El ranking 2012 de la Ramona de las mejores películas hispanoamericanas

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1. No (2012, Chile/México) de Pablo Larraín

Para la película No, del chileno Pablo Larraín, todo ha sido Sí. En diciembre sí fue preseleccionada para representar a Chile para competir por el Oscar al mejor filme de lengua no inglesa (junto a Amor del maestro Haneke); sí se impuso en la Quincena de realizadores en Cannes de este año; sí ha movilizado a todo un país, refrescando un importante y esencial evento de su memoria reciente, como fue el plebiscito de 1988 que buscaba derrocar a la dictadura de Pinochet de manera democrática, en la que se daba 15 minutos por televisión nacional para la campaña del Sí y otros 15 a la del No; sí eligió a un maestro del guión como es el mexicano Pedro Peirano; sí contó con un conmovedor personaje principal, René Saavedra, protagonizado por un misterioso e intenso Gael García Bernal, en su mejor papel: el joven publicista que representa a los políticos y creativos que lideraron la campaña del No en Chile; sí mezcla acertadamente la ficción y la realidad, con material de archivo de la televisión de los ochenta y material nuevo, reforzando el sentimiento de realidad; y sí, quizá el sí más importante, ha puesto la historia chilena reciente en la mirada de la audiencia mundial, y esto es un puro y entregado acto político.
No nos enseña mucho más que la forma en que pudo derrocarse a un dictador, de forma pacífica y democrática. ¿Suena pedagógico? ¿por qué NO? (Alba Balderrama)



2. El estudiante (2011, Argentina) de Santiago Mitre
Para su debut tras cámaras, Santiago Mitre, que ha hecho carrera como habitual guionista de las últimas realizaciones de Pablo Trapero (Carancho, Leonera), confecciona la crónica de aprendizaje de un estudiante llegado a Buenos Aires desde una provincia de la periferia argentina para estudiar en la principal universidad pública de la ciudad capital. Con una cámara impertinente y nerviosa, que se cuela en los pasillos, en las aulas y en los mítines universitarios como si de un documental de periodismo de investigación se tratara, el filme sigue al protagonista que comienza intentado seguir el programa académico de rigor, pero que pronto cede a las tentaciones de la vida política universitaria. Lo interesante es que el realizador no circunscribe su ojo fisgón al mundillo universitario, sino que lo extiende a la vida personal del estudiante, dedicada, de forma especial, a la cacería de amantes pasajeras, entre las que no faltan compañeras de estudios, profesoras y secretarias. Así pues, aunque titulada El estudiante, de lo último que trata la cinta es del estudio, pues es lo que menos hace su protagonista, consumido como está por la dinámica política de la universidad, que primero lo pervierte y luego lo desengaña para completar su verdadero proceso de aprendizaje. (Santiago Espinoza Antezana) 


3. Una pistola en cada mano (2012, España) de Cesc Gay

Aunque el título de la película pueda hacernos pensar en un western o en un thriller policial, esta es una tragicomedia urbana, compuesta por diferentes segmentos protagonizados por hombres contemporáneos que están acosados por su inseguridad ante la vida, el deseo, el trabajo, el sexo, la familia, las responsabilidades y otros fantasmas relacionados con la cotidianeidad de los adultos de hoy día.  El director barcelonés Cesc Gay nos ofrece un conjunto de personajes frágiles, casi patéticos, tan próximos, tan como cualquiera de nosotros. Con un elenco de lujo, prestigioso y talentoso, en el que se cuentan Ricardo Darín, Luis Tosar, Javier Cámara y Eduardo Noriega, en pocos minutos, Gay construye personajes con historia, con contexto, con profundidad. Lo que, irremediablemente, hace que nos interesemos por ellos y, aunque no nos gustaría reconocerlo, que nos veamos en ellos. Este es un relato, a veces demasiado impúdico, sobre lo que pensamos, sentimos y vivimos los hombres. (Andrés Laguna Tapia)



4. Cuchillo de palo (2010, España/Paraguay) de Renate Costa
Aunque de producción española, Cuchillo de palo es una película paraguaya que, entre otras muchas virtudes, funciona como un muy buen ejemplo de la vitalidad que la cinematografía del país vecino ha cobrado en los últimos años. En este documental, la joven realizadora paraguaya, Renate Costa, se propone hacer una indagación familiar centrada en la vida de un tío suyo (hermano de su padre), fallecido en circunstancias extrañas y dueño de un pasado del que se sabe y dice poco. Lo poco que se conoce de él es que, siendo homosexual en tiempos en que la dictadura de Stroessner tenía entre sus pasatiempos la represión de las minorías sexuales, debió fabricarse una vida secreta, de la que poco o nada sabían o querían saber sus padres y hermanos. De esta forma, lo que en principio se plantea como una pesquisa familiar, de a poco, va convirtiéndose en un ejercicio de recuperación de la memoria colectiva y en un arreglo de cuentas histórico con el pasado dictatorial de su país. Un pasado, marcado por el reino de los dogmas, el pensamiento conservador y la represión, que, en buenas cuentas, encarna el propio padre de la realizadora, con quien, a la larga, acabará chocando y enfrentándose ante la cámara. (SEA)


