Las mujeres de Vicky Cristina Barcelona: Enamorarse tres veces


Andrés Laguna

Hay muchas cosas que caracterizan a Woody Allen, New York, el psicoanálisis, la cinefilia, el amor por el jazz, la neurosis, el sentido del humor inteligente, los guiños a la cultura erudita, entre varias otras. Basta con ver las primeras secuencias de una de sus películas para, fácilmente, reconocer al autor detrás de ellas. Los aficionados a su cine tenemos la pretensión de conocer íntimamente el universo alleniano. Pero hay algo más que lo caracteriza, algo que, gracias al estreno en salas locales de Vicky Cristina Barcelona –poco más dos años después de su premier en Cannes-, vuelvo a tener presente. Woody Allen siempre trabaja con actrices fascinantes, la lista es extensa y deslumbrante, me animo a apuntar algunos nombres sólo para tener una idea: Diane Keaton, Charlotte Rampling, Mia Farrow, Carrie Fisher, Gena Rowlands, Helena Bonham Carter, Mira Sorvino, Elisabeth Shue, Uma Thurman, Samantha Morton, Helen Hunt, Téa Leoni, Christina Ricci, Radha Mitchell, Amanda Peet, Patricia Clarson y Naomi Watts, entre tantas, tantas otras. Sin duda, el gusto y el ojo de Woody son exquisitos. Con algunas de ellas trabajó muchas veces, fueron sus musas incuestionables. Sin duda, las más célebres son Diane Keaton y Mia Farrow, que trabajaron con el director newyorkino en casi todas sus obras maestras, actrices de proporciones mayores. La musa más reciente de Allen es la cada vez más popular y descafeinada Scarlett Johansson, con quien trabajó en tres cintas. Su última colaboración fue Vicky Cristina Barcelona, sin duda el último rol memorable de la joven y voluptuosa actriz.

El argumento de la cinta es simple, dos turistas estadounidenses, Vicky y Cristina (Rebecca Hall y Johansson, respectivamente), viajan a Barcelona con sed de arte, de vida bohemia y de exotismo. Alojadas en la casa de unos amigos de los padres de Vicky, las chicas se encuentran con el arquetipo del macho español, el pintor Juan Antonio Gonzalo (Javier Bardem). Las inofensivas turistas terminan envueltas por el encanto del galán y en medio de un romance poco ortodoxo, que se enreda todavía más gracias a la presencia de la volátil ex mujer de Juan Antonio, María Elena (Penélope Cruz). La cinta, con mucho sentido del humor, ridiculiza la imagen que los estadounidenses tienen de Europa, pero también desacraliza la sofisticación europea. Lo mejor es que Allen lo hace desde un lugar ligero e inteligente, poco pretencioso. A partir de sus dos turistas, Allen reescribe lúdicamente dos arquetipos súper recurrentes en su filmografía. Vicky es la mujer frustrada, que se contiene, que vive encasillada, que es completamente neurótica, algo así como una versión proactiva y citadina de la Cecilia de La rosa púrpura del Cairo. Cristina es la mujer que está medio perdida, pero que no teme experimentar, que está siempre buscando su camino, que es absolutamente histérica, una especie de sombra postmoderna de Annie Hall.

Se sabe que pocas relaciones actor/director son tan fértiles como la de Woody Allen con, justamente, Woody Allen. Pero muchas de sus cintas no son protagonizadas por él, en especial las más recientes, como es el caso de Vicky Cristina Barcelona. Entonces, cuando Woody no interpreta a Woody, suele buscar a alguien que lo haga. Por ejemplo, en Melinda and Melinda el peso recayó en Will Ferrell, en Whatever Works en Larry David, en Anything else en Jason Biggs, en Scoop en la mismísima Johansson. En Vicky Cristina Barcelona, esa función se la deja a Rebecca Hall, que durante la primera parte de la cinta es un neoyorkina neurótica que no deja de tartamudear. Lo interesante está en que esa versión femenina de Woody, poco a poco, se transforma en un personaje elegante y cautivador, medio quebrado, rendido ante la pasión y el amor, atormentado por la vida racional que ha escogido sufrir. Rebecca Hall, actriz inglesa casi desconocida hasta ese momento y que ya es uno de los nombres que se debe recordar, tiene la capacidad de interpretar a Vicky como un personaje complejo, sutil y delicioso, que hace una transición difícil. Con un extraño aire aristocrático, con una casi imperceptible descompostura, casi siempre les roba la escena a sus afamadas compañeras de casting. Alta, delgada, de cabello oscuro, con una perfecta boca imperfecta, Rebecca Hall es la gran sorpresa de Vicky Cristina Barcelona, por momentos lo mejor de la película.

Su antítesis, Cristina, Scarlett Johansson funciona mucho menos bien, aunque tiene un innegable encanto. No llega a ser la bomba sexual de Match Point, ni tampoco la dulce y existencial chica de Lost in translation. Johansson tampoco logra que su Cristina sea el punto medio entre los dos personajes mencionados, lo que hubiese sido ideal. En realidad, es una versión descolorida de lo que podría haber sido. Lamentablemente, pasar de ser el secreto mejor guardado de Hollywood a ser un ícono de la moda y el show bizz, no le sentó nada bien a Scarlett. Lo que no quiere negar que por momentos, la magia vuelva a ella e incendie la pantalla, detenga el tiempo. Son momentos fugaces, pero los labios de la Johansson cuando se conectan con su naturaleza divina nos recuerdan lo que eran y nos dejan suspirando. Woody lo sabe y, en lo posible, lo explota. El problema está en que Scarlett no resultó siendo una gran actriz, ha perdido toda frescura y cada vez más es un producto manufacturado. Le han hecho creer que tiene el glamour de las divas de Hollywood, cuando no era eso lo que encantaba de ella. ¡Bill Murray rescátala!

