R.E.M. Marcharse a tiempo de la fiesta

Andrés Laguna
La semana pasada el mundo de la música fue sorprendido por una triste noticia: la separación de R.E.M. Es completamente entendible que bandas como Silverchair –que ya no tenía razón de existir- o The White Stripes –que estaba mucho tiempo inactiva- hayan optado por la disolución, pero llama la atención que una agrupación tan prolífica, que acababa de editar un par de discos excelentes –Accelerate (2008) y Collapse into now (2011), aplaudidos por la crítica, que parecían ratificar un genuino reavivamiento creativo-, opte por terminar una carrera que no daba la menor pista de agotamiento.
A través de su página web, de una nota firmada como grupo y de otras tres firmadas por cada miembro, la agrupación originaria de Athens, Georgia, anunciaba: “A nuestros fans y amigos: como R.E.M., y como amigos de toda la vida y conspiradores, hemos decidido decir basta como banda. Nos alejamos con un gran sentido de gratitud, de finitud, de asombro, por todo lo que hemos conseguido. A todo el que alguna vez se haya sentido tocado por nuestra música, nuestro más profundo agradecimiento por su atención”. El bajista Mike Mills apuntaba: “Durante nuestra última gira, y mientras hacíamos Collapse into now y elaborábamos juntos esta retrospectiva de grandes éxitos [el compilatorio todavía inédito Part Lies, Part Heart, Part Truth, Part Garbage] comenzamos a preguntarnos, ‘¿Y ahora qué?’. Haber trabajado en nuestra música y los recuerdos de más de tres décadas fue un viaje tremendo. Nos dimos cuenta de que estas canciones parecen dibujar una línea natural en los últimos 31 años de nuestro trabajo conjunto. Siempre hemos sido una banda en el verdadero sentido de la palabra, hermanos que verdaderamente se quieren y se respetan unos a otros. Nos sentimos como pioneros en esto. No hay carencia de armonía aquí… Hemos tomado esta decisión en conjunto, de manera amistosa y teniendo en cuenta el interés de cada uno”. Por su lado el líder y vocalista de la banda Michael Stipe apuntó: “Un hombre sabio dijo una vez ‘la habilidad de asistir a una fiesta es saber cuándo es el momento de marcharse’. Hemos construido algo extraordinario juntos. Hicimos esto. Y ahora nos alejaremos de ello”. Y complementó: “Espero que nuestros fans se den cuenta de que esta no ha sido una decisión fácil, pero todo debe acabar, y nosotros queríamos hacerlo bien, hacerlo a nuestra manera”. Muchos fans, admiradores, seguidores y entusiastas quedamos sorprendidos, con ese sabor agridulce en la boca que siempre deja algo magnífico que ha interrumpido su progresión, su crecimiento, aunque permanezca en el tiempo de manera infinita. Definitivamente, en los últimos quince años R.E.M. ha dejado de ser una de las bandas más influyentes musical, ideológica y creativamente del panorama mundial, pero en gran medida la culpa no es suya. En la actualidad cada vez son más cuestionables los artistas influyentes. Lo que es indudable es que la alineación liderada por Stipe no sólo fue una de las piedras fundacionales de toda la movida que reinó durante los noventa, no sólo fue uno de los primeros grupos catapultados por ese fenómeno que fueron las college radios (que permitió el florecimiento de toda una industria independiente), no sólo fue la banda fundamental para entender el acceso del rock alternativo a los estadios, no sólo fue la banda que reinventó la militancia política y el activismo desde la creación. R.E.M. siempre ha sido una garantía de calidad musical, de letras poéticas, de hits inolvidables, de melodías que siempre acompañan, de genuinas propuestas artísticas, que aunque no siempre hayan sido rebosantes de genialidad, siempre se mantuvieron en su propia ley, con sutileza, con mesura, casi sin hacerlo notar, siempre innovaron y propusieron. Durante más de tres décadas de carrera publicaron quince discos, superaron un sinnúmero de problemas y pocas veces se les pudo reprochar algo.
