Proyecto mágico: La alegría del pueblo
Andrés Laguna Tapia
Lo que está fuera de campo
es fundamental. Eso es aplicable al cine y al fútbol. Proyecto Mágico, el cortometraje documental del malagueño Manuel
Jiménez (que se proyectó en la Muestra Alcances en Cádiz y en los festivales de
Lanzarote y Málaga), entiende perfectamente eso cuando se aproxima a la leyenda
del extraordinario jugador que en los años ’80 hechizó a la afición del Cádiz
CF.
Jorge Alberto González
Barillas, más conocido como Mágico González, es la máxima estrella de la
historia del fútbol salvadoreño, que llegó a la Liga española después de haber
hecho un buen papel en la Copa del Mundo del ’82. Muchos de los que lo vieron
jugar aseguran que no existió un talento comparable. Para sus fieles, ni Pelé,
ni Messi, ni Maradona, están a su altura. Los que no teníamos mucha conciencia futbolística
en sus años de actividad, tenemos que conformarnos con ver grabaciones de
algunas de sus jugadas, que no hacen más que confirmar su célebre mote.
Evidentemente, Proyecto Mágico es una película sobre
fútbol. Es un gran homenaje a González. Pero, curiosamente, durante los poco
más de 20 minutos de metraje no vemos ni una sola jugada, ni un gol, ni
siquiera un regate, no hay imágenes de archivo. Mágico está fuera de juego, no
sale en el cuadro. Pero, al mismo tiempo, está en todas partes. Lo que hace
Jiménez es alejarse del lenguaje del documental deportivo de tono periodístico
al que estamos tan acostumbrados. Pues lo que le interesa es registrar la
huella que ha dejado el futbolista en Cádiz. Lo hace a través de las palabras
de los parroquianos de un puñado de bares y tabernas locales, gente que vio
jugar a Mágico, que recrea sus regates a través de la memoria y de la palabra,
que evoca esos momentos que los llenaron de tanta y plena alegría. Confirmando
que lo verdaderamente maravilloso del fútbol –y de la vida- es lo que recordamos,
más que lo que sucedió.
Cada encuadre, con poca
profundidad de campo, es una cuidada postal de la vida en los bares típicos de
la ciudad. Cada plano detalle es un breve esbozo de una cultura y de una
estética regional. La cámara hace que le prestemos atención a los rostros y a
los pequeños elementos que componen la vida gaditana. Las voces en off, con sus
acentos y maravillosas formas de decir, hacen que cada espectador imagine a su
propio Mágico González, que cada quien lo evoque de acuerdo a su singularidad,
que cada uno haga su propia película. Pues el fútbol, el deporte de masas por
excelencia, también es un placer individual.
Además de su obvio talento y
de su habilidad, los parroquianos recuerdan la otra característica que hizo célebre
al salvadoreño, su condición de bohemio, de borracho empedernido, de
profesional anárquico. Algunos lo comparan con Curro Romero, otros con George
Best, todos sienten nostalgia, añoran su humanidad, su generosidad y aseguran
que era el jugador ideal para la idiosincrasia de la región. Mágico fue feliz
en Cádiz y Cádiz fue feliz con él. Amigo de Camarón y de Maradona, de pelo
largo y bigote, desgarbado, el jugador del que nos hablan tiene tanto de
estrella de rock autodestructiva como de héroe popular mítico. Y tiene tan poco
de atleta musculoso y plástico. La gente que habla en el documental parece
anhelar un tiempo en el que el fútbol se parecía más al arte que a la guerra,
en el que la vida estaba más próxima al goce que a los engranajes de una
máquina.
Como les pasó a genios como Garrincha,
Sócrates u Orestes Omar Corbatta, los excesos resquebrajaron el destino glorioso
de Mágico. Pero, durante casi una década, sigue siendo el auténtico campeón de
una ciudad que todavía lo atesora y lo acoge, que le agradece las glorias
deportivas y, ante todo, los desvelos, la cercanía, la indisciplina y la
rebeldía: el hecho de sentir que su forma de ser y de vivir triunfaba en la
cancha. Proyecto Mágico es una
celebración de la condición lúdica del ser humano. Es una celebración de la
memoria popular, de su condición más creativa y vital. Es un canto de aliento
al estilo de vida gaditano. Recurriendo
a un ejercicio de nostalgia, evocando tiempos pasados que fueron mejores, haciendo
uso de la sugerencia, el documental hace presentes a los espectros, manufactura
imágenes que no están en la pantalla, potencia la implicación y la contribución
del espectador al filme. Proyecto Mágico es sobre un jugador de
fútbol que tenía mucho de poeta maldito. Pero, ante todo, es sobre esa hinchada,
sobre ese pueblo, que mantiene vivo su mito, su leyenda, sus proezas, pues esa
historia también es la de ellos mismos. Los relatos son los que construyen a
los héroes. Y son los que le dan vida al juego de la vida.
* Texto publicado originalmente en Panenka, el 9 de mayo de 2013

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