Muestra en Bolivia de cortos del Festival Internacional de Cine de Huesca 2013: Pequeños placeres




Andrés Laguna Tapia

Gracias a la iniciativa de Mary Carmen Molina y a la buena disposición de Montserrat Guiu, presidenta de la Fundación del Festival de Cine de Huesca, una muestra de casi todo el palmares del mencionado certamen internacional se vio en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, como parte de las actividades del Martes de Cine Español. En 2011 tuve el honor de ser jurado de la sección Documental iberoamericano, un año después Montserrat me invitó a ser programador del Festival y desde entonces colaboro con él. Huesca es uno de certámenes más antiguos de España (la edición pasada fue la 41), que precalifica al Goya y al Oscar. Tiene un valor sentimental para mí que esta muestra se lleve a cabo en Bolivia.
El Festival Internacional de Cine de Huesca ha hecho una apuesta arriesgada y total por el cortometraje. Todas sus competiciones son dedicadas a él y en la última versión se dividieron en ficción iberoamericana, ficción internacional y documental. Lamentablemente, este es un formato poco comercial y que goza de poco prestigio fuera de los círculos especializados. Pero contiene la verdadera esencia del cine, pues es en el cortometraje que se puede hacer la más eficiente administración del lenguaje cinematográfico.
Las obras que se verán en Bolivia hicieron parte del palmares, pero además se podrá ver Pallay de Patricia Aramayo Mariscal y Joaquín Cuevas, el único cortometraje boliviano que compitió este año. Aunque no ganó ningún premio, esta obra de animación tiene una importante factura y una gran belleza visual. En ella, una tejedora jalq’a, decepcionada por el tapiz en el que está trabajando, lo abandona. Hasta que algún tipo de magia la introduce dentro de él. Ella se hace parte de su tejido, de su propia obra, pero también de la larga tradición de su pueblo, de su escritura no alfabética. En ese mundo se encuentra en los dominios del Saxra, una suerte de ser sobrenatural, que por la influencia del cristianismo se lo caracteriza e identifica con el diablo. Primero, la tejedora se resiste al Saxra, pero después se ponen a bailar juntos, hasta fundirse en una comunión de la que emergen seres fantásticos, las figuras típicas de los tejidos jalq’a. Hasta que llegan los conquistadores españoles y los sacerdotes católicos, ellos comienzan a aniquilar a esos animales de proporciones míticas. Esa fuerza en la que están fundidos la tejedora y el Saxra produce nuevos seres, más imponentes y fantásticos, que terminan venciendo a la conquista. Luego, la tejedora sale de ese mundo, del tapiz, vuelve a su lugar de origen, al frente del telar. Ahí observa la obra, ese tejido que es fruto de su comunión con el Saxra, que es la escritura no alfabética de su pueblo. El viaje le permite descubrir su cultura y su identidad, volver a lo que realmente es. El trabajo de Aramayo y Cuevas confirma que la animación boliviana, a pesar de no ser abundante, es de alta calidad.
El Festival siempre cuida la calidad de todas las películas que entran a concurso –este año fueron poco más de cien-, por tanto, las ganadoras siempre son interesantes, pero no se debe olvidar que muchas veces obras igual de interpelantes, por alguna razón, no ganaron el favor del jurado. De la muestra que se verá en Bolivia recomiendo las cintas que conozco mejor. La primera es Proyecto Mágico de Manuel Jiménez, que obtuvo una mención especial. Este documental, en primera instancia, parece estar dedicado a ese genio del balón llamado Mágico González. Pero, en realidad es un homenaje a la afición que lo vio brillar en el Cádiz CF, es un homenaje a la memoria del pueblo. Se dice que Maradona reconoció que Mágico tenía más calidad que él, a través del los recuerdos de los forofos gaditanos, uno entiende que lo que más importa del fútbol es la charla de bar, la charla con los amigos, el compartir sentimientos, imágenes y sonidos.
Por otro lado, Presence Required de María Gordillo, ganó el premio Jinete Ibérico que concede el Instituto de Estudios Altoaragoneses a la mejor opera prima española. Esta cinta es ingeniosa y llena de humor, se desarrolla en una situación paranormal y es altamente entretenida. Finalmente, una de mis favoritas es Los retratos de Iván D. Gaona, esta conmovedora película colombiana cuenta la historia de una pareja de ancianos que en una rifa gana una cámara Polaroid. Gracias a ese artilugio descubren el placer, la diversión y la magia que está detrás del registro de las imágenes. Aunque al final, las prioridades de la vida pesarán más.
Creo que siempre es importante abrir nuevas posibilidades para la difusión del cortometraje, pues justamente en este formato se realiza el cine más diverso y con menores restricciones creativas. Pero lo que me parece más importante es que esta muestra les permita a los realizadores y al público boliviano tomar conciencia de que lo que se está haciendo fuera de Bolivia tiene un nivel muy similar a las obras de los realizadores locales. Los cortometrajes de gente como Carlos Piñeiro, Diego Mondaca o Kiro Russo, por nombrar a algunos, tienen todo lo necesario para ganar cualquier certamen, lo único que les falta es mejorar sus canales de distribución y aumentar su presencia en festivales internacionales.
Entiendo que el publico está un poco esclavizado al largometraje de una hora y media o de dos horas, que nos ha impuesto la industria, pero la contundencia de un cortometraje bien realizado siempre es un placer intenso y primigenio. Algo que es mejor no perderse.


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