Voces del cómic boliviano

Leí este texto en la presentación de los números 2 y 3 del Clan, realizada el pasado miércoles en la Casa del Arquitecto. Los ejemplares de la revista ya están a la venta en Pseudo Gente (Pasaje del Correo, segundo piso, local 89) y en Origin Comic Store (Comercial Achá, P. B., local 7 y 12, Calle Gral. Achá y Ayacucho Nº154).

Andrés Laguna

Muy buenas noches. Para comenzar, quiero darle las gracias a los chicos del Clan, en especial a Gustavo Terrazas y a Walter Gómez, por invitarme a la presentación de su obra, por invitarme a escribir este texto, que hoy leo con mucho placer.
Debo confesarme como un gran fan del cómic, de la historieta. Como muchos crecí leyendo las aventuras de los súper héroes clásicos, de los personajes icónicos de la factoría Disney y, claro, de personajes latinoamericanos como Condorito, Patoruso, Memín Pinguín, Boogie el Aceitoso o, por supuesto, Mafalda. Creo que la infancia hubiese sido menos feliz si no me hubiese sumergido en las viñetas. Pero, haciendo un acto de honestidad, debo reconocer que no tengo un conocimiento académico, estructurado, ni enciclopédico de este arte. Es decir, estoy lejos de considerarme un experto en cómic. Mis palabras, valga la aclaración, son las de un aficionado apasionado, de un lector voraz, pero lúdico. No hago parte de un grupo de aficionados o fans, ni tampoco estoy muy conectado con la(s) comunidad(es) del cómic. Soy, como muchos, un lector anónimo y solitario.
Me cuento entre los que creen que el cómic es un arte refinado, inteligente y profundo, entre los que están convencidos que lo que se propone desde la historieta es tan relevante como lo que se propone desde la literatura, el cine y las artes visuales, por decir algo. Pero, quiero dejar en claro que no creo que un gran cómic pueda reemplazar a una gran novela, así como una sinfonía no puede reemplazar a una instalación. Son soportes distintos, igual de válidos.
Desde hace un par de años, descubrí al cómic boliviano, tuve la oportunidad de leer Cuentos de Cuculis, El Chulupi rrrojo, Súper Cholita, entre otros trabajos. Algunos me gustaron más que otros, pero me sorprendió la calidad técnica, buena parte de los dibujantes tienen un talento incuestionable, algunos guiones están llenos de frescura e inteligencia y, considerando las dificultades que todo artista tiene en un país como el nuestro, la calidad de impresión es muy óptima. No soy de los que esperaban una historieta boliviana para identificarse con ella, pues considero que cuando un trabajo es bueno siempre es universal, cuando una obra de arte es justamente arte, sin poder evitarlo nos sentimos identificados con la historia y con los personajes sin importar mucho la nacionalidad.
Cuando Walter y Gustavo me pasaron los tres números de la revista Clan, no pude evitar devorarla, desde el número uno hasta el tres, siguiendo el orden cronológico, saboreando cada viñeta, cada trazo, leyendo con cuidado cada diálogo. El número uno fue publicado hace poco más de tres años y a primera vista se nota que en los dos siguientes hubo una enorme evolución. De ninguna manera quiero decir que el primero era malo, todo lo contrario, la calidad es evidente, desde la tapa hasta la página 64, todo funciona muy bien, se nota que es un trabajo honesto y sensible. Compuesto por diferentes estilos, técnicas, géneros e inclinaciones, la primera entrega del Clan es una obra notable. Pero, se me invitó a presentar los números dos y tres, así que concentraré lo que tengo que decir en ellos, sin entrar en demasiados detalles pues no quiero abusar del tiempo y, claro, de los presentes.
Para comenzar, debo decir que lo que hizo Gustavo Terrazas en las portadas es magnífico, el trabajo con el color, las texturas y las proporciones es envidiable. Si me lo preguntan, debo decir que mi favorita es la de la segunda entrega, creo que en ella está contenida parte de la esencia de este país. Este tomo está compuesto por cuatro historias, de tres autores. Las que abren y cierran son de Walter Gómez, a diferencia de su trabajo en el primer número, “Volver”, una historia dura y sorpresiva, que retrata de manera sugerente a la mágica ciudad de La Paz y a las profundidades del alma humana, en estas dos nuevas propuestas hay un giro hacia la inocencia, hacia otros rincones de lo humano, tal vez menos oscuros, pero igual de profundos. La primera, titulada “La Carrera”, una historia que aparentemente es infantil e inocente, pero su belleza y sensibilidad son conmovedoras, su aproximación a problemas cotidianos es muy acertada, es esperanzadora. La última, mucho más corta que las demás, “No somos tan diferentes”, reflexiona sobre las diferencias, sobre el otro y sobre la posibilidad de vivir juntos. Con dibujos rústicos y limpios, con una narrativa simple, pero muy efectiva, Gómez logra atrapar al lector.
El trabajo de Gustavo Terrazas que hace parte del segundo volumen, es también muy distinto a lo que hizo en el primero, que era una aproximación durísima a la complejidad del ser humano, soportada por ilustraciones muy cuidadas, detallistas y bellas. Esta vez, Terrazas, con su “Historias para niños que no lo son tanto”, le hace un enorme homenaje al género de súper héroes, trayéndolos a nuestra realidad y a nuestros escenarios. Sin perder el sentido del humor, Terrazas nunca deja de hacer críticas incisivas al país, a los políticos, a los medios de comunicación y a la coyuntura, entre otras cosas. Observa y describe críticamente a la idiosincrasia nacional, a la degradación social, recuperando y valorando la perspectiva del niño.
