El Mundial desde la península ibérica: ¡Viva España Única!
Andrés Laguna
En España todos se sienten campeones del mundo. Poco antes de jugar la final y después de haber hecho historia, después de la Eurocopa del 2008, después de ganar 44 partidos de 45 jugados, después de las lesiones del Niño Torres, de Andrés Iniesta y de Cesc Fábregas, después de haber tenido un inesperado tropiezo suizo en la fase de grupos, después de haber roto la “maldición de cuartos” ¬–que pesó sobre ellos más de cincuenta años-, después de haber llegado a “semis” por primera vez.
Nadie puede negar que este es uno de los equipos más lindos de la historia del fútbol español, tienen un juego vistoso, ordenado y elegante, que se parece tanto, tanto al maravilloso Barça de Pep Guardiola. No está demás decirlo, esta es la selección ibérica más culé de la historia, ocho de los convocados son blaugranas –en el último partido, sólo el portero Víctor Valdez no pisó el césped-. Nadie puede negar que España llegó como la gran favorita, incluso, en un arranque delirante, algunos se animaron a compararla con Brasil del ’70. Nadie puede negar que jugadores como Piqué, Puyol, Iniesta, Xavi, Ramos y Villa, son jugadores de jerarquía, de lo mejor que hay en el mundo, y que además son entrañables. Lo que me pregunto es si todo eso es suficiente para sentirse campeones antes de jugar el partido final o, lo que es peor, antes de participar en el certamen. Seguramente, para los equipos que están acostumbrados a ganar la derrota siempre es algo impensable.
Pero si hay algo que le juega sucio a la imagen de “La Roja” es la prensa española, todos los medios son excesivos, parcializados, altaneros y poco respetuosos con los rivales. Inevitablemente, los que nos hemos tenido que tragar horas de publicidad ensalzando a “La Roja”, esperamos con impaciencia que todo termine, que nuestra pesadilla monocromática encuentre fin. David Villa es un gran jugador, con mucho coraje y una velocidad impresionante, pero ver al “guaje” haciendo tecniquitas y comiendo hamburguesas, poniéndose gel para el cabello, afeitándose, asegurándonos que si usamos una marca de neumáticos gastaremos menos combustible, ya es agotador. Bah, supongo que todos necesitamos de un héroe al que admirar para sentir que nuestras vida tienen un poco más de sentido y un pizca de emoción. Pero no hay que ser tan exageraditos.
Lo que me parece indignante es cuando los medios de comunicación le pierden total respeto a los contrincantes. En España algunos canales de televisión son especialistas en ello, en especial los que transmiten el mundial, Cuatro y Telecinco, que hacen parte del grupo Prisa. Cuatro hace el intento por tener una línea más seria, próxima a la de El País, pero sus programas medio “progres” e “ingeniosos”, muchas veces tienen un espectro racista, conservador y xenófobo. La polémica que desató un sketch del penoso late show Uau!, conducido por el insoportable Santi Millán, me parece que no fue sobredimensionada. En él, “una paraguaya”, en medio de un basural, reconocía que lo más importante que les había pasado, desde la pobreza y las enfermedades, era jugar con la “grandiosa España”. Una vergüenza. Felizmente, la gente, el pueblo español no aplaudió semejante estupidez y fueron duros con Cuatro. Por su lado, Telecinco es el equivalente ibérico de Unitel, televisión basura, amarillista, poco seria y, lo que es terrible, con mucha plata. Sus relatores parecen no darse cuenta que, por momentos Chile hizo mejor fútbol que le selección de Del Bosque, que contra Portugal hubo poco baile y algo de suerte, que Paraguay estuvo muy cerca de aguarles la fiesta, que el gol a Alemania fue una jugada de pizarra y no una muestra de genialidad colectiva. Hace poco escuché que el gran Puyol decía algo así: “un gran equipo debe saber sufrir. Este equipo sabe sufrir”. España no es Brasil del ’70, está lejos de serlo, aunque lo haga con clase y fiel a su estilo, sufre para ganar. Es un equipo con madera de campeón, paciente, talentoso, luchador, pero que tiene muchas fallas, no es efectivo, a veces no sabe jugar por los laterales y le falta desborde. Es decir, les falta todo lo que le sobra a Holanda, la letal mecánica naranja, que no enamora, pero que no para. Eso también debería ver y analizar una prensa seria y responsable, una prensa que no haga simple propaganda.
Pero lo más interesante de lo que está sucediendo, de la posibilidad de que España sea campeona del mundo, es que se está reivindicando una identidad nacional que cada vez parecía más desgastada y artificial. Es curioso ver a catalanes y vascos cantando, a ritmo de Kalinka: “yo soy español, español, español”. Es extraño ver a la bandera roja y amarilla ondeando en la plaza principal de Bilbao y en las Ramblas de Barcelona, esa bandera que en otras situaciones contiene sentimientos encontrados, que no siempre trae buenos recuerdos. Muchos olvidan sus nacionalismos, su republicanismo y alzan la bandera de España, del Reino de España. Lo que no deja de llamar la atención, pues más allá del fútbol, por ejemplo, hoy por hoy, ahorita mismo, los catalanes están luchando porque se reconozca como nación a Cataluña y porque se apruebe su Estatut d’Atonomia, lo que no le hace nada de gracia a Zapatero y a su administración. Y prefiero no tocar el tema de Euskalerria, del País Vasco, que es más complejo y delicado. Toda España es roja. Uy, perdón, llegué más de medio siglo tarde para escribir esa frase. Toda España es “La Roja”. Mejor.
Lo que parece que es innegable es que al pueblo lo que le gusta es el pan y el circo. Como con la crisis no hay mucho pan, Vicente Del Bosque y “La Roja” deben traer mucho circo. Y todos satisfechos. Y todos felices.
