El ranking 2012 de la Ramona de películas internacionales
Como cada año la Ramona hace una revisión de las cintas más
relevantes que se estrenaron en Bolivia y afuera de nuestras fronteras a lo
largo del año que concluyó.
Organizadas en dos listas, en dos “top 20”, uno de cine
internacional y otro de hispanoamericano, con varios empates técnicos, estas son
las recomendaciones imprescindibles de los miembros de nuestra redacción, estas
son algunas de las películas que merecen nuestro más sincero reconocimiento.
La película más intrigante y enigmática del año,
es también una de las más deslumbrantes, vitales, perturbadoras y sugestivas. Holy Motors de Leos Carax, es la obra
que no se puede dejar de ver, una verdadera pieza de arte total estrenada en
2012. De estructura fragmentaria, con un personaje, Messieur Oscar (un Denis
Lavant que va más allá de lo prodigioso), que se metamorfosea –literalmente- de
acuerdo a la situación a la que debe enfrentarse, esta es una gran metáfora del
vivir/interpretar, del vivir interpretando y/o del vivir para interpretar. El
primer largometraje en más de una década de este realizador francés, desafía al
espectador, lo obliga a desempolvar su capacidad para sentir y reflexionar.
Además, nos hace sospechar que si hay un ser humano que cree que el cine es la
vida misma ese parece ser Carax, pues su cinta parece ser una intensa narración
en la que el fin del mundo es el fin del cine. Y viceversa. La propuesta
visual, el guión, las actuaciones y el discurso de Holy Motors, nos recuerdan la naturaleza divina del cine. (Andrés
Laguna Tapia)
1.
El Havre (2011,
Finlandia/Francia/Noruega) de Aki Kaurismaki
Para su segunda producción realizada en Francia,
Kaurismaki trae de vuelta al personaje principal de la primera cinta que
hiciera en tierras galas (La vida de
bohemia, 1992), Marcel Marx, al que da vida el mismo actor, André Wilms. El Havre está planteada como un cuento
de hadas, en el que, por encima de las aciagas peripecias a las que se
enfrentan los personajes, se impone el optimismo y la esperanza como armas para
vencer a la adversidad. Sin embargo, aunque deliberadamente ingenuo, este
cuento de hadas revela un abierto gesto político, en la medida en que
reivindica la solidaridad como mecanismo de resistencia de los más débiles ante
las injusticias sociales y económicas. El visionado de El Havre bien puede sumir al espectador en un estado de ingenuidad
y optimismo cuasi infantil, ideal para el disfrute de los cuentos hadas que
narra Kaurismaki, en los que el escepticismo y el desánimo no tienen cabida. La
cinta anima a no renunciar al optimismo, a seguir creyendo en el milagro.
(Santiago Espinoza A.)
2. Amour (2012, Austria/Francia/Alemania)
de Michael Haneke
Con este filme -Palma de Oro en el Festival de
Cannes- , que relata la dolorosa convivencia entre una anciana que padece una
enfermedad degenerativa y su no menos anciano esposo que debe cuidarla, Haneke
emprende un “tour de force” en el que descubre los parajes menos sublimes del
amor para refugiarse en sus moradas menos acogedoras y recostarse en sus
esquinas más incómodas y desdichadas. No es del amor que inspira, crece,
enriquece o vivifica del que se ocupa el cineasta, sino de aquel que se
desmorona, de ese que enfrenta una corrosión irreversible de los pilares en que
se sostiene la vida de pareja: el cuerpo, la memoria y los sentimientos. Es la
declinación del amor la que compromete su visión creativa, un compromiso que
pocos como él se atreverían a asumir y conducir hasta sus últimas
consecuencias. (SEA)
3. La invención de Hugo Cabret (2011, Estados Unidos) de Martin
Scorsese
La
invención de Hugo Cabret es
un homenaje en toda regla a Méliès. Un homenaje que se
materializa en la trama de la cinta, en la que se reivindica la necesidad de
descubrir, conservar y difundir el legado cinematográfico del mago cineasta
francés y, por extensión, de los pioneros del cine. Y un homenaje que se revela
también en la forma: en la apuesta por explorar en las posibilidades creativas de
la tecnología para montar un espectáculo único e irrepetible, el espectáculo
que montó Méliès a principios del Siglo XX y que Scorsese ha
vuelto a montar a principios del nuevo milenio. Estamos, pues, ante un homenaje
cabal a la ética de trabajo del pionero realizador francés, a su vocación por
experimentar sin complejos con el invento –ayer el cinematógrafo, hoy el 3D-
hasta justificar su uso en una explosión de imágenes inverosímiles, capaces de