Finalmente, la historia que completa el volumen dos de Clan es “Joseph” de Jhoel Ojeda. Desde cualquier punto de vista esta obra es excelente. Fuertemente influido por el manga y el arte japonés, Ojeda nos presenta una historia que está ambientada en la Polonia ocupada por los nazis, los protagonistas son dos judíos atrapados en un gueto, un padre y su hijo niño, el primero hará lo que deba para salvar al segundo. A primera vista, esto nos puede recordar a la famosa película de Roberto Benini, La vida es bella, pero el tratamiento de la historia, la construcción de los personajes y la resolución de la trama, están tan bien logradas que convierten a “Joseph” en una obra inolvidable y única.
El número tres contiene cuatro historias, todas de notable factura, muy distintas a lo leído antes. Abre Gustavo Terrazas con "Zimha", una pieza de género fantástico, en la que una hermosa vengadora debe hacer justicia en un mundo paralelo y extraño, con la ayuda de poderes que la convierten en una especie de mujer-demonio y de una manada de lobos blancos. Haciendo uso de su magnífica técnica, de un argumento que podría hacer parte de cualquier clásico del género, Terrazas nos introduce a un personaje inolvidable, una heroína de la que esperamos muchas más entregas. Espero que esa sea la intención.
“Planeta Muerto” de Walter Gómez, es la que sigue. Debo reconocer que me hizo mucho recuerdo a las más interesantes películas y obras literarias de ciencia ficción, tiene algo de 12 monos, algo de 1984, pero con un lenguaje propio, con un imaginario propio. Sí, ahora que lo pienso, por momentos me pareció una adaptación local de El Eternauta, pero no, si la obra de H. G. Oesterheld y Solano López, es una gran novela sobre el posible destino trágico del ser humano, “Planeta Muerto” de Gómez es un gran cuento. Tan pesimista como optimista, la propuesta es fundamental e interpelante, no hay libertad, sin libertad de pensamiento, sin libertad de espíritu. En esa propuesta radica su grandeza.
A continuación, “Crisis Mundial” de Donald Vaca, una parodia/homenaje del género de súper héroes, todo filtrado por el sentido del humor y la estética del autor. Con irreverencia, el trabajo de Vaca revisita a dos de los íconos más importantes de la DC y los humaniza, más precisamente, los criolliza. Si bien el guión no busca mucho más que desmitificar a los superhéroes, creo que logra una pieza sumamente entretenida, con dibujos de gran factura y que contienen gran parte del elemento humorístico.
Finalmente, la obra que cierra este último número es “El Jichi de Iserere” de Ariel Arcos, una de las pocas obras que recupera la tradición narrativa boliviana, casi como una transcripción de la tradición oral, esta historia logra concentrar elementos de toda una tradición milenaria y muy arraigada en nuestros pueblos, el mito y la leyenda. Ambientada en el oriente boliviano, es una obra que nos recuerda la riqueza escondida y no explotada de las tradiciones narrativas de nuestro país.
Espero que mis palabras no hayan esterilizado al trabajo realizado por los chicos del Clan, pues eso es lo que menos merecen. Su trabajo no tiene nada que envidiarle a buena parte de lo que se está haciendo en el resto del mundo, veo que voces propias cada vez suenan con más fuerza. Aplaudo eso. Me siento honrado, presentar estos dos volúmenes es un placer y un orgullo, tener la oportunidad de leerlos también lo fue. Pero, ante todo fue esperanzador. Hay futuro, pero lo que es más importante, hay presente.
Si bien el cómic no se cultiva de manera tan masiva como otras artes en nuestro medio, creo que el cómic boliviano está proponiendo más y mejor que gran parte del rock, del folclore, de la literatura y de la pintura de nuestro país. Eso no es poca cosa. Creo que los chicos del Clan deben sentirse orgullosos de lo que están haciendo, pero también deben ser concientes que tienen una gran responsabilidad, continuar con lo que empezaron. Lo que no es nada fácil. Pero, estoy seguro que estarán a la altura.
Muchas gracias.


Comentarios

Christian ha dicho que…
Como amigo personal de los miembros del Clan. Esto ha sido el "highlight" de la noche. De veras que pocas veces alguien que trabaja en un medio de comunicacion se ha dado el trabajo no solo de hablar con propiedad y respeto al comic; sino de hecho haber leido cada capitulo de los comics del clan. Es de agradecer que se le haya dado esta cobertura y sino basta ver como una vez terminado el Speech del señor Laguna como la gente se abalnzo a comprar los comics y a pedirles su autografo. Para al menos por un dia sentirse como superestrellas. Eso es impagable.
Muchas gracias Andres Laguna y aguardo con mucho interes cada nueva publicacion de la Ramona. El mejor suplemento cultural que hay sin duda.
Andrés Laguna ha dicho que…
Querido Christian,

muchísimas gracias por el comentario. Espero que mi texto les sirva de algo a los chicos del Clan, al menos para la difusión, pues su trabajo es muy bueno. Lo disfruté mucho, creo que cualquier persona sensible lo haría, más allá de su proximidad con el mundo del cómic.
Un enorme abrazo

Entradas populares de este blog

Antología de la gastronomía boliviana: Comer para contarla

Discurso de los 40 años del Diario Opinión: El periodismo es una forma de humanismo