Verdugos de gigantes


Nuevamente la Selección nacional me sorprendió. Esta vez gratamente. Le ganamos a Brasil 2-1.

Bolivia no fue el arrollador huracán que goleó a la Argentina, pero jugó bien, con solvencia, con mucho coraje, de manera más o menos ordenada.

Aplaudo los esfuerzos y la garra del Pollo, del Choco, del Nachito, del gran Lito, de Helmut. Saludo a los destellos del talentoso Demonio. Festejo el talento del Conejo y la limpísima pegada de Martins. Me inclino ante todo lo que el Cucharón representa y es.

Hace tiempo, hace unos meses, el querido Roberto Prada me lo ilustró, Olivares hizo todo lo contrario de lo que hacen los grandes jugadores, que comienzan sus carreras jugando adelante y terminan atrás. Comenzó siendo defensa y ahora es un hombre gol, un hombre tan importante en la creación como en la marca. Probablemente, fue el último partido del Cucharón en el Siles vistiendo la Verde, no pudo hacerlo mejor. Queda darle las gracias. Hizo un gran partido, tuvo una carrera inolvidable.

La Selección de Fútbol de Bolivia es la manifestación más contundente de lo que el país es, de lo que el ser boliviano es. Ganamos a Paraguay, Argentina y Brasil, pero Venezuela, Chile y Ecuador nos hicen vivir una pesadilla.

Fuck.

No queda mucho más que disfrutar de nuestro realismo mágico.

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