Un país y diez novelas

Andrés Laguna

En el ambiente literario nacional un debate ha sido recurrente y controversial, definir el canon de las 10 novelas bolivianas fundacionales. A partir de una convocatoria que el, por entonces, Viceministerio de Culturas hizo hace poco más de un año, primero se trató de definir las “10 novelas bolivianas”, luego las “10 mejores novelas bolivianas” (vía una votación en Internet que muy pronto se contaminó), para, finalmente, y creo que por sugerencia de la carrera de literatura de la UMSA, hacer una lista de las “10 novelas bolivianas fundacionales”, consultando a los críticos, a los académicos, a los escritores, a las casas editoriales y a la prensa cultural. A tropezones, con apuro, sin hacer una convocatoria muy efectiva, en la recientemente Feria del libro de La Paz, se realizó una actividad en la que en cuatro mesas (una de académicos, una de editoriales, una de escritores y una de periodistas culturales) se debía debatir sobre qué novelas deben hacer parte del canon. Felizmente, desde hace varios meses en la carrera de literatura de la UMSA, un grupo de alumnos, coordinado por el docente Guillermo Mariaca, trabajó sobre el tema, así que la discusión no fue del todo improvisada. De cada una las mesas salió una lista, los títulos mencionados más veces serán los que finalmente harán parte del canon. Según lo que comentaba Mariaca, aunque nada es definitivo, cinco novelas ya casi hacen parte del canon, Juan de la Rosa de Nataniel Aguirre, Los deshabitados de Marcelo Quiroga Santa Cruz, Tirinea de Jesús Urzagasti, Felipe Delgado de Jaime Sáenz y Jonás y la ballena rosada de Wolfango Montes. Aprovechando el “Cuarto foro de escritores bolivianos”, organizado por el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño, la reunión definitiva se programó en Cochabamba. Cuando esta nota se publique, se estará realizando la reunión de la que debe salir la lista final.

En el cuadro de las actividades internas del Foro, respondiendo a la iniciativa del Centro Patiño, se realizó una mesa redonda en la que se discutió sobre qué obras deben incluirse entre las “10 novelas bolivianas fundacionales”. Los invitados a la discusión fueron los mismos que al foro (Claudia Bowles, Luis H. Antezana, Marcelo Villena, María Teresa Medeiros, Mauricio Souza, Ana rebeca Prada y Oscar Rivero Rodas), más algunas otras personas relacionadas con la literatura (Ramón Rocha Monroy, Gonzalo Lema, Adolfo Cáceres Romero, Xavier Jordán, Mónica Velasco, Gilmar Gonzáles, entre otros). Los cochabambinos y los que no pudimos participar de la actividad en la Feria del libro de La Paz realizamos una lista que será tomada en cuenta en las discusiones finales. Nuestra propuesta es la siguiente: Íntimas de Adela Zamudio, Jonás y la ballena rosada, Potosí 1600 de Ramón Rocha Monroy, Aluvión de fuego de Oscar Cerruto, De la ventana al parque de Jesús Urzagasti, Juan de la Rosa, Yanakuna de Jesús Lara, Felipe Delgado, La virgen de las siete calles de Alfredo Flores y Los fundadores del alba de Renato Prada. Los criterios de selección fueron muchos, pero, al final, se impuso la votación. Personalmente, debo reconocer que en estas listas extraño tres obras, El otro gallo de Jorge Suárez, El país del silencio de Urzagasti y Cuando Sara Chura despierte de Juan Pablo Piñeiro. Pero, me quedo relativamente contento.

El afán de realizar el canon, de hacer una lista de las “10 novelas bolivianas fundacionales”, no sólo responde a seguir la moda de los rankings, ni al simple placer culposo clasificatorio, el Ministerio ha prometido publicar de manera masiva y accesible las obras seleccionadas. Pero, aparentemente, no sólo es eso, se dice que las ediciones serán muy cuidadas, revisadas, confrontadas con las primeras ediciones, además, deben incluir tres textos de soporte, uno realizado por un especialista académico, otro de carácter más accesible y de tinte periodístico, y, finalmente, uno que sirva como guía pedagógica y didáctica. No serán ediciones críticas, pero serán ediciones cuidadosas y trabajadas. Eso suena fantástico. Pero, la cosa no termina ahí, según lo que se comentaba en la mesa redonda, el Ministerio se comprometió (oralmente) a una tarea fundamental, seguir con lo que se comenzará, es decir, la publicación de las “10 novelas” no es más que el comienzo. Se planea publicar periódicamente textos fundamentales bolivianos, masivamente y con precios totalmente accesibles. Esa sí será una verdadera revolución. Esa es una promesa que no debemos olvidar.

Seguramente, cuando usted lea este texto se estará definiendo el canon de la novela boliviana. Creo que todo canon, toda lista, contiene algo de violencia, de arbitrariedad, siempre es excluyente. Pero, es una herramienta práctica. Su elaboración permitirá que se refunde la biblioteca nacional, que obras fundamentales hagan parte de las bibliotecas familiares de los bolivianos. Eso es lo importante.

No puedo dejar pasar la oportunidad para manifestar algunas ideas que me acosaron. Creo que la gestión del Ministerio no fue óptima, se perdió demasiado tiempo y excesivos recursos en discusiones, tardamos más de un año en decidir qué novelas deben ser publicadas, eso es mucho. Lo fundamental es que la literatura boliviana se publique con las mejores condiciones y a bajo precio, que se difunda de manera masiva, para que los bolivianos puedan leer a su país. A esta altura ya deberíamos ir por la segunda tongada de textos publicados.

Otro problema fundamental me parece que estuvo en la poca claridad de los criterios de selección, cada uno de los que elaboramos listas seguimos criterios distintos. Es decir, nunca se aclaró puntualmente qué se entiende por novela, qué se entiende por novela boliviana, qué se entiende por fundacional, nunca se especificó si se podía tomar en cuenta los textos coloniales o si el debate se limitaba al periodo republicano. Es decir, las cosas no estaban claras. Lo que permitió muchas discusiones sanas, pero se perdió tiempo. Me parece que la institución que realizó la convocatoria, el Viceministerio, debió hacerla con ciertas especificaciones claras. Una institución gubernamental no debe dar lugar a especulaciones, debe hacer gestión.

A partir de la definición de esta lista se publicarán, de una u otra forma, novelas importantes, lo que se debe agradecer. Se excluirán muchas otras de notable factura y textos fundamentales probablemente ni entrarán en la discusión, pienso en El diario del Tambor Vargas, en Últimos Días Coloniales En El Alto Perú de Gabriel René Moreno y en Historia de la villa imperial de Potosí de Bartolomé de Arzans Orzúa y Vela. Eso es algo que se debe resolver, lo alentador es que ya dimos el primer paso.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Antología de la gastronomía boliviana: Comer para contarla

Discurso de los 40 años del Diario Opinión: El periodismo es una forma de humanismo