fascinar y de dejar boquiabierto hasta al más recio de los escépticos de la
tecnología. (SEA)
4. Drive
(2011, Estados Unidos) de Nicolas Winding Refn
Es un joven solitario, impasible, silencioso y talentoso. Viste una
inconfundible chaqueta blanca
ochentera con un escorpión dorado en la espalda, ama los autos, ama
manejarlos, es conductor especialista para el cine de acción, trabaja como
mecánico de autos en un taller y en las noches maneja para delincuentes sacándolos
de la escena del crimen sanos, o enfermos, pero salvos. Se llama Driver, como
conductor en inglés, y es violento en extremo. Es el personaje más perturbador,
conmovedor e inquietante de las películas estrenadas el 2012. Es el personaje
principal de Drive, una pequeña obra
maestra del cine independiente gringo, porque, más allá de alzarse como una
película de género y de un homenaje al cine criminal de los ochenta, es la
película de un hombre solo, Driver (interpretada por un imperturbable y
enternecedor Ryan Gosling). A este hombre lo acompañan la nostálgica fotografía
del cine clase B, la cavernosa
música que parece el latido de un corazón gigante, urbano y sangriento
y, claro, su sombra que grita: descíframe. (Alba Balderrama)
5. Moonrise kingdom (2012,
Estados Unidos) de Wes Anderson
Wes Anderson es uno de los pocos directores en
actividad que tienen un estilo muy definido, con una estética reconocible,
llena de recurrencias. Además de contar con un grupo de actores infaltables,
sus obras están llenas de lirismo, de magia, de melancolía, de un bizarro
sentido del humor, de situaciones poco probables –pero no por eso poco
creíbles-, de un romanticismo tan sutil como intenso. Moonrise Kingdom es la magnífica continuación de su obra. Llena de
poesía, esta es otra de sus historias sobre seres irremediablemente
disfuncionales. Y aunque sus personajes son algo así como las piezas que no
encajan en el rompecabezas de la normalidad, son pequeñas delicias que habitan
un universo de ensoñación y fantasía. Moonrise
Kingdom es una historia de amor entre dos niños que sólo encuentran sosiego
el uno en el otro. Pero también es una historia, sobre imposibilidades. Esta
cinta, con la amabilidad que puede tener una canción de cuna, nos habla de las
cosas más dulces de la vida. Pero, así como las canciones de cuna suelen tener
alguna amenaza tenebrosa escondida, también es un bello y tenue aullido de
frustración. (ALT)
6. Bestias
del sur salvaje (2012, Estados Unidos) de Benh
Zeitlin
Todo en el mundo, hasta las bestias más salvajes, tiene un corazón que
late. Y eso, para una niña que se llama brillantemente Hushpuppy
(Quvenzhané Wallis), que vive en el Sur de Estados Unidos, que
adivinamos lo ha perdido casi todo por el feroz paso de un huracán que podría
ser el Katrina, que vive con su padre al borde de la muerte entre mascotas
mugrosas y malolientes, en la absoluta pobreza, en un ecosistema difícil y
peligroso, con los ecos de todos esos corazones que laten, incluso de los
animales prehistóricos que su maestra le contó que son su pasado, todo eso es
lo que la sostiene y alimenta. La alimentan más que un pedazo de cangrejo, más
que una cómoda y seca cama. Bestias del
sur Salvaje, contundente opera prima
de Benh Zeitlin, retrata la vida de esta niña, su mirada que no pierde la
sorpresa ante el mundo y ante los otros. Una joya visual, lírica y poética, que
ganó merecidamente la Cámara de Oro del Festival de Cannes 2012 y otros
galardones en el Festival de Cine Sundance. Es una película imprescindible, que
enseña a ver el mundo como un lugar milagroso, pero también al cine como un
lugar que late. Una película que si alguien se la pierde, hará que el corazón
de una de esas hermosas criaturas, que puede ser el suyo, deje de latir. (AB)
7. Cosmopolis (2012, Canadá/Francia/Portugal/Italia)
de David Cronenberg
Por más de cuatro décadas David Cronenberg ha
realizado un cine inquietante, audaz y de gran efectividad narrativa. Ha
tratado con dureza algunos temas recurrentes: las relaciones de poder, las
diferentes manifestaciones de lo sexual, la complejidad de la psiquis humana y
la modernidad. Por tanto, parecía que la adaptación de la novela de Don
DeLillo, Cosmopolis, le permitiría
hacer su obra culmen, su gran manifiesto artístico y discursivo. Y de alguna
forma lo es. En esta película, que por momentos llega a ser asfixiante,
reflexiona sobre los grandes temas que le interesaron a lo largo de su carrera.
