Todos los perros van al cine

Pasándonos de largo la convención de presentar una crónica de la muy aburrida reciente gala de los Oscar, desde la RAMONA les proponemos rendir tributo a los perros que brillaron en el cine del último año. Y es que 2011 fue un año histórico para los canes en el séptimo arte, habiendo tenido una participación de excepción en algunas de las producciones más celebradas por la crítica, la industria y, claro, la Academia, a la que, por cierto, más de uno ha reclamado por haber excluido a Chita de su homenaje póstumo (¿acaso fue su contribución al cine menor que la de Whitney Houston, quien sí mereció homenaje en la ceremonia?). Así pues, la oportunidad ha estado servida para reconocer la cosecha perruna de 2011, pero también para evocar a aquellos canes que supieron hacer historia en el cine de su tiempo. Sin pretender convertirse en una muestra definitiva ni mucho menos, esta galería es apenas una invitación a reconocer y recordar a todos aquellos chuchos que, aun sin tener su particular cielo, han sabido asegurarse la eternidad en la pantalla grande.

Santiago Espinoza y Andrés Laguna


Uggie (The dog) en The artist
Se ha dicho hasta el cansancio que The artist (Michel Hazanavicius) ha hecho historia al ser la primera producción no anglosajona que ha ganado el Oscar a Mejor Película, la primera cinta muda que, desde 1929 (año de la primera gala), ha merecico el premio más importante de Hollywood, la primera en arrasar con todos los galardones que se han puesto en su camino… Pero pocos han reparado en que también ha hecho historia al ser la primera cinta que le ha permitido a un perro “recoger” un Oscar. Uggie es el nombre del popular Jack Russell Terrier que subió al escenario del otrora Kodak Theatre para recibir la estatuilla a Mejor Película junto con el equipo de la producción francesa. Un acontecimiento insólito que no ha hecho más que coronar la campaña mediática que ha convertido al can (al que también puede verse en Agua para elefantes) en una auténtica celebridad del cine.
Uggie es, pues, el perro del año. A sus 10 años, la mascota se ha hecho de un éxito inverosímil para un animal, por su papel en The artist, en la que se le conoce como The dog, el fiel compañero de carrera y de vida de George Valentin (Jean Dujardin), una criatura muy hábil para las monerías encantadoras (las impagables escenas en que finge ser asesinado o sincroniza sus movimientos con su amo), pero también capaz de comportamientos épicos y heroicos (cuando va en busca de ayuda para salvar a Valentin). De ahí que pocos discutan la inusitada atención mediática que ha merecido: se ha pasado por numerosas alfombras rojas (Globos de Oro, Oscar), ha concedido “entrevistas” (en las que ha reconocido que sus cintas favoritas son Tarde de perros y Todos los perros van al cielo), tuvo su propia butaca en la gala de entrega de los Oscar, mereció uno de los contadísimos momentos de humor de Billy Cristal en la ceremonia (con su imagen ladrándole al mundo entero), tiene más de 6 mil seguidores en Twitter (este su servidor incluido), tiene su propia página de Wikipedia, genera miles de entradas e imágenes en Google, y ha merecido galardones de todo tipo (desde la Palma Perruna de Cannes hasta el Collar de Oro de Hollywood, equivalente al Oscar canino)… La verdad es que, tras una nueva evaluación de su interpretación en la película francesa (que no sería lo que es sin su presencia) y al calor de sus interminables éxitos, uno puede estar tentado a pensar que el artista al que alude el título del filme no es Valentin, sino The dog. Uggie es el artista. (SEA)

Cosmo (Arthur) en Beginners
A pesar de que Christopher Plummer haya estado brillante en su interpretación merecedora del Oscar a Mejor Actor de Reparto, que Ewan McGregor haya logrado uno de sus trabajos más sensibles y emocionales, que Mélanie Laurent haya estado luminosa y encantadora, que Goran Visnjic se haya arriesgado de manera inédita, indiscutiblemente, la verdadera estrella de Beginners se llama Cosmo. Interpretando a Arthur, se roba la pantalla y, sin hacer trucos de circo, se convierte en algo así como la conciencia y el eslabón que une a los personajes. En un momento de la película, Oliver (encarnado por McGregor) comenta que los perros de la misma raza de Arthur, los terrier Jack Russell, son adorables, le gustan tanto a la gente que recurrentemente son utilizados en películas y programas de televisión. Atenta observación. Pero, además de administrar una buena dosis de encanto y dulzura a la cinta, Arthur representa la fragilidad de los personajes, sirve de compañía a sujetos que no quieren admitir que necesitan compañía, es lo que evita que caigan en la más profunda oscuridad. Arthur es algo así como el Pepito Grillo del personaje de McGregor: conversa con él, lo ayuda a tomar conciencia, a través de un dialogo silencioso, al que el espectador accede a través de ingeniosos subtítulos. Este Jack Russell es una gran presencia en la pantalla, nos recuerda que el ser humano necesita de calor, afecto, compañía y amor (AL).