El grupo tiene una entrañable historia, el bajista Mike Mills y el batería Bill Berry se conocieron en el colegio y desde entonces tocaron en diferentes bandas. Hasta que años después, en la universidad, conocieron a otros dos amigos, al vocalista Michael Stipe y al guitarrista Peter Buck. Ellos dos se habían conocido en una tienda de discos en Athens, Buck trabajaba ahí, reservaba álbums para su consumo personal, curiosamente, Stipe compraba los mismos discos que él había elegido. Su amistad se forjó a partir de largas charlas melómanas, sobre las bases de una sincera admiración por la obra de la enorme Patti Smith y de varias bandas proto y postpunk. Comenzaron a tocar juntos sin tener grandes planes y pretensiones, el camino al estrellato fue largo y accidentado. Su primer single “Radio Free Europe” fue todo un éxito, su álbum debut Murmur fue elegido por la revista Rolling Stone como el mejor disco de 1983. Casi sin esperarlo, llegaron a ser una banda de culto en los germinales circuitos del rock independiente y comenzó su largo idilio con la crítica especializada. Fueron algo así como el secreto mejor guardado de una industria que parecía embelesada por trivialidades. Hasta que con su cuarto disco, Document (1987), lograron genuino éxito, vendieron más de un millón de copias y su primer single, la inolvidable y perfectamente frágil, “The One I Love”, llegó a sonar en las radios dominantes. Document es uno de sus discos más políticos, tremendamente crítico con la administración de Ronald Reagan. Pero fue recién en 1991, con su séptima placa, que R.E.M. llegó a la estratósfera. En Out of Time (1991) comenzaron a experimentar con instrumentos que no eran habituales para el rock de esa época, como el acordeón o la mandolina, y, sin predecir los gustos del publico masivo, conquistaron el mundo. Basta mencionar los singles “Losing My Religion” y “Shiny Happy People” para entender la dimensión de esta obra. Repitieron el éxito con el disco Automatic for the People (1992) que incluye algunos de los mayores hits de la banda como “Man on the Moon”, “Everybody Hurts” y “Drive” (calificado por muchos críticos como una especie de “antisingle”, una de las muestra del coraje de la banda). Por esos años, R.E.M. había logrado equilibrar la popularidad con un genuino compromiso creativo. Su sonido no era del todo complaciente con la industria y a pesar de ello tenían un éxito casi ilimitado.
El golpe más duro que recibió la banda, tanto desde un punto de vista humano como creativo, fue el derrame cerebral que sufrió el baterista Bill Berry en medio de un concierto en Suiza. Pues a pesar de su pronta recuperación, prefirió dejar la banda dos años después, en 1997, asegurándose de que sus compañeros continúen con ella. No son pocos los críticos que han asegurado que sin Berry, sin su aporte, R.E.M. jamás volvió a sonar igual. Como Stipe lo reconoció en alguna entrevista, eran un perro sin una pata que tuvo que aprender a correr de otra forma. No volvieron a tener el éxito logrado a principios de los ’90. Pero, a pesar de ello, reconociendo su trayectoria e influencia, el 2007 fueron introducidos al célebre Rock and Roll Hall of Fame. Casi como respuesta a semejante honor, el 2008 produjeron Accelerate el mejor disco de la banda desde la partida del baterista Bill Berry y, para confirmar su estatus de banda clásica, este año publicaron el grandioso Collapse into now, en el que colaboraron con músicos de la talla de Patti Smith y Eddie Vedder, entre otros. Es raro, uno espera que una banda se separe a raíz de malos entendidos, de choques de egos, de la autodestrucción, de la frustración o de la esterilidad artística. R.E.M. no sufrió nada de eso, creo entender que lo único que les pasó fue comprender que era casi imposible superar lo hecho hasta la fecha y que necesitaban seguir caminos que permitan mayor libertad, menor presión.
Creo intuir que el secreto de la banda siempre estuvo en componer piezas que logran mantener un delicado equilibrio entre lo romántico, lo emocional, lo enérgico, lo melódico, lo dulce y lo melancólico. A veces consiguiendo obras desolada, a veces alegres, a veces nostálgicas, a veces esperanzadoras. Siempre con estribillos tan pegajosos como sensibles. R.E.M. es una banda que tenía en Michael Stipe a un vocalista prodigioso (basta escuchar los perfectamente quebradizos gritos “The one I love” o de “Oh my heart”), con una textura particularísima en la voz, con una enorme capacidad para escribir metáforas profundas y cifradas, llenas de un sentido del humor bizarro. Además, es un frontman histriónico, casi andrógino, de una torpeza en los movimientos enternecedora. Por otro lado, como lo reconoció Eddie Vedder en su discurso de introducción al Rock and Roll Hall of fame, Peter Buck es un típico guitarrista que trabaja en una tienda de discos, tiene un enorme conocimiento musical, que se traduce en la aproximación artística, sensible y sutil a su instrumento, sus arpegios cuidados, delicados, y sus riffs veloces revolucionaron al rock. Mike Mills es un sólido bajista, un multiinstrumentista sorprendente, que debe ser una de las más brillantes segundas voces de la música popular contemporánea. R.E.M. era un conjunto de prodigios, una máquina de éxitos, una estrella que ha dejado una estela demasiado incandescente, un grupo de conspiradores, de ese tipo de artistas que cada vez escasean más. R.E.M. es una de las poquísimas bandas que estaban activas casi desde que nací hasta ahora, supongo que es otro signo más de que es el fin del mundo que conocí. Y, a pesar de todo, después de todo lo que nos han dado, creo que debemos sentirnos bien.
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