Aunque en ella deja de lado, descuida, sus grandes dotes de narrador, es una
propuesta que rompe con el cine de características industriales, tan estéril,
que prolifera en el mundo. Eso es un mérito en sí. Cronenberg jamás le ha
tenido miedo a producirle sensaciones desagradables al espectador para
despertarlo de su letargo. Cosmopolis hace
una especie de camino inverso, hace que nos detengamos y que, medio
aletargados, pensemos en lo desagradable que es el mundo en el que vivimos.
(ALT)
8.
Take
shelter (2011, Estados Unidos) de Jeff
Nichols
En el principio, está la naturaleza y en Hollywood está, desde siempre, el
miedo a la naturaleza, con sus grandes películas apocalípticas. En el estado de
Ohio está la naturaleza fotografiada con excepcional belleza por la cámara de Adam Stone en una película que se denomina Take Shelter, que, traducida al español,
dicta: “refúgiense”. La película se alza sobre ese miedo a la naturaleza que
nos enseñó el cine de Hollywood y nos cuestiona: ¿debemos refugiarnos de la
terrible premonición que Curtis LaForche (Michael Shannon) tiene sobre una tormenta que se
avecina “como ninguna otra que hayan visto en el pueblo” o de sus propios
sueños y visiones sobre una tormenta que solo existe en su cabeza, fruto de sus
miedos, de esa tormenta que anida en su propia naturaleza humana? (AB)
9. Los descendientes (2011, Estados Unidos)
de Alexander Payne
En Los descendientes,
Payne vuelve a explorar en las cuitas –no exentas de humor, claro- de un hombre
enfrentado a una tragedia doméstica que pone al descubierto su despiste vital y
su incapacidad crónica para encontrar su lugar en el mundo. Al igual que el
protagonista de la cinta, Payne acaba dándole sentido a un accidente: una
película que llegó circunstancialmente a sus manos, pero en la que encontró una
oportunidad única para construir una nueva pieza de su –no por breve- poderosa
filmografía, para orquestar una nueva celebración del absurdo en la tragedia,
para profundizar esa mirada suya tan cáustica y tierna por esos entrañables
perdedores a los que consagra su cine, y para ratificar su fe en el fracaso, en
la pérdida y en la crisis como estados ineludibles de cara a la redención y a
la sobrevivencia. (SEA)
10. La cueva de los sueños olvidados
(2010, Canadá/Estados Unidos/Francia/Alemania/Reino Unido) de Werner Herzog
Dos años después de su premier, llegó al mundo
hispanohablante el formidable documental de Herzog, en el que junto a un grupo
multidisciplinario de científicos y a un pequeño equipo cinematográfico, visitó
la cueva de Chauvet, en el sur de Francia, lugar en el que se encuentran las
pinturas más antiguas de las que se tiene conocimiento. Además de ser un
espectáculo visual extraordinario (se la puede ver en 3-D), es una brillante
reflexión sobre la condición humana y sobre la civilización, realizada por una
de las mentes más creativas, agudas y originales de nuestro tiempo, Werner
Herzog. (ALT)
11. Looper (2012, Estados Unidos/China)
de Rian Johnson
Cada vez es menos frecuente que una película de
ciencia ficción sea inteligente y entretenida, que dentro de los tópicos del
género, tenga cierta frescura e ingenio, que sea propositiva. Emparentada con La jetée y 12 Monkeys, Looper
recupera lo mejor de un género vapuleado y además cuenta con grandes
interpretaciones de Bruce Willis, Joseph Gordon-Levitt y Emily Blunt. (ALT)
12. The deep blue sea (2011, Reino Unido)
Terence Davies
En la más reciente cinta del realizador de
Liverpool, las marcas autorales que ya patentara en Voces distantes y El largo
día acaba recobran su mejor forma para narrar la historia de una esposa
infiel (Rachel Weisz en el mejor papel de su carrera), consumida por un amor
intenso y destructivo, contra el que debe luchar, en el marco de la Inglaterra
de la posguerra, bañada de bruma, canciones de taberna y melodías clásicas.