¡Qué viva España!
En España todos se sienten campeones del mundo. Poco antes de jugar la final y después de haber hecho historia, después de la Eurocopa del 2008, después de ganar 44 partidos de 45 jugados, después de las lesiones del Niño Torres, de Andrés Iniesta y de Cesc Fábregas, después de haber tenido un inesperado tropiezo suizo en la fase de grupos, después de haber roto la “maldición de cuartos” ¬–que pesó sobre ellos más de cincuenta años-, después de haber llegado a “semis” por primera vez.
Nadie puede negar que este es uno de los equipos más lindos de la historia del fútbol español, tienen un juego vistoso, ordenado y elegante, que se parece tanto, tanto al maravilloso Barça de Pep Guardiola. No está demás decirlo, esta es la selección ibérica más culé de la historia, ocho de los convocados son blaugranas –en el último partido, sólo el portero Víctor Valdez no pisó el césped-. Nadie puede negar que España llegó como la gran favorita, incluso, en un arranque delirante, algunos se animaron a compararla con Brasil del ’70. Nadie puede negar que jugadores como Piqué, Puyol, Iniesta, Xavi, Ramos y Villa, son jugadores de jerarquía, de lo mejor que hay en el mundo, y que además son entrañables. Lo que me pregunto es si todo eso es suficiente para sentirse campeones antes de jugar el partido final o, lo que es peor, antes de participar en el certamen. Seguramente, para los equipos que están acostumbrados a ganar la derrota siempre es algo impensable.
Pero si hay algo que le juega sucio a la imagen de “La Roja” es la prensa española, todos los medios son excesivos, parcializados, altaneros y poco respetuosos con los rivales. Inevitablemente, los que nos hemos tenido que tragar horas de publicidad ensalzando a “La Roja”, esperamos con impaciencia que todo termine, que nuestra pesadilla monocromática encuentre fin. David Villa es un gran jugador, con mucho coraje y una velocidad impresionante, pero ver al “guaje” haciendo tecniquitas y comiendo hamburguesas, poniéndose gel para el cabello, afeitándose, asegurándonos que si usamos una marca de neumáticos gastaremos menos combustible, ya es agotador. Bah, supongo que todos necesitamos de un héroe al que admirar para sentir que nuestras vida tienen un poco más de sentido y un pizca de emoción. Pero no hay que ser tan exageraditos.
Lo que me parece indignante es cuando los medios de comunicación le pierden total respeto a los contrincantes. En España algunos canales de televisión son especialistas en ello, en especial los que transmiten el mundial, Cuatro y Telecinco, que hacen parte del grupo Prisa. Cuatro hace el intento por tener una línea más seria, próxima a la de El País, pero sus programas medio “progres” e “ingeniosos”, muchas veces tienen un espectro racista, conservador y xenófobo. La polémica que desató un sketch del penoso late show Uau!, conducido por el insoportable Santi Millán, me parece que no fue sobredimensionada. En él, “una paraguaya”, en medio de un basural, reconocía que lo más importante que les había pasado, desde la pobreza y las enfermedades, era jugar con la “grandiosa España”. Una vergüenza. Felizmente, la gente, el pueblo español no aplaudió semejante estupidez y fueron duros con Cuatro. Por su lado, Telecinco es el equivalente ibérico de Unitel, televisión basura, amarillista, poco seria y, lo que es terrible, con mucha plata. Sus relatores parecen no darse cuenta que, por momentos Chile hizo mejor fútbol que le selección de Del Bosque, que contra Portugal hubo poco baile y algo de suerte, que Paraguay estuvo muy cerca de aguarles la fiesta, que el gol a Alemania fue una jugada de pizarra y no una muestra de genialidad colectiva. Hace poco escuché que el gran Puyol decía algo así: “un gran equipo debe saber sufrir. Este equipo sabe sufrir”. España no es Brasil del ’70, está lejos de serlo, aunque lo haga con clase y fiel a su estilo, sufre para ganar. Es un equipo con madera de campeón, paciente, talentoso, luchador, pero que tiene muchas fallas, no es efectivo, a veces no sabe jugar por los laterales y le falta desborde. Es decir, les falta todo lo que le sobra a Holanda, la letal mecánica naranja, que no enamora, pero que no para. Eso también debería ver y analizar una prensa seria y responsable, una prensa que no haga simple propaganda.
Pero lo más interesante de lo que está sucediendo, de la posibilidad de que España sea campeona del mundo, es que se está reivindicando una identidad nacional que cada vez parecía más desgastada y artificial. Es curioso ver a catalanes y vascos cantando, a ritmo de Kalinka: “yo soy español, español, español”. Es extraño ver a la bandera roja y amarilla ondeando en la plaza principal de Bilbao y en las Ramblas de Barcelona, esa bandera que en otras situaciones contiene sentimientos encontrados, que no siempre trae buenos recuerdos. Muchos olvidan sus nacionalismos, su republicanismo y alzan la bandera de España, del Reino de España. Lo que no deja de llamar la atención, pues más allá del fútbol, por ejemplo, hoy por hoy, ahorita mismo, los catalanes están luchando porque se reconozca como nación a Cataluña y porque se apruebe su Estatut d’Atonomia, lo que no le hace nada de gracia a Zapatero y a su administración. Y prefiero no tocar el tema de Euskalerria, del País Vasco, que es más complejo y delicado. Toda España es roja. Uy, perdón, llegué más de medio siglo tarde para escribir esa frase. Toda España es “La Roja”. Mejor.
Lo que parece que es innegable es que al pueblo lo que le gusta es el pan y el circo. Como con la crisis no hay mucho pan, Vicente Del Bosque y “La Roja” deben traer mucho circo. Y todos satisfechos. Y todos felices.
¡Qué viva España!
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