlas, hay que merecerlas. No sé a quiénes me merezco parecerme. Ojalá que a algunos de los autores que admiro.
Finalmente, me gustaría que responda rápida y brevemente a este cuestionario que, últimamente, fue popularizado por James Lipton, anfitrión del magnífico programa **Desde el Actors Studio**. Él tomó el cuestionario del gran Bernard Pivot y, se dice, que a su vez él lo tomó de Marcel Proust.
- ¿Cuál es su palabra favorita?
Mano.
- ¿Cuál es la palabra que menos le gusta?
Ángel.
- ¿Qué lo enciende (creativa, espiritual o emocionalmente)?
Una canción, un buen personaje, un cambio de luz.
- ¿Qué lo apaga (creativa, espiritual o emocionalmente)?
Espero apagarme sólo cuando me muera.
- ¿Cuál es su insulto/maldición preferida?
Cuando era niño y vivía en Argentina, “conchudo”. Me divertía esa imagen hermafrodita. Ahora que estoy en España, digo a menudo “joder”, que allí es inevitable. También hay un insulto en Andalucía, una frase muy obscena, que me parece desopilante: “me cago en todos tus muertos a caballo”. ¿Por qué a caballo? No lo sé, pero es genial. Tiene misterio literario.
- ¿Qué ruido o sonido prefiere?
Francamente, el silencio. ¿El silencio es un sonido?
- ¿Qué ruido o sonido detesta?
Los gritos.
- ¿Qué profesión distinta de la suya le gustaría tener?
Me gustaría ser marinero o piloto, alguien capaz de viajar por sí mismo.
- ¿Qué profesión no le gustaría tener?
Me aterraría ser presidente de Argentina.
- Si el cielo existe, ¿qué le gustaría que Dios le dijera cuando llegue a las puertas del cielo?
“Querido Andrés, te confieso que no existo”. Y, si me equivocase, esto otro: “Querido Andrés, aquí está tu madre”.
Comentarios