5. La vida útil (2012, Uruguay/España) de Federico Veiroj
Lanzada internacionalmente en 2010, La vida útil desembarcó en salas bolivianas recién en meses pasados para convertirse en una de las sorpresas más gratas de la cartelera nacional del pasado año. Tras su auspicioso debut con Acné (2008), Veiroj echó mano para su segundo largo de un relato, en apariencia, sencillo y mínimo, pero tratado con gran inteligencia formal y resuelto con un no menos audaz discurso metacinematográfico. La cinta se ocupa de un fragmento de la vida de Jorge, un dedicado empleado de la cinemateca uruguaya, que, de la noche a la mañana, será retirado de su fuente de trabajo por falta de recursos económicos. Rodada en un primoroso blanco y negro, La vida útil apunta a actualizar el interminable debate sobre la muerte del cine, que en el filme ilustra la crisis económica y de público de la cinemateca, recinto por antonomasia de la cinefilia. Pero, aunque reconoce la amenaza real de la crisis del cine en un contexto como el descrito, Veiroj no cede al pesimismo a ultranza. Por el contrario, apelando a un sublime diálogo con los códigos estilísticos y genéricos del cine clásico, reivindica la vitalidad del cine y su capacidad para funcionar como una máquina generadora de magia, esperanza y –por qué no- finales felices en la propia vida de quienes han sido consumidos por el espectáculo de las sombras en movimiento. (SEA)


6. Post tenebras lux (2012, México/Francia/Alemania/Holanda) de Carlos Reygadas
Si algo tiene el último largo del realizador mexicano, Carlos Reygadas, por el que se llevó el premio al Mejor Director en el pasado Festival de Cannes, es una potencia visual y sonora arrebatadora. Con ella alcanza un estado de abstracción audiovisual extremo, que ya dejaba entrever en sus anteriores trabajos, pero que es aún mayor en este su más reciente filme. Aunque puede que Luz silenciosa siga siendo su mejor obra hasta la fecha, Post tenebras lux exuda una belleza plástica y un preciosismo sonoro incontestables, a momentos superiores a los de todas sus anteriores cintas. (SEA)




7. Grupo 7 (2012, España) de Alberto Rodríguez
Esta dura película narra mucho más que las aventuras y desventuras de un grupo de patrulleros, es un impactante retrato de la España de los años de la transición democrática. Un tiempo en el que una generación se caía a pedazos por el consumo de heroína y de otras drogas, en el que la pobreza y la prostitución reinaban las calles de un país que antes de la crisis económica actual se jactaba de haber hecho realidad un milagro. Ambientada en los años anteriores a la exposición internacional de Sevilla, la película cuenta como grupos policiales se dedicaron a hacer limpiezas sociales (con toda la connotación reaccionaria que puede tener el término), para que España muestre su mejor, aunque falsa, cara al mundo.  Con grandes actuación, con el ritmo de cualquier buena película de acción, la obra de Rodríguez es una interesante muestra de cine social y crítico. (ALT)


8. Los viajes del viento (2009, Colombia/Alemania/Argentina/Holanda) de Ciro Guerra

El segundo largometraje del realizador colombiano Ciro Guerra fue una de las gratas sorpresas de 2012, aunque haya llegado a nuestras salas tres años después de su estreno oficial.  La cinta cuenta la historia de Ignacio Carrillo (Marciano Martínez), un viejo y respetado juglar vallenato, que decide realizar un largo viaje, montado en su burro, en busca de su mentor. Quiere devolverle el acordeón que le regaló, pues ya no puede controlarlo, le atribuye sus males y pesares. Contra su voluntad, lo acompaña en su travesía Fermín (Yul Núñez), un muchachito que quiere aprender los secretos del vallenato. La película sigue ese clásico modelo de viaje iniciático, en el que un viejo sabio, experimentado y descreído, debe relacionarse con un joven inocente lleno de esperanza. Ambos terminarán aprendiendo del otro y formarán una relación que supera lo meramente fraternal. En un contexto histórico y social apasionante, con una fotografía portentosa y con una banda sonora capaz de conmover al melómano más exigente, Los viajes del viento es una obra poética, sobre la poesía y la música popular. (ALT)


