Quinto Foro de Escritores Bolivianos: Puro cuento


Andrés Laguna

Con esa su siempre agradable y difícilmente reproducible forma de hablar, Gonzalo Lema abrió su participación en el Quinto Foro de Escritores Bolivianos realizando una afirmación que considero muy importante: para pensar a Bolivia, a lo boliviano, no hace falta escuchar a los políticos, sino más bien a los artistas, a los intelectuales, a los escritores, a los que le dedican su tiempo, su vida, a la actividad creativa. Más allá de todos los cuestionamientos y las críticas, más allá de todos los aciertos y desaciertos, más allá de todos los momentos memorables y los olvidables, los Foros y los Encuentros de escritores nacionales e iberoamericanos que organiza el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño siempre han sido espacios para eso, para escuchar a gente que se detiene a contemplar al mundo, a reflexionar sobre él y, finalmente, a transcribir lo pensado, lo imaginado o lo recordado. Varias veces lo he asegurado, muchos jóvenes de mi generación y de las que nos siguen, encontraron en estos espacios inspiración e impulso para escribir y crear, para escuchar palabras que no sólo contengan sed de poder.

No deja de ser curioso que para esta versión los organizadores del Foro le hayan sugerido a los invitados desarrollar sus ponencias en torno a “Temas y Enfoques del Cuento Boliviano de hoy”. Pues se sabe que éste no es el género más comercial en la actualidad, se sabe que hoy día, ante la incontrolable crisis económica que vive el mundo, las grandes editoriales prefieren publicar productos más seguros y que prometen mayores ganancias: novelas poco arriesgadas. Aunque también se debe reconocer que en nuestro país ha habido una pequeña revitalización del cuento, en gran medida gracias al éxito que han tenido fuera de nuestras fronteras los textos de autores como Edmundo Paz Soldán, Giovanna Rivero, Rodrigo Hasbún, Maximiliano Barrientos y Liliana Colanzi.

Cada año la sugerencia de un tema por parte de los organizadores pretende encausar un poco las ponencias, pero siempre se ha permitido que cada uno de los ponentes se las ingenie por salir airosos de las más diversas formas. Aunque la gran mayoría prefiere leer un texto preparado para la ocasión, muchos, y ahora recuerdo a Andrés Neuman o a Santiago Roncagliolo, prefieren hablar de corrido o, en el caso del primero, pasar canciones que marcaron su vida. En la quinta versión del Foro, Víctor Montoya y Willy Camacho optaron por realizar una presentación oral, con las ventajas y desventajas que permite esto. Pues si bien no leer un papel puede hacer que la ponencia sea más ágil, llevadera y menos solemne, también permite algo más de desorden. Montoya que volvió al país después de 34 años residiendo en Suecia –después de su exilio en los años de la dictadura-, habló sobre las razones de su exilio y sobre el compromiso que tiene su literatura. A Montoya le interesa escribir sobre los años de la represión, sobre los traumas del exilio, sobre la riqueza cultural de nuestro país, quiere que sus textos sean una herramienta de denuncia y de memoria, quiere que su obra este al servicio del pueblo. Prefirió remitirse a su obra y a su compromiso político, no hizo referencia alguna a la cuentística boliviana de hoy, prefirió hacer una confesión casi autobiográfica y, de alguna forma, se desmarcó del resto de los ponentes al reivindicar la importancia del discurso político en la literatura, de la función social de la literatura. Se intuye que para Montoya lo escritores deben ser la conciencia de la sociedad, lo que de ninguna manera es algo malo, pero se extrañó un auténtico diálogo con otros autores, con lo que está sucediendo hoy en el panorama literario nacional. Por su parte Camacho, tenía por objetivo hablar de “El humor en el cuento boliviano” y para hacerlo hizo una veloz revisión paceñocéntrica de la historia del cuento en Bolivia, insertando algunos gags a los que el público respondió con risas y sonrisas. Camacho resaltó la importancia del humor en la literatura de Jaime Sáenz y propuso a Adolfo Cárdenas (a su exitosa novela Periférica Blvrd.), como el punto más alto de la literatura boliviana actual con elementos cómicos.

