Los Vengadores más allá de la película: Poderosos disfuncionales
Andrés Laguna
Buscando emular el gran
éxito comercial y la revolución formal del cómic que representó la creación,
por parte de DC Comics, de la celebérrima Liga de la Justicia de América (a la
que están afiliados Superman, Batman, la Mujer Maravilla y Flash, entre otros),
Marvel tuvo que inventar un grupo estelar de superhéroes. Para mantenerse en la
titánica batalla convocó a sus héroes más poderosos, debían intentar vencer al
competidor y Némesis de la casa editorial.
Aunque en la última década
Stan Lee está más cerca de la demencia senil que de la brillantez creativa –haciendo
bizarras y graciosas apariciones en Mallrats,
The Big Bang Theory o Los Simpsons y cameos en la gran mayoría
de las películas de la factoría Marvel-, hubo un tiempo en el que era una mente
prolífica, audaz y con excelente olfato comercial. No por nada casi todos los
personajes canonizados por la casa matriz de Spider-Man, fueron firmados por su
mano, frecuentemente, con la colaboración del gran dibujante Jack Kirby. Justamente,
de esta súper-mancuerna, nacen los dos equipos que le harían frente a la
todopoderosa Liga de la Justicia de América. En 1963, la Marvel atacaría por
dos frentes distintos, con estrategias distintas. Por un lado, publicaron la
primera entrega de una saga protagonizada por un grupo de jóvenes mutantes con
grandes habilidades, enorme poder, pero víctimas de la más feroz exclusión
social. Los X-Men nacieron como la verdadera antítesis de la Liga de la
Justicia, en un mundo más próximo a la realidad que vivían y vivimos los
lectores, en un mundo en el que el diferente es temido, odiado y expulsado. Un
mundo en el que un migrante indocumentado como Superman jamás sería levantado
en hombros. Ante los personajes de la DC, casi Olímpicos, ganadores natos y
netos, Lee y Kirby crearon a los negados más poderosos de la tierra, unos
perdedores de lujo, rebeldes e inestables. Pero, como si eso fuese poco,
también armaron un equipo de lujo para opacar al Hijo de Kriptón y sus
compinches, The Avengers, los Vengadores.
Originalmente integrado por
los paladines más populares de la Marvel (Iron Man, Ant-Man, Wasp, Thor y Hulk),
en su larga historia, han pasado por el equipo la gran mayoría de los héroes de
la autodenominada “Casa de las ideas” que merecieron algún tipo de notoriedad.
Incluso, hace unos años fruto de esa más o menos larga colaboración entre
Marvel y los estudio Lions Gate, se realizó una película animada en la que los
hijos de algunos de los Avengers ocupaban el lugar de sus padres, titulada Next Avengers: Heroes of Tomorrow. Basta
recordar que desde su segunda aparición, la alineación titular sufrió cambios,
Bruce Banner (aka Hulk) dejó al grupo por su incapacidad para congeniar con el
equipo. Mejor, para congeniar con quien sea. Poco tiempo después, en un bloque
de hielo, encontraron al legendario mártir de la Segunda Guerra Mundial, el
Capitán America. Y más o menos la alineación más recordada, muy utilizada en
series y películas de animación, estaba ensamblada.
Como en la historia de
cualquier cómic de largo aliento, la de los Avengers cambió mucho con los años
y las entregas, dependiendo de los artistas que estuvieron a cargo de los
guiones y la ilustración. Es muy difícil seguir el pulso de todas las líneas
argumentales, de los mundos paralelos y de los giros de cada volumen. Pero el
universo de la Marvel tiene ciertas constantes reconocibles. Los Vengadores se
han hecho conocer como “Los héroes más poderosos de la tierra”, aunque algunos
lo discutan, puede que sea cierto, basta repasar el repertorio de Hulk o Thor.
