Animales en extinción

Andrés Laguna
Hace unas semanas, cuando Sergio de la Zerda me contó que Opinión postularía a la Ramona, representada por sus tres editores, a la Medalla al Mérito Profesional “Huáscar Cajías Kauffman” al Profesional de las Nuevas Generaciones 2010, que otorga la Asociación de Periodistas de La Paz, tuve un leve sentimiento de incomodidad. Ese tipo de reconocimientos siempre parecen lejanos, ajenos, hacen parte de una dinámica a la que no solemos pertenecer. Supongo que así se sienten los periodistas culturales de casi todos los medios bolivianos en situaciones similares. Somos una especie en peligro de extinción, que lamentablemente no tiene muchos activistas a su favor. No tenemos nada parecido a Greenpeace o a la World Wide Fund for Nature, lo que nos hace sentir casi condenados. En las redacciones somos algo así como el ejemplar excéntrico que tiene que estar ahí porque la tradición así lo dicta, pero son pocos los que nos extrañarían si desapareciéramos, son muchos los que preferirían canjearnos por uno o dos reporteros de sociales y de farándula.
Hace un días, cuando Sergio me escribió contándome que nos otorgaron la Medalla, por un segundo pensé que me estaba jugando una broma. Luego caí en cuenta de que a estas alturas de la vida, mi querido amigo, ya no está para esos chistes. Como me lo dijo, cuando lo llamé, “era ahora o nunca, porque ya no estamos tan jóvenes, lo de ‘nuevas generaciones’ ya no se acomodaría a nosotros”. De pronto pienso, en una frase del gigantesco Bob Dylan, que me recordó hace poco el venerable Juan Villoro: “No confíes en nadie mayor de 30 años”. Y pienso, que el promedio de edad de los miembros del equipo de redacción de la Ramona se acerca peligrosamente a esa cifra. No importa. A nuestras incansables ocho páginas semanales todavía les faltan muchos años para cumplir tres décadas. Intentaremos siempre ser confiables, invitando a firmas que rebajen nuestro promedio de edad y que nos recuerden que nunca se debe dejar de lado al desenfado, al entusiasmo, a la alegre rebeldía.
Supongo que este es el momento perfecto para agradecer una vez más a Opinión por darnos el espacio y la casi total autonomía que tenemos desde hace más de cinco años, que nos permite hacer algo que no dejamos de disfrutar, periodismo cultural. Es el momento perfecto para agradecer a todas las instituciones y personalidades que apoyaron nuestra candidatura: José Camargo, director de la Carrera de Comunicación Social de la Universidad Mayor de San Simón; Marcelo Guardia, director de la Carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana; Emile Flesh-Gómez, directora de la Alianza Francesa; María Julia Suárez, directora del Centro Boliviano Americano; Rodrigo Mita, director académico del Instituto de Filosofía y Humanidades “Luis Espinal”; Franklin Anaya, director del Instituto “Eduardo Laredo”; y Ramón Rocha Monroy, Premio Nacional de Novela y Cronista de la Ciudad. Es el momento perfecto para agradecer a todos los colaboradores que han firmado memorables textos en nuestras páginas. Es el momento para agradecer a todos nuestros lectores, a la gente que responde a nuestras “preguntitas”, a los que nos mandaron mails de aliento, de felicitaciones y/o de zarandeo. Es el momento perfecto para agradecer a todos los que han hecho posible que la Ramona sea lo que es.
Vivimos tiempos duros para la práctica periodística. Los medios de comunicación cada vez son menos rentables y defienden intereses más cuestionables, cada vez son menos autónomos y más manipulados. Los periodistas vivimos en la cuerda floja, vivimos con constantes amenazas, la inestabilidad laboral y la mediocridad están intoxicando letalmente un oficio que ha perdido casi todo el glamour y la ética profesional. En Bolivia, muchos de nuestros colegas levantan banderas poco legítimas y responsables, son alarmistas y tendenciosos. Muchos anuncian la muerte del oficio tal como lo conocíamos. Es aterrorizante pensar que estamos cerca de convertirnos en simples altavoces de los más poderosos, instrumentos de la manipulación de la información. Vivimos en tiempos desalentadores. Cada vez hay menos razones para ser periodista. Menos para ser periodista cultural, la especie que casi todos los jefes de redacción consideran más prescindible. Lo que nos debe salvar es la obstinación, creer que todavía se puede informar éticamente, creer que todavía la palabra es el arma más letal y perdurable, que nuestro ejercicio siempre es una declaración de principios y un compromiso, que jamás estaremos dispuestos a corrompernos o a vender nuestra pluma al poder. Justamente, ese ha sido el compromiso de la Ramona desde que se publicó, no dar ningún tipo de concesión. Somos concientes de que estamos en peligro de extinción, pero no desapareceremos sin dar lucha, manteniéndonos inamovibles, confiando en que nuestras palabras son fértiles y sinceras.
Nuestro trabajo es difundir el quehacer creativo humano, a través de la escritura, hemos querido irradiar esa materia esencial que hace humano al hombre, celebrar sus coqueteos con la divinidad, con lo trascendental, el arte y la cultura. En estos cinco años de práctica ramonística, Santiago Espinoza, Sergio y yo, además del resto del equipo, hemos aprendido mucho, hemos cometido varios errores, muchas veces no hemos estado a la altura de las situaciones, pero siempre hemos estado convencidos de que la Ramona contribuye al panorama artístico cultural nacional. Algo hemos hecho, de eso estoy seguro. El compromiso permanece intacto, que esta sea una oportunidad para reiterarlo públicamente, cada vez parece ser más urgente. Aquí estamos, firmes, dispuestos a vencer cualquier intento de extinción.
Comentarios