9. Violeta se fue a los cielos (2011, Chile) Andrés Wood

“Qué te cuesta mujer árbol florido/ álzate en cuerpo y alma del sepulcro/ y haz estallar las piedras con tu voz/ Violeta Parra” (Nicanor Parra)

Justo cuando se cumplen 45 años del suicidio de la cantante, artista polifacética y folklorista chilena, Violeta Parra, se estrena la esperada película de Andrés Wood sobre la vida de esta, ante todo, mujer excepcional. Violeta se fue a los cielos nos muestra a Violeta Parra (Francisca Gavilán) sentada a sus cuarenta y pico, en la carpa que erigió en La Reina para cantar y vivir, sola, con la luz del sol entrando por las grietas del techo viejo, con su vestido hecho de retazos de tela por ella misma. Es visitada por sus vivencias, sus recuerdos, sus canciones y sus sueños; no está muerta, no ha muerto. Está en la carpa y, desde allí, su música, su poderosa voz y poesía nos llegan y calan dentro. Entre cuecas, risas, baile y lágrimas, muchas lágrimas de dolor, asistimos a la vida de Violeta, porque muerte no hubo nunca. (AB)


10. Blancanieves (2012, España/Francia) Pablo Berger
Elegida unánimemente como la mejor película española de 2012, la versión cinematográfica que ha realizado Pablo Berger del clásico infantil es una arriesgada inmersión en los códigos formales del cine de las primeras décadas del siglo pasado, con guiños incluidos a Lang, Browning y otros tantos referentes de aquella época dorada del cine. Sin embargo, la apuesta de Berger -autor de la muy apreciable Torremolinos 73- es aún mayor, porque se sirve de los códigos de aquel cine para acomodar su versión de Blancanieves en la región andaluza de principios del siglo XX. Así, lo que resulta es un filme mudo y en blanco y negro (como The artist), pero también un relato infantil reconvertido en una “españolada”, con una Blancanieves y los enanos haciendo de toreros y una banda sonora aflamencada. (SEA)


11.   Ciudadela (2011, Bolivia) de Diego Mondaca
Con un tenor diferente al de su celebrado cortometraje, La Chirola, Mondaca realiza un cuidado retrato de la cárcel de San Pedro en ciudad de La Paz. Ciudadela, a través del registro observacional, nos muestra la naturaleza comunitaria del ser humano y la capacidad de adaptación que tiene. En este documental el verdadero personaje es San Pedro como totalidad, que aunque parece una réplica de La Paz, sigue siendo un espacio en el que la violencia y la represión están latentes, aunque casi siempre se mantengan fuera de campo. (ALT)





11. Aquí y allá (2012, México/España/Estados Unidos) de Antonio Méndez Esparza
Ganadora de la Semana de la Crítica del pasado Festival de Cannes, Aquí y allá ensaya una nueva inmersión en el drama migrante de los mexicanos en Estados Unidos, tanto de los que se van como de los que se quedan. Para ello, la cinta, dirigida por el español Antonio Méndez Esparza, cobra la forma del docudrama, esa cruza entre cine documental y argumental, en el que los protagonistas reales recrean su propia historia. El resultado es un relato que rebosa una genuinidad cada vez más difícil de lograr en las películas de su temática. (SEA)




12. La sirga (2012, Colombia/Francia/México) de William Vega
Presentada en una de las secciones paralelas del pasado Festival de Cannes, La sirga es una película que revela el buen momento que atraviesa la cinematografía colombiana, y no sólo por el buen hacer de los nuevos realizadores, sino también en virtud a su ejemplar política estatal de apoyo al audiovisual. Estas cualidades se traducen en una cinta como la de William Vega, que explora en los daños, el miedo y la tensión que han sembrado los conflictos armados en Colombia, pero a partir de la sugerencia, apelando más al fuera de campo que a las imágenes explícitas. (SEA)





13. Perfidia (2009, Bolivia/Estados Unidos) de Rodrigo Bellott

Aunque mal promocionada ante el público, la tercera película del realizador boliviano Rodrigo Bellott, Perfidia, es una historia de amor y suspenso bellamente desarrollada en las montañas nevadas de Nueva York. Pero no es sólo eso, es una obra arriesgada que apuesta por la contemplación, la no linealidad narrativa y la corporalidad y expresión de un actor como es Gonzalo Valenzuela (Chile), para contarnos con poesía una historia de amor y traición que emula el son de la canción romántica “Perfidia”. (AB)






