In memoriam Roberto Guilhon: Coda de la serpiente
Andrés Laguna Tapia La devoción por los directores de cine es algo que practican los estudiosos, los cinéfilos patológicos, es una cuestión más próxima al interés académico y/o informado. En cambio, el público que busca en el séptimo arte el viaje inmediato, el placer, la relación salvaje e intuitiva, tiende a seguir a los actores. Es más fácil sentir empatía por la persona que tenemos al frente, a la que acompañamos en sus aventuras y desventuras, que por el realizador, por esa suerte de Mago de Oz invisible, que controla los hilos de la cinta. Alguna vez José Pablo Feinman afirmó que el amor por los directores era una cuestión de críticos, que los escritores de ficción prefieren a los actores y a las actrices. Reconociendo en los primeros un gesto racional, en cambio, en los últimos uno emocional. Los personajes nos permiten volver a disfrutar del cine de manera primaria y directa, de manera esencial. Con frecuencia, cuando los bolivianos vemos una película realizada ...