(SEA)
12. Después de mayo (2012, Francia) de Olivier
Assayas
Tras la ambiciosa y muy elogiada Carlos, el francés Olivier Assayas
volvió en 2012 con Aprés Mai, cinta
por la que se llevó el premio al Mejor Guión en el Festival de Venecia, en la
que ensaya una acertada y muy vigente mirada sobre un grupo de jóvenes
franceses de la generación post Mayo del ’68, que, de paso, se permite un
pequeño guiño a El coraje del pueblo
de Sanjinés. (SEA)
13. Magic Mike (2012, Estados Unidos) de
Steven Soderbergh
Una película sobre el mundillo de los strippers
masculinos a primera vista no promete mucho más que retratar el culto que se le
hace a la juventud, a la belleza y a lo efímero en la sociedad occidental.
Soderbergh hace eso de manera magnífica, pero también devela el vacío
existencial al que conduce ese vivir para lo trivial, lo superfluo, lo
superficial. Este es un relato sobre la víctimas de la sociedad de consumo.
(ALT)
13.
Kill them softly (2012, Estados
Unidos) de Andrew Dominik
El director de la sorprendente El asesinato de Jesse James por el cobarde
Robert Ford repite con Brad Pitt
para narrar en Kill them softly una
historia de mercenarios y ajustes de cuentas, que aunque parece ambientada en
un mundo apocalíptico, tiene como telón de fondo –en especial, sonoro- las
cloacas urbanas de unos Estados Unidos próximos a elegir a Obama como su primer
Presidente negro. (SEA)
14. This is not a film (2011, Iran/Estados Unidos) de Jafar Panahi
¿Qué hace un director de cine confinado a prisión domiciliaria por haber
hecho cine y con la prohibición de hacer películas por 30 años? Hace cine. Jafar
Panahi, en Esto no es un película, reflexiona sobre las privaciones
artísticas de los directores del cine iraní contemporáneo, sobre lo tramposo de
la censura, sobre la contrariada relación entre el sistema político de su país
y el arte, y sobre la esencia de su cine. En Esto no es una película, es el cine quien habla y se apodera de uno
de sus mejores directores. (AB)
15. El espía que sabía demasiado (2011,
Reino Unido/Francia/Alemania) de Tomas Alfredson
Basada en la novela de John le Carré, la
esperada nueva entrega del director de Déjame
entrar ensaya una inequívoca evocación de forma y fondo del pasado. De
forma porque su acabado visual nos remite a algunas de las mejores cintas de
espionaje de los sesenta y setenta. Y de fondo porque su trama está atravesada
por una sensación desgarradora de nostalgia, encarnada en unos personajes que
alguna vez compartieron una feliz hermandad, pero que, a la larga, terminaron
por destruirse unos a otros. (SEA)
15. Reality (2012, Italia) Matteo Garrone
Alejado del registro seco y cuasi documental de Gomorra, su premiada adaptación de la
obra de Roberto Saviano, el italiano Matteo Garrone emprende en Reality una disección implacable del
poder que es capaz de ejercer a fin de sustituir la vida cotidiana de las
gentes de a pie por el espectáculo ilusorio de los formatos televisivos
posmodernos, herederos glamorosos del
“Gran Hermano”. (SEA)
16. Argo (2012, Estados Unidos) de Ben Affleck
El cine nos salva, siempre. Nada más que ver Argo para comprobarlo. Atajando todos los preconceptos que podrían
surgir del nombre de su afamadísimo director, esta película retrata los hechos
reales que hicieron al rescate de seis estadounidenses de Teherán en plena
convulsión en Irán el año 1979, en el que la CIA utilizó la producción de una
película falsa de ciencia ficción para sacar a los rehenes con vida. El cine
dentro del cine, en una película de entretenimiento puro; eso sí es un avance
inteligente de Hollywood. (AB)
16. Martha Marcy May Marlene (2011, Estados
Unidos) de Sean Durkin
En esta cinta, una de las grandes apuestas del
circuito indie de los Estados Unidos,
Sean Durkin encara una arriesgada inmersión en el mundo de las sectas paganas
del país del norte, que está revestida como una inteligente e inquietante cinta
de terror psicológico, protagonizada por la hermana más joven y también más
talentosa de las gemelas Olsen. (SEA)
17.