14. Un cuento chino (2011, Argentina) Sebastián Borensztein

Ricardo Darín convierte esta pequeña e iluminada historia en una gran película, que nos habla del lenguaje universal: los cuentos. A través de un cuento, un chino y un argentino protagonizan una historia en la que se habla mucho pero se entiende poco. Lo que sí se entiende es el dolor y la lucha por superarlo; eso no requiere de traducción. (AB)






15. Carne de perro (2011, Chile/Francia/Alemania) de Fernando Guzzoni
Multipremiado en diversos festivales, el filme dirigido por Guzzoni es un retrato rudo, crudo y visceral de un militar chileno retirado, violento y deprimido, de cuyo pasado se nos cuenta poco o nada, aunque lo intuimos vinculado a las fuerzas de represión del régimen pinochetista. Carne de perro ofrece, adicionalmente, una mirada ácida del mundillo de las sectas evangelistas, que es visto como escenario de perdón y redención del pasado violento de su protagonista, que es también el pasado de una gran parte de su país. (SEA)






16. Insurgentes (2012, Bolivia) de Jorge Sanjinés

Insurgentes trata sobre el tiempo del cine revolucionario, como todas las películas de Sanjinés. Tiempo boliviano, que forja nuestra memoria de país. Con Insurgentes, Sanjinés nos obliga no solo a repensar la historia y a mirarnos en nuestros héroes del pasado, aquellos tan poco conocidos; sino que nos lleva nuevamente a reconocernos en su teoría sobre el cine del pueblo junto al pueblo. Es un volver al cine de Sanjinés. (AB)





17. La demora (2012, Uruguay/México/Francia) de Rodrigo Plá
La demora constituye otro buen ejemplo de la gran factura del cine uruguayo contemporáneo, que, lejos de la promiscuidad de estrenos (tan propia del cine boliviano como de otras cinematografías), apuesta a lanzar unos pocos títulos por año, pero procurando sujetarse a unos altos estándares técnicos, formales y discursivos. En el filme de Plá, este rigor está al servicio de un relato que aspira a alimentar el debate sobre la vejez y sus miserias, pero sin llegar, en ningún momento, a juzgar a sus protagonistas, en virtud a un tratamiento narrativo que encuentra en la contención su mejor arma. (SEA)




18. El artista y la modelo (2012, España) de Fernando Trueba
Quienes anunciaban que Fernando Trueba (Belle Époque, La niña de tus ojos) estaba cinematográficamente muerto y solo resucitable mediante documentales o cintas animadas, seguramente se habrán tragado sus palabras o se las tragarán, tras ver la más reciente ficción del realizador español, en la que realiza un inteligente y sensible acercamiento a temas tan estimulantes como la creación artística, la vejez, el compromiso político o las pulsiones carnales y sentimentales. (SEA)





19. Joven y alocada (2012, Chile) de Marioly Rivas
Con una puesta en escena que aspira a trasladar la estética digital bloguera al cine, esta desenfadada, irreverente y muy lúdica película -premio al Mejor Guión de la sección World Cinema del pasado Festival de Sundance- cuenta las aventuras de una joven de 17 años, que enfrenta las ataduras de una muy estricta familia evangelista dando rienda suelta a un impulso de exploración sexual que parece no tener límites. Una muestra más de la muy buena salud que goza la cinematografía chilena, acaso la más apreciada y estimulante de las de Latinoamérica en estos momentos. (SEA)




20. Las bellas durmientes (2012, Bolivia) de Marcos Loayza
Si esta nueva ficción de Loayza sobrevive a su desprolijidad formal, es porque el realizador ha sabido conservar algunas de sus mejores virtudes como guionista y porque, por fortuna, no ha perdido su oficio para la dirección de actores. A estas cualidades le debemos que Las bellas durmientes se imponga como una inteligente y audaz aproximación al cine policial en el contexto local. La cinta nos revela la imposibilidad de realizar una película policial en un país en el que los crímenes no están para ser resueltos, sino para quitarlos del paso en cuanto antes, para cerrarlos a como dé lugar y para archivarlos sin importar el costo moral, social o humano que ello demande. (SEA)




20. San Antonio (2012, Bolivia/Argentina) de Alvaro Olmos

El primer documental del realizador boliviano, Álvaro Olmos, es un paseo sobresaltado, peligroso, arriesgado y profundo a la cárcel de San Antonio en Cochabamba. Una prisión que no es de máxima seguridad, no tiene fuertes rejas o estricta seguridad y es un misterio absoluto, tal como los casos de los internos que se retratan en San Antonio. (AB)









 * Ranking publicado el 6 de enero de 2013 en la Ramona de Opinión

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