La noche de inauguración después de Montoya, Roger Otero –promesa de las letras cruceñas- leyó un texto muy literario, lleno de referencias pop y de citas a los grandes popes de la literatura negra y policial, lúdicamente, teniendo el cuidado de alguien que se enfrenta a un interlocutor armado e inestable, concluyó que hoy día la cuentística actual boliviana evita los lugares comunes, los compromisos políticos, los clichés de la literatura local, que hoy día todo se vale a la hora de escribir un relato, que las sombras de Roberto Bolaño y Ricardo Piglia cubren a una generación de la que se espera mucho. Por su parte, Blanca Elena Paz, reconocida cuentista cruceña, prefirió hacer un diagnóstico del cuento joven a partir de su experiencia como jurado de diferentes certámenes, distinguiendo que se hace evidente que los escritores de hoy, salvo contadas excepciones, son malos lectores, que desconocen las reglas básicas de la escritura, que tienen un pobre manejo de la gramática y que tienen preocupaciones banales. Paz no reveló nada que no se intuya, pero se agradece que haya gente que todavía tenga el valor de exigir mínimos necesarios para la práctica escrituraria.

Casi como dialogando con Otero, Gonzalo Lema leyó un divertido texto en torno al género policial, girando sobre su personaje Santiago Blanco. Recurriendo al coba, a sus lecturas (que en gran medida coincidían con las de Otero) y a la gastronomía, Lema se aventuró a apuntar que el policial es hoy día el género en el que más se puede decir de la sociedad y el mundo, que es una herramienta literaria política, que dice desde los más bajos fondos, desde los territorios más oscuros. Lema afirmó que nunca un detective literario verá al mundo con buenos ojos, que el futuro para ellos no es brillante y hermoso, pero que deben vivir acá mismo, buscando la verdad, en medio de ambigüedades, son testigos y cronistas privilegiados.

En su intervención César Verdugez antes que participar como mero autor de cuentos, lo hizo como antologador y estudioso del cuento boliviano, e hizo una suerte de resumen de un trabajo de largo aliento que confesó está preparando sobre el cuento en nuestro país. Realizó un amplio paneo de las características y de los autores que configuran el panorama cuentístico nacional.

Cerró el evento Giovanna Rivero, la autora cruceña, leyó un brillante texto de corte más académico, titulado “Gastar la juventud: Nuevo flanerismo en la cuentística joven boliviana”. Haciendo uso del bello término baudeleriano flanèur, recurriendo a Walter Benjamin y al Felipe Delgado de Sáenz, Rivero realizó una inteligente lectura de algunos autores nacionales, comenzando por Alfredo Flores y Homero Carvalho, concluyendo en Hasbún, Barrientos, Colanzi, Cecilia Romero y Pablo César Rivero. Rivero afirma que: “El flanèur es un transeúnte que roza el erotismo, pues su ejercicio de caminar tiene un propósito hedonista, quizás el único: recorrer la ciudad, dejarse devorar por ella, rozarse con la muchedumbre, y en la disolución vertiginosa del tiempo y la sensualización del espacio confirmar su íntima individualidad, siempre atenta a los signos, una individualidad que es mirada, lectura y por tanto tarea de médium al estilo freudiano”. Para la autora de Tukson, Felipe Delgado es el flanèur original y con gran generosidad, con una lectura demasiado atenta, reconoce los mismos rasgos esenciales en la literatura de los jovenes autores mencionados.

El Quinto Foro, como sus predecesores, fue un éxito de público y sucitó discusiones. Mucho más no se puede pedir. Algunas conclusiones se pueden sacar: nuestros grandes problemas siguen siendo la falta de lectura, la falta de rigurosidad y compromiso, la poca generosidad y humildad, los localismos y la banalidad. Se agradecen los trabajos serios, aunque sean lúdicos, además, siempre es iluminador escuchar una palabra inteligente e íntima. Son esperazadores los escritores que hacen literatura con la seridad con la que juega un niño.

Hasta el próximo año. En la misma sala. Con rostros diferentes, al menos entre los expositores.

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