Incertidumbres tácticas. Ensayos sobre democracia, populismo y ciudadanía: Estampas nacionales
Texto
leído en la presentación del libro, realizada el 6 de noviembre en el cuadro de la VIII Feria del libro de Cochabamba
Andrés Laguna Tapia
Quiero comenzar agradeciendo
a todos por su presencia y atención, pero en especial a Fernando Mayorga por
invitarme a comentar su Incertidumbres
tácticas. Ensayos sobre democracia, populismo y ciudadanía. Tal vez está
demás decir que es un honor y un placer tener la oportunidad de reflexionar en
torno a la obra de uno de los intelectuales más importantes y lúcidos del país,
pero creo que vale la pena recalcarlo.
A lo largo de mi vida
profesional y académica mis preocupaciones esenciales y mis mayores esfuerzos
han sido dedicados a reflexionar sobre el cine y la literatura, con especial énfasis
en las obras realizadas en Bolivia. A través de la lectura de ciertas
expresiones culturales, lo que he pretendido ha sido entender mínimamente a
nuestro complejo y contradictorio país. Guardando las grandes distancias,
intuyo que ese es uno de los gestos que me une a Fernando Mayorga y que
justifican mi presencia esta noche. Ambos le hemos dedicado nuestra vida
profesional y académica a intentar dilucidar qué es lo boliviano, esa pregunta
que todo boliviano que se considera boliviano debería intentar resolver –parafraseando
a Jaime Sáenz-.
Tal vez algún desorientado
podría asegurar que hay una distancia importante que divide a los fenómenos
políticos del arte. De ser así, cabría recordar que en nuestro país la gran
mayoría de las expresiones creativas están contaminadas por lo político. Esa
afirmación puede extenderse a todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Es casi
una obviedad, hasta un lugar común: En nuestro país, casi todo el mundo
fundamentalmente habla de dos cosas: fútbol y política. Pero muy pocos lo hacen
como Fernando Mayorga. Lamentablemente, por cuestiones de tiempo, espacio y
coherencia no haré gran referencia del fútbol, aunque seguramente no podremos
evitar que su espectro se manifieste. Específicamente, hoy corresponde
compartir mis reflexiones sobre Incertidumbres
tácticas, sobre un texto que trata diferentes aspectos de la democracia
boliviana contemporánea.
Sabemos que Fernando Mayorga
ha investigando las dinámicas sociopolíticas del país desde hace muchísimos
años y, basta con leer el subtítulo de la obra, para deducir que esta es la
continuación de su valorado trabajo de largo aliento. Incertidumbres tácticas se concentra en un periodo que todavía ha
sido poco estudiado con rigor y ecuanimidad: la segunda gestión de Evo Morales
y del Movimiento al Socialismo. Es decir, sobre la reconfiguración del país
después de la Asamblea Constituyente, sobre la dramática transformación de las
relaciones entre el Estado y los pueblos indígenas, sobre la democracia
intercultural, sobre la ciudadanía intercultural y sobre el curioso proceso de
autodestrucción de las fuerzas opositoras al gobierno (con ese prolongado harakiri
que en la más reciente campaña electoral llegó a tener proporciones hilarantes).
Haciendo uso de su carácter
de intelectual completo, como lo hizo en su libro Encrucijadas. Ensayos sobre democracia y reforma estatal en Bolivia,
Fernando Mayorga vuelve a utilizar imágenes que parecen fruto de lo casi casual
para explicar al país. Las estampillas, los sellos postales, le sirven como
gran barómetro de los movimientos ideológicos del Movimiento Al Socialismo,
valga la redundancia. Hubo un tiempo en el que la estampita con la imagen de
Evo Morales ataviado de indígena valía más que la otra, en la que viste alta costura andina y la banda
presidencial. En las nuevas versiones, los precios han cambiado de manera
radical. Eso es signo, en la lectura de Mayorga, de que el peso del
nacionalismo se ha impuesto al del indigenismo. Jugando con el bello verso de
Mallarmé, me animo a asegurar: una tirada de estampillas jamás abolirá el azar.
Pero, sin dudas, en ellas encontramos pautas para entender los tiempos que
estamos viviendo. Fernando Mayorga apunta algo absolutamente lúcido, el MAS
dominó, articuló, los dos ejes discursivos del campo político que constituyen
el sustento del nuevo modelo estatal: “Por un lado, el nacionalismo como
antípoda del neoliberalismo y expresado en el retorno de la centralidad estatal
en la economía. Por otro lado, el indigenismo como rechazo a la homogeneización
cultural y que se manifiesta en la inclusión de identidades –y la
representación de las demandas- indígenas y campesinas del Estado
Plurinacional” (Mayorga, 2014: 34-35).
Eso dos ejes discursivos,
como señala Fernando, se vieron gravemente cuestionados en las grandes crisis
que ha vivido el gobierno de Evo Morales hasta la fecha, desencadenadas por el
decreto del gasolinazo –en diciembre de 2010-, por las protestas en torno al Tipnis y por las elecciones judiciales,
ambos hechos de 2011. Es decir, a partir de esos momentos, se comenzaron a
generalizar algunas ideas problemáticas. Primero, el nacionalismo del MAS es
fundamentalmente desarrollista y lo que está construyendo es una suerte de
capitalismo de Estado. Segundo, lo que es más grave, su distancia de los
pueblos indígenas es manifiesta. Por primera vez, ese “sujeto plurinacional”
que nos promete la nueva Constitución se plantea como la gran imposibilidad
nacional, pues, como lo señala Fernando Mayorga, implica un conglomerado de
“naciones originarias”, “pueblos indígenas” y campesinos, condiciones que un
sujeto solo es incapaz de contener.
