Sobre el misticismo de Lost: Camino a la redención

Para mi inquebrantable compañera en este perdido viaje

Andrés Laguna

Se acabó Lost. El momento que, al mismo tiempo, queríamos y no queríamos que llegue se nos vino encima y nos dejó con sentimientos encontrados, esperando que los extras de la edición en DVD de la sexta temporada contengan algo más de la serie a la que fuimos adictos durante años. Muchos terminamos felices y satisfechos, conmovidos y, a final de cuentas, complacidos. Pero, como no podía ser de otra forma, hubieron muchas quejas, para muchos el final fue un fiasco, dejó mucho que desear, no aclaró gran cosa. Formados en la tradición racional de occidente, muchos buscaron que Lost sea coherente, que el final contenga las respuestas a todas las preguntas que planteó. Pero no entiendo por qué tenía que hacerlo, si en esta serie, una y otra vez el creer, la fe ciega, siempre se impuso al saber lógico. Jack, el memorable personaje principal, es la gran encarnación, del peregrinaje del escéptico hombre de ciencia que se transforma en un hombre religioso, en un creyente.

Si me lo preguntan creo que el gran éxito de la serie está en que contuvo un sin número de grandes secretos, de grandes misterios inalcanzables, ininteligibles, que nos conducen a creer sin tener pruebas de la realidad de los hechos. Casi siguiendo el camino de los fieles de las grandes religiones, los seguidores de Lost acompañamos a sus protagonistas incondicionalmente, haciéndonos preguntas, pero sin cuestionar la veracidad de lo que veíamos y sentíamos, nos mantuvimos enganchados sin plantearnos la posibilidad de la falsedad de la serie. Sí, como Jack, el exitoso cirujano, que aplicaba la duda cartesiana casi todo el tiempo, que estaba dispuesto a sacrificar todo por sus principios y verdades, nos dejamos seducir por lo desconocido, por lo que está más allá de lo evidente. Sí, creo que el éxito de Lost está en que apeló a nuestra fe. Por tanto, no son gratuitas todas las referencias místicas y religiosas, desde los nombres bíblicos, los guiños a los mitos cristianos, egipcios y budistas. No en vano, en los últimos momentos de la serie, cuando Jack por fin se encuentra con su padre, el lugar en el que hablan, el salón de un templo, está lleno de la iconografía de casi todas las religiones importantes del mundo, el catolicismo, el islamismo, el budismo, el juadaísmo, el zoroastrismo, entre otras. Aunque se diga que vivimos en tiempos en los que nadie cree en nada, los seres humanos todavía buscamos que los grandes misterios nos seduzcan. Lo que no debemos olvidar, es que los grandes misterios jamás se revelan, pero en cada sistema religioso siempre se plantea la posibilidad de la trascendencia, del paraíso, del cielo y/o de la iluminación. Siguiendo la misma línea, Lost termina con el reencuentro, con la posibilidad de la redención, con la posibilidad de la felicidad y de la plenitud. El final feliz religioso, que no es el final feliz que nos ha vendido occidente y su salvaje capitalismo.

Jack, termina sacrificándose por los otros, enfrentándose a la oscuridad para que prevalezca la luz, se enfrenta al mítico monstruo de humo, que ha tomado la forma del hombre de fe por excelencia, John Locke. Vence, con la enorme ayuda de su amada, la siempre maravillosa Kate, asistido por la fuerza del amor incondicional. Uf. Todo suena muy mesiánico, muy cristiano, muy religioso. Justamente, creo que de eso se trataba. No está demás mencionar, que Jack es herido fatalmente en la batalla final. No gratuitamente, la lesión mortal recuerda a la herida del Cristo crucificado, en el lado derecho, cerca de las costillas. Jack se sacrifica por los que ama. Los misterios no se revelan. Pero la dicha y la luz es el destino de los que estuvieron perdidos, pero que no dejaron de creer.

Es casi imposible resumir el argumento de Lost, todo comenzó con el accidente de avión y con un grupo de supervivientes intentando sobrevivir en una extrañísima isla, valga la redundancia. Pero, después todo se hizo mucho más interesante con los viajes en el tiempo, con la abolición de toda lógica espacio-temporal, con la reinvención narrativa, con la manifestación de nuevos misterios y con la aparición de sorprendentes personajes. Entonces, uno concluye diciendo que Lost es una serie sobre el destino y la posibilidad de redención. Creo que, como muchos lo sospechaban, los sobrevivientes del vuelo 815 de Oceanic, fueron a parar al purgatorio, pero que el purgatorio no es sólo la isla, sino la vida misma. Lo interesante está en que se nos abren las puertas de la redención, después del accidente todos los personajes pueden y deben reinventarse, volver a nacer, llegar a ser lo que realmente debían haber sido, sin dejarse engañar por las falacias de un mundo sensible u superfluo.

La genialidad de J. J. Abrams, Damon Lindelof y Carlton Cuse, estuvo en romper los esquemas de la televisión clásica, se atrevieron a retar al espectador, a no dar respuestas fáciles, a narrar de manera ingeniosa, a hacer guiños a la cultura erudita, a no considerar a los televidentes como meros imbéciles. Agradecidos, por su fe en nosotros, nos hicimos adictos a su creación.

El otro gran acierto de los creadores de Lost, curiosamente, estuvo en no romper algunos de los moldes de la narrativa clásica, construyeron todo en torno a la lucha entre el bien y el mal, otra cuestión religiosa, y lo que es más importante crearon personajes inolvidables e innovadores basándose en arquetipos clásicos. Lost no es una serie del todo coherente, no respondió a los grandes misterios que planteó, argumentalmente no recorre lugares totalmente nuevos, a veces se sacrificó para generar tensión y misterio, tendió muchas trampas a los espectadores. Pero, eso no tiene mucha importancia, nos llenó de placer y siempre fue consecuente con su precepto fundamental: jamás perder la fe.

Nosotros, los fieles, tampoco la perdimos.

Qué así sea siempre.

Amén.

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