Tal vez uno de los puntos más fuertes de la película es la interpretación y la presencia de Penélope Cruz, al menos eso sugiere la Academia y su Oscar. Histérica, violenta, incontrolable, la más conocida e internacional actriz española hecha mano de todo su arsenal, de esa sensualidad salvaje, a veces tan poco femenina, de su belleza tan poco celestial, de su condición de mujer poco refinada pero fogosa.

A su manera, entre chiste y chiste, entre escena sensual y escena sensual, con ligereza, Woody Allen nos dice en Vicky Cristina Barcelona que la vida está llena de frustraciones, de fracasos amorosos, de imposibilidades, que el ser humano no tiene certezas reales a las que se pueda aferrar. Pero, casi como placebo, como premio consuelo, hace que nos enamoremos una vez más de sus heroínas, dibujándolas adorables, seductoras, atormentadoras, imperfectas y entrañables. Tres mujeres que detienen al mundo gracias a distintos y diferentes atributos, Rebecca con su elegancia e insatisfacción, Scarlett con su belleza y su inseguridad, Penélope con su intensidad y su chabacanería. Nuevas cuestiones para tratar con el psicoanalista.

Comentarios

(Diego Loayza) Oneiros ha dicho que…
¿Sabes? A mi también me gusta Woody Allen (hasta sus comedias livianas como Small Time Crooks o Scoop). Sin embargo, no le he podido ver nada, nada, nada que se pueda tildar de pasable en VCB... (obviamente, excepto las tías están buenísimas). Me parece una película muy mala y no porque sea de WA sino porque creo que es mala en términos absolutos. Sin humor, sin inteligencia, manejando ridículos estereotipos (de los que Barcelona está plagada), citándose a si mismo grotescamente, parece la obra de un estudiante intelectual que quiere rendir su homenaje a Woody Allen y peca de pretensioso hasta el ridículo (lo mismo opino de Los Abrazos Rotos de Almodóvar y Chloe de Atom Egoyan dos directores que me fascinan). De esta peli ni siquiera te puedo prometer que la veré de nuevo para darle una segunda oportunidad porque el haberla terminado una vez ya me parece suficiente. Me deprimió.
Creo que los madrileños se tienen que sentir mucho más orgullosos con la visión de Jarmusch de su ciudad en The Limits of Control que la guiri-versión de Allen que, sin embargo, se mueve en Londres como si fuera su querida Manhattan.

Saludos.
Andrés Laguna ha dicho que…
Querido Oneiros,

Gracias por leer el post. Sin duda, Vicky Cristina Barcelona no es lo mejor de Allen. Tengo la impresión que su última obra maestra incontestable es Sweet & lowdown, al menos fue la última que me dejó sin aliento. Pero, debo confesarlo, Vicky Cristina Barcelona es una película que maduró en mí, recién la segunda vez que la vi encontré cosas interesantes y la tercera fue mucho más fértil. Así que creo que, si tienes tiempo y ganas, puedes darle otra oportunidad. Y, sí, la Barcelona de la cinta está llena de clichés, es muy guiri, pero creo que era la intención, fortalece los argumentos del resto de la cinta. Lo que te recomiendo es que, si no la viste, dale una mirada a la última, You will meet a dark tall stranger. Una gran obra, muy escéptica e inteligente. Pero tampoco es una obra maestra.

Jarmusch hizo un trabajo formidable con The Limits of Control, ese es un director formidable, sin puntos flacos.

Por cierto, disfruté mucho de tus elucubraciones sobre la performance europea en Sudáfrica.

Un gran abrazo.
Anónimo ha dicho que…
Hola, a mí sí me gustó la película. No soy crítico de cine ni mucho menos, pero me entretuvo casi la hora y media que duró. He visto pocas películas de WA, de las cuales Match Point y esta, VCB, son las mejores a mi humilde parecer. No concuerdo contigo Diego, cuando mencionas que la película está carente de humor... Yo me reí mucho, sobre todo con el humor negro y ácido de Vicky (personaje interpretado por una genial Rebecca Hall). Toda la sala de cine reía con los diálogos bien trabajados de WA. Quizá los personajes son estereotipos pero representan claramente el tipo de mujer y hombre que existe, y de los rollos que uno se hace en lo que respecta al amor. Las habemos pragmáticas y cuadriculadas como Vicky, aventureras e inestables como Cristina, o dementes como Maria Elena; los hay correctos y planificados como el esposo de Vicky, y libres como el de Juan Antonio. Quizá todos tenemos de cada uno, y muchos se sienten identificados con uno en particular (yo personalmente me identifico mucho con el de Vicky). No será una excelente película pero me gustó mucho porque entretiene y hace pensar. Gracias :) Ah! Excelente blog! Andres :D Te felicito.
Andrés Laguna ha dicho que…
Mil gracias por tus palabras y me alegra que te guste el blog.
Coincido contigo, en especial en dos cosas. Vicky Cristina Barcelona es una cinta muy entretenida y Rebecca Hall es absolutamente genial. Creo que Woody Allen, sin que nos demos cuenta, siempre propone cuestiones interesantes para pensar, es un tipo que reflexiona mucho sobre las relaciones humanas y de pareja, sobre la ética y la vida.

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