Sobre Che. El Argentino: Canción del elegido


Andrés Laguna

Después de varios meses de su estreno en España y de poco menos de un año de su premier en Cannes, finalmente llega a nuestras salas Che. El Argentino, la primera parte del díptico biográfico que el director estadounidense Steven Soderbergh realizó sobre la vida de Ernesto Guevara. Todos los que fuimos tocados por las palabras y los actos del mítico guerrillero argentino-cubano la esperábamos, con desmesurada impaciencia, visitando sitios web que hablen sobre ella, buscando fotos o trailers, pues la cinta de Soderbergh prometía ser la película definitiva sobre Guevara. Debo reconocer que, desde mi punto de vista, lo es.
Se dice que Benicio Del Toro, el notable y exitoso actor puertorriqueño que encarna al Che, se preparó por algo más de siete años para este papel, que la pre-producción de la cinta comenzó hace más de tres, que varios directores estuvieron a punto de hacerse cargo del proyecto y terminaron declinando por diferentes razones, que se escribieron varias versiones del guión y que originalmente se pensaba que sería una sola cinta. Después de un camino accidentado, las cosas salieron, Soderbergh detrás de las cámaras, Del Toro a cargo del papel de su vida y la realización de dos películas, El Argentino y Guerrilla o, más bien, una película con dos partes, la primera sobre la revolución cubana y la segunda sobre la campaña boliviana. En Cannes, Soderbergh admitió que sus dos cintas forman una especie de trilogía con Diarios de Motocicleta de Walter Salles, el film que narra uno de los viajes de juventud de Ernesto, el viaje iniciático. Ahora sólo falta que Larry Clark haga una película sobre la infancia, la pubertad y la adolescencia de Guevara y que M. Night Shyamalan haga una sobre el fantasma del Che. Ja.
El Argentino fue aplaudida en Cannes por la crítica europea, es tapa del último número de Cahiers de Cinema, la publicación especializada más prestigiosa del mundo, y ya es un éxito de taquilla en países como España. Fue despreciada y subestimada en la Argentina, el diario Página 12 y la revista El Amante, no le reconocen otra cosa que una muy plana corrección y la acusan de no ser emotiva. A los miembros de la redacción de la Ramona que tuvimos el gusto de verla nos encantó, esperamos que los cinéfilos corran a las salas de cine y que se dejen conquistar por una experiencia cinematográfica extraordinaria.
Debo reconocer que en un principio temía que Soderbergh hubiera tratado de hacer una película genérica, una película de guerra, de acción, en la que las secuencias se parezcan a las de Salvando al soldado Ryan o, peor aún, a las de la saga de Rambo. Pero, felizmente, mis temores estaban infundados. Soderbergh, a pesar de ser un autor tremendamente exitoso y capaz de realizar películas de puro entretenimiento ligero como Ocean’s 11, es un realizador que tiene una gran visión estética, una propuesta personal y una enorme capacidad para traducir en imágenes emociones y sentimientos poderosos, sin romper jamás con un ritmo narrativo implacable.
La cinta, principalmente, toca los eventos relacionados con la revolución cubana, desde el arribo a la isla hasta la toma de Santa Clara, pero también se muestran imágenes de México D.F. en los años ’50 (narrando el primer encuentro del joven Guevara y el exiliado Castro) y de la participación del Che, como representante del gobierno cubano, en la ONU el año 1964. Si bien los que conocen al dedillo la biografía de Guevara, de los barbudos y la historia de la Revolución extrañarán algunas anécdotas memorables, casi todos los eventos importantes están en la película. Si hay algo de lo que se puede acusar a esta cinta es de ser, por momentos, excesivamente pedagógica y discursiva. Pero lo que no se debe olvidar es que el guión, si bien cuenta con un trabajo de investigación rigurosísimo, está basado en los escritos del Che. Así que, de alguna forma, uno está viendo los eventos a través de la mirada y de la subjetividad de Guevara, algo que desde todo punto de vista es estimulante. Pero, si algo está claro, se ve en la cinta y algunas entrevistas lo confirman, es que Soderbergh no es un discípulo de Guevara, ni un marxista, ni siquiera un activista alla Tim Robbins, es un cineasta “progre” fascinado por la figura del guerrillero de América, pero nada más. No busca ensalzarlo, ni endiosarlo, intenta mostrarlo como fue, con todas las complejidades de su personalidad. Lo interesante es que los actos del Che, sus anécdotas, tienen su propio peso, son seductores y conmovedores por sí solos. El discurso de Guevara no necesita de una enorme maquinaria, su fuerza nace de sí mismo. Definitivamente, El Argentino no es una cinta de propaganda. Aunque eso le cueste reconocer a la prensa de derecha que, por cierto, cada vez está más descontrolada y es menos inteligente. Si el militante comunista espera ver algo parecido a Octubre de Einsenstein, si los espectadores moderados esperan ver una cinta revisionista como la Nixon de Stone, saldrán decepcionados. La primera parte de Che está fielmente basada en el formidable texto de Guevara Recuerdