La muerte de un comediante

Candilejas será proyectada este miércoles 13 de mayo a las 19:00, en el Instituto Superior de Filosofía y Humanidades "Luis Espinal" (calle Oruro entre Antezana y Ramón Rivero), en el marco del ciclo "A todo DAR: Del don y la gratuidad en el cine".

Andrés Laguna

Muchos coinciden en que Candilejas (Limelight, 1952) es una de las obras mayores de Chaplin. Las razones objetivas para hacer una afirmación de este tipo son muchas, fue la última cinta del realizador producida en los Estados Unidos y que tuvo éxito comercial, fue su primera colaboración en un largometraje con el venerable Buster Keaton (en 1922, los dos genios del cine mudo ya compartieron pantalla, pero en un corto, llamado Seeing Stars, que está en YouTube), es la única película de Chaplin que haya ganado un Oscar en competición (todos los demás son premios especiales u honoríficos), es la cinta que se considera su gran testamento. Pero por otro lado, curiosamente, también puede ser catalogada como una de la peores películas de la filmografía de Chaplin, al menos para los que están acostumbrados a sus cintas mudas, no es muy graciosa, es larga y lenta (dura casi dos horas y media), es muy melodramática, por momentos raya en el sentimentalismo extremo y no tiene un “final feliz” muy clásico. Lo que me parece innegable, es que esta es una de las películas más atípicas de Chaplin, una de las más difíciles para el publico masivo, una de las más flojas para el crítico frío y descorazonado, pero por otro lado es una de las obras de arte, no sólo cinematográficas, más grandes de la historia de la humanidad. Candilejas es una obra que fue escrita y producida muy rápidamente, casi con descuido, está llena de errores, tiene momentos en los que pierde ritmo, puede llegar a ser aburrida. Pero, como el gran André Bazin lo reconocía, la cinta tiene la capacidad de hacer que el público se enamore de los “errores”, de los “desaciertos”. Eso es algo que sólo un genio consigue, eso es algo que sólo la obra de un genio consigue. Además, Candilejas es una película que contiene una visión filosófica y estética, a través de esta cinta uno puede conocer la mente, el espíritu y los temores del artista total del siglo XX, Charlie Chaplin.
La cinta, que todavía no logro entender bien porque está incluida en un ciclo sobre el don, cuenta la historia de Calvero un comediante, un clown, un domador de pulgas en decadencia, que en algún momento tuvo éxito, pero que ahora el público le ha dado la espalda. “¿Qué sentido tiene un artista sin público?”, seguramente esa es la pregunta que se hace Calvero y, claro, también el mismo Chaplin. No ama el teatro, pero lo lleva en la venas, es más, lo odia, pero no tiene muchas otras opciones. Calvero conoce a Terry (Claire Bloom), una bailarina con tendencias suicidas. Juntos intentarán redescubrir el sentido de la vida, colorear mutuamente sus grises mundos, sobrevivir de la mejor manera posible. Y todo esto podría ser perfecto para contar una historia de amor. Pero, Calvero es muy viejo y Terry es muy joven. Entonces, esta historia es más bien una de las más conmovedoras tragedias sobre la vejez. Terry le confiesa su amor a Calvero. Él la convence de que son sentimientos confundidos, que ella realmente siente piedad, que está atraída por su madurez, pero nada más. Calvero prefiere condenarse para darle paso, en la vida y en las tablas, a Terry, la joven bailarina. Porque el espectáculo debe continuar. Porque la vida debe continuar.
Lo que es interesante es que Calvero, así como todo en la cinta, es muy ambiguo y, justamente, eso es lo que lo hace profundo, es lo que hace profunda su forma de relacionarse con el mundo. Pues, al aceptar su destino trágico, el payaso acabado, no está haciendo necesariamente un sacrificio, parece estar siguiendo el curso de lo que la vida tenía guardado para él, nada más. Calvero es un viejo pecador, como el mismo lo reconoce, un tipo que alguna vez fue, pero que ya no es. Sólo le da a Terry lo que puede darle, pero no creo que lo haga sin esperar nada a cambio. Justamente, ahí creo que se quiebra la posibilidad del don.
Además de las intervenciones de Buster Keaton, lo más memorable de la película es el momento en el que Calvero se desmaquilla y, por primera vez, el público puede ver el rostro desnudo de Chaplin, el rostro del envejecido hombre que no envejecía. Candilejas expresa lo más secreto del corazón del artista, eso no siempre es luminoso.
Superficialmente, Calvero es algo así como la antitesis de Chaplin, pero en el fondo creo que hay algo más duro, algo más relevante. El personaje es un perdedor por excelencia, es un derrotado, es un hombre que decide negarse la posibilidad de amar. Chaplin, el autor, fue hasta su muerte la estrella más universal, el artista más conocido y reconocido, fue un hombre viejo que decidió casarse con una mujer joven, un hombre que jamás se negó la posibilidad de amar y de ser amado, fue un triunfador. En Candilejas uno huele los temores de Chaplin, el temor a terminar siendo Calvero. Eso parece ser evidente. Aunque, ahora que lo pienso, tal vez, en algún rincón escondido de su alma, Chaplin hubiese preferido terminar como Calvero o como cualquier otro de sus personajes. Como un artista trágico y final.
André Bazin escribió: “Candilejas es en gran parte algo así como un exorcismo del destino del autor”. En esta película muere el comediante, sí, muere Calvero, muere todo lo que Chaplin fue hasta ese momento. Y resucitó. Una vez más. Para ascender a los cielos.

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