Blackie (Maximilian) en La invención de Hugo
 
Si es verdad que todos los perros van al cielo, incluso los malos, quiénes somos nosotros para ignorar a aquellos canes que han tenido la delicada e impopular tarea de encarnar a villanos en el cine. En un año en que Uggie y Cosmo se han llevado todos los suspiros y las sonrisas de los espectadores en virtud a sus graciosas y tiernas caracterizaciones, fue Maximilian, el doberman de La invención de Hugo (Martin Scorsese), el que se hizo de la antipatía del público. En rigor, ha sido una hembra (cuyo nombre en la vida real es Blackie) quien ha tenido la complicada labor de fungir de leal acompañante del inspector Gustave (Sacha Baron Cohen), el caza huérfanos de la estación de Montparnasse. En tal condición, el animal encarna la amenaza y el peligro que acechan al héroe de la película, el pequeño y desvalido Hugo.
Pero, no nos engañemos, pues sabemos que los roles de villanos suelen ser más desafiantes y ricos en términos actorales que los de los héroes, y el caso de Hugo no ha sido la excepción. Al igual que el personaje del inspector Gustave, el de Maximilian despierta sentimientos encontrados en el espectador, y no solo así desprecio. Sabemos que el desagradable lugar que le toca ocupar no le es tan cómodo y que, si ha llegado allí, es porque la vida ha sido ruda con el animal, como lo ha sido con su amo. Y si hace falta alguna muestra para enternecernos ante el inspector y Maximilian, baste con remitirnos a la hilarante escena en que ambos comparten un baño de tina. Así pues, la de Blackie ha sido una interpretación notable. No por nada estuvo entre los cinco finalistas del Collar de Oro que finalmente se llevó Uggie (los otros tres fueron Cosmo como Arthur en Beginners, Denver como Skeletor en 50/50 y Hummer como Dolce en Young adult). Acaso una derrota premonitoria a lo que ocurriría luego en los Oscar, que mereció la siguiente reflexión del maestro Scorsese: “Uggie interpreta a una adorable mascota capaz de muchos trucos y que salva a su amo en una de sus películas; mientras que Blackie ofrece una interpretación en la que lo da todo como un perro guardián feroz que aterroriza a niños. Hemos aprendido a aceptar al antihéroe en los hombres pero cuando se trata de animales todavía nos queda un largo camino”. Amén. (SEA)

Milou en Las aventuras de Tintin: El secreto del Unicornio
Si algo consiguió la película de Steven Spielberg que el cómic de Hergé no pudo, es tener un Milou simpático. El Fox Terrier blanco que acompaña al joven periodista belga en cada una de sus aventuras, siempre hizo gala de ser un sabelotodo insoportable. Recuerdo bien una viñeta del polémico volumen Tintin en el Congo, en la que el aventurero de jopo está dando clases a un grupo de nativos, diciendo algo así: “Mis queridos amigos, hoy hablaremos de su patria, Bélgica”. Por su lado, el sabiondo perro, dice: “Oye, Tintin, hay dos que están cuchicheando allá”. Además de toda la carga colonial, esa viñeta describe muy bien la calaña de Milou. Muy mala onda, mal perro, mal perro... Lo que hay que reconocerle es que en más de una oportunidad ha salvado a Tintin y que sus tendencias alcohólicas siempre han sido graciosas. En la reciente película, Spielberg tomó la gran decisión de dejar mudo a Milou, tampoco se escuchan sus pensamientos –en los álbumes de Hergé se los podía leer- , lo que hace que gané en simpatía. Es más, el canino llega a tener más carisma e ingenio que Tintin y el Capitán Haddock juntos. La trama se desarrolla gracias a él y, si hubiese estado al mando de todo, seguramente, el famoso secreto del Unicornio se hubiese descubierto antes y mejor. Si me lo preguntan, Milou es de lejos lo mejor de la película de Spielberg, dejando muy por detrás a esa versión descafeinada del reportero y a ese jacksparrowizado Haddock (AL).


Denver (Skeletor) en 50/50
La comedia más arriesgada y una de las cintas más logradas del pasado año fue, sin duda, 50/50. Hacer humor con temas como el cáncer es absolutamente delicado. La cinta de Jonathan Levine, basada en las experiencias del guionista Will Reiser, sale airosa de semejante reto. Adam (Joseph Gordon-Levitt) es joven, ama su carrera, tiene una novia muy linda (Bryce Dallas Howard) y un muy buen amigo (Seth Rogen). Un día descubre que tiene cáncer, poco después, pierde interés en su trabajo, se entera que su chica le es infiel y su amigo es incapaz de acompañarlo en su dolor de manera normal. Pero si algo bueno le deja su fallida relación amorosa es un regalo, un perro. Skeletor, como el Pequeño ayudante de Santa de los Simpsons, es un galgo corredor que ya no puede competir. Poca cosa hace ese costal de huesos. Simplemente, acompaña, está ahí inamoviblemente. Justamente, eso es lo que necesita Adam para vencer a la enfermedad. Esa es la condición del verdadero compañero. Uno comprende lo terrible que sería eso de no tener ni un perro que nos ladre (AL).




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