Lo que también es indudable es que, junto a los X-Men, también podrían ser
declarados “Los héroes más inestables de la tierra”. La gran característica del
equipo es que sus integrantes siempre chocan, siempre tienen decisiones
opuestas y formas de hacer radicalmente distintas. Hasta el más conciliador de
todos, el Capitán America llegó a desertar por una temporada. Precisamente, él,
junto a Iron Man y Thor, que son los grandes pilares de los Vengadores, los más
poderosos y comprometidos con el proyecto, son los que tienen posiciones
ético-morales más antagónicas, cuestión tratada de manera muy sugerente y
divertida en el libro editado por Mark D. White, The Avengers and Philosophy. Earth Mightiest Thinkers. Incluso en
el equipo existen diferentes posiciones políticas, pues deben convivir un
militar nacionalista, una agente rusa convertida al capitalismo, un empresario
armamentista, un dios con ínfulas totalitarias, un científico con problemas de
identidad y de personalidad múltiple, un delincuente reformado que tiene
problemas de faldas, entre tantos, tantos otros. Y claro, el mejor de todos,
esa fuerza destructora y cuasi nihilista que sólo encuentra la calma gracias al
amor, esa bestia que para muchos podría ser un terrorista, pero que
románticamente podría ser definida como la devastación purificadora, conocida
como Hulk.
En su casi medio siglo de
vida, los Vengadores han pasado por el patriotismo gringo más insultante, por
el progresismo más coqueto y por la polémica intelectualoide, como buena parte
de los cómics comerciales. Lo que me parece que los mantiene como una saga
interesante y divertida es esa inestabilidad a la que hacía referencia, esa
condición adolescente, ese parentesco con los X-Men. Pueden llegar a ser
patéticos, melancólicos, irracionales, caducos y volátiles, por eso mismo,
íntimos. Muchas veces se comportan como colegiales o como simples enajenados
mentales que tienen más poder del que merecen. Son unos disfuncionales que
pueden hacer estallar al mundo. Por eso mismo, como todo buen cómic
estadounidense, en sus breves momentos brillantes, llegan a ser épicos,
operísticos, sus tragedias parecen salidas de un ballet ruso. Mejor, de la
mente de un narcotizado y excesivo Mark Twain. Y es que el histérico romance
entre la Bruja Escarlata y Visión, la absurda obstinación del Capitán América
por defender los valores de una patria indefendible, los arranques enfermizos
de celos del Dr. Hank Pym (Ant-Man, Giant-Man, Goliath y Yellowjacket, en sus
diferentes encarnaciones), tienen una condición tan pueril, romántica y
explosiva, que casi nos hacen vivir los días que hubiésemos querido vivir de
jóvenes. De muy jóvenes.
Para la reciente y ya súper
exitosa versión cinematográfica, Joss Whedon y compañía echaron mano de los
personajes más obvios, Iron Man (Robert Downey Jr.), Thor (Chris Hemsworth),
Capitán América (Chris Evans),Viuda Negra (Scarlett Johansson), Hulk (Mark
Ruffalo), Hawkeye (Jeremy Renner) y Nick Fury (Samuel L. Jackson), con un
elenco estelar, con el hecho desmedido e inédito de haber sido precedida por
una serie de películas que, francamente, sólo tienen el mérito de
contextualizar pomposamente a Avengers
Assemble, este megaproyecto parece ajustarse a la perfección a Marvel. Es
lo suficientemente respetuoso con su mitología original, altamente divertido, pero
poco desafiante desde un punto de vista argumental y cinematográfico.
En este tiempo de excesos
injustificados, en el que las películas para divertir son cada vez menos
divertidas, Avengers Assemble parece
erguirse como el reflejo de uno de sus miembros más destacados: Hulk. Es una
bestia enorme y espectacular, una aberración de la modernidad y de los delirios
de grandeza del ser humano, que puede ser tremendamente destructiva y, por eso
mismo, puede aplastar a sus oponentes. Además, así como el gran monstruo verde
sólo encuentra razón de ser cuando está frente a Betty Ross, su amada, Avengers Assemble sólo cobra sentido
gracias a la devoción de sus fans.

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