Si el objetivo de textos como
Incertidumbres tácticas es despertar
dudas y cuestionamientos en los lectores, en el párrafo anterior radican las
que más me acosan. Fernando hace referencia a la “deconstrucción del movimiento
indígena” por parte del Estado, encarnado por el segundo gobierno de Evo Morales.
Entendiendo que para el autor este es un gesto de deshacer, de desarticular, de
desarmar, de desmontar al hecho político. En ese sentido, la concepción de la
deconstrucción que nos propone el texto, más que a la de Jacques Derrida, se
próxima a la noción de destrucción, de demolición de lo erguido para construir
sobre los escombros un nuevo proyecto. Esto hace que me plantee ciertas
preguntas de difícil respuesta: ¿Hay, en el segundo gobierno del MAS, un
intento de reconstrucción del movimiento indígena que complete al gesto de la
deconstrucción? Es decir, ¿se pretende una reescritura del movimiento indígena
nacional? ¿Dónde está la ética en la relación entre el gobierno y los
movimientos indígenas? Cuando Fernando Mayorga hace referencia a una “deconstrucción
del movimiento indígena”, de lo que está hablando es de una paulatina, disimulada,
estratégica, táctica, pero genuina destrucción. Lo que me interesa recalcar es
que Fernando Mayorga sugiere que la construcción de un Estado Plurinacional,
que se entiende tiene su razón de ser en la condición multiétnica del país, ha terminado
llevando al MAS a divorciarse de los movimientos indígenas y a desarticularlos,
a eliminarlos como sujetos políticos de relevancia.
En otro pasaje del libro se
lee, que el: “estilo político de Evo Morales combina retórica radical y
decisiones moderadas” (Mayorga, 2014: 70). Eso no me parece muy grave, tiene
algo del folclore nacional. Lo verdaderamente preocupante es cuando tiene un
discurso políticamente correcto pero actúa desde la realpolitik. Justamente, una de la cuestiones centrales de Incertidumbres tácticas está relacionada
con esta cuestión. Fernando ensaya una definición de la democracia
intercultural: “una propuesta de ampliación y combinación de diversas formas
institucionales de representación y participación que se gestaron en el
transcurso de la historia y en determinados espacios socio-culturales para
cumplir una meta del desempeño del Estado para responder a las necesidades y
demandas de la sociedad” (Mayorga, 2014: 99). En principio, el concepto parece
aprueba de balas, quién podría cuestionar la pertinencia de algo como la
democracia intercultural. Justamente, gente como Fernando. Pues además de
señalar sus consabidas dificultades administrativas a la hora de ser aplicada,
el gran peligro de la democracia intercultural radica en que esta puede devenir
en otra forma de homogenización, de normalización. Aquí mis preocupaciones
personales se exacerban, pues cuando el Estado recurre a las mismas artimañas
que United Colors of Bennetton, uno debe comenzar a sospechar. Cuando lo que se
busca es construir un discurso en el que de manera manifiesta se dice que a
pesar de que somos diferentes, en el fondo, en esencia, somos iguales, lo que
se está buscando es asimilar a las distintas singularidades culturales del país
al discurso unificador del Estado. Ese principio liberal, totalizante, que reza
que todos somos iguales ante la ley, puede ser un arma de doble filo para un
Estado que en principio quería reconstruirse a partir del reconocimiento, no de
la asimilación de las diferencias. Ese slogan de la “unidad en la diversidad”
queda muy bien en un letrero o como mensaje subliminal de una campaña
publicitaría, pero resulta preocupante y problemático como discurso reconfigurador
del Estado.
Después de la lectura de Incertidumbres tácticas, aunque no estoy
seguro de que ese haya sido la intención de Fernando, mis reparos hacia la
democracia y a la ciudadanía con rasgos multiculturales cada vez son mayores,
pues me resultan estrategias, tácticas, de las dinámicas de dominación de parte
del Estado. Y eso me lleva a confirmar que todo ejercicio de poder político
implica una violencia, a veces velada, a veces explícita. Volviendo a lo que apuntaba
antes, principalmente, los bolivianos hablamos de fútbol y política dos
actividades mediadas por diferentes tipos de violencia. Lo que no quiere decir
que no sean actividades esenciales para nuestra vida, que son apasionantes, por
eso mismo son pistas para entendernos. Siguiendo esa misma senda, tampoco creo
que sea casual que el título de este libro incluya en plural la palabra “táctica”,
que viene del griego taktike: “arte de disponer y maniobrar las tropas”.
Es un arte para la guerra, para la violencia. Está demás recordar la
importancia que tiene la táctica en el ejercicio político así como para la
práctica del fútbol. Lo que no
debería sorprender es que un amante de uno sea un gran lector del otro. Y
viceversa.
Con frecuencia la
vertiginosidad de las dinámicas sociales, de las que hacemos parte, impide que reflexionemos
sobre ella, sobre sus complejos elementos, que leamos de manera crítica las incertidumbres tácticas del poder y de
los poderosos. Felizmente, hay gente como Fernando Mayorga que lo hace, con el
mayor rigor, gran generosidad y lucidez. Con táctica y, seguramente, con incertidumbres.
Pues, supongo, la mejor estrategia para leer a la sociedad es intentar ser un
maestro de la duda. Aunque lo que más agradecemos los lectores es que el texto
nos invite a intentar ser maestros de la duda nosotros mismo. Misión cumplida,
señor Mayorga. Muchas gracias.
Mayorga, Fernando. Incertidumbres tácticas. Ensayos sobre
democracia, populismo y ciudadanía. Plural Editores, 2014.

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