El capital (2012, Francia) de Costa Gavras
En El
capital, título por demás sugerente, el incombustible cineasta
greco-francés apunta el dedo acusatorio contra los tiburones financieros de
Europa y Estados Unidos que han sumido al Viejo Continente en una de las más
terribles crisis económicas de su historia, adoptando un estilo que, sin
renunciar al humor y al didactismo, no se permite medias tintas cuando de
buscar culpables se trata. (SEA)
17. Pina (2011, Alemania) de Wim Wenders
Pina, del intelectualísimo
director Wim Wenders, es uno de los documentales más intensos que se han visto
el 2012. El film de un experto en hacer películas de viaje, o road movies, en sus películas utiliza autos, trenes,
aviones, inclusive, ángeles caídos que vehiculan al espectador inmóvil hacia el
interior del cine y al interior de personajes en tránsito y en búsqueda. En Pina sucede lo mismo, el viaje lo
hacemos en el cuerpo de los bailarines y de la propia Pina Bausch para quien
solo existió una respuesta a todo: bailar. (AB)
18. Shame (2011, Reino Unido) de Steve
McQueen
Aunque peque de un esteticismo a momentos
exasperante, comprensible por el pasado como videoartista de su director, Shame es una contundente fábula
contemporánea sobre el poder destructivo que acarrea, por un lado, la búsqueda
del placer y, por otro, la voracidad de la vida en las grandes urbes, que se
ceba con los personajes encarnados por Michael Fassbender y Carey Mulligan (y
su versión de “New York, New York”), ambos en estado de gracia absoluto. (SEA)
18. Secretos de Estado (2012, Estados
Unidos) de George Clooney
Puede que no sea la mejor película que haya
dirigido George Clooney, pero eso no le quita a Secretos de Estado sus cualidades: un reparto de lujo (con Ryan
Gosling a la cabeza), una descarnada disección de la política estadounidense y
una banda sonora que nada tiene que envidiarle a lo de los thrillers políticos
de los sesenta y setenta. (SEA)
19. En la casa (2012, Francia) François Ozon
Concha de Oro de la
edición 60 del Festival de San Sebastián, En la casa deriva entre el
suspense autoral, la comedia culta y la reflexión metaliteraria, en la que las
fronteras entre la vida real y la ficción –para los personajes, pero también
para los espectadores- se difuminan hasta crear un clima de duda y especulación
insalvable. Una obra redonda, que contiene algunas de las preocupaciones más
recurrentes de la obra Ozon (Swimming
pool, 8 mujeres) y que reúne sus mejores virtudes
estilísticas. (SEA)
20. Alps (2011, Grecia/Francia) de Yorgos
Lanthimos
Puede que Grecia se esté cayendo a pedazos y que
en 2012 haya perdido a su más grande cineasta (Angelopoulos), pero mientras
haya cineastas tan interesantes como Yorgos Lanthimos no todo estará perdido.
Al menos, eso se desprende del visionado de su nuevo largo (tras la
sorprendente Canino), en la que lleva
a extremos impensables los juegos de un grupo de perdedores entregados a curar
las penas y las pérdidas de los otros. (SEA)
20. 50/50 (2011, Estados Unidos) de Jonathan
Levine
Realizar una comedia sobre el cáncer es un acto
valiente. Si la película no busca ni la risa, ni la lágrima fácil, estamos
frente a un logro. Si, sin cursilerías, conmueve y construye empatía con los
personajes, merece elogios. 50/50 es
una película sobre la vida, en la que el heroísmo reposa en los pequeños
gestos, en la lealtad, la sensibilidad y el cariño incondicional. Si además nos
da la oportunidad de volver a ver a Seth Rogen fumando marihuana, no queda más
que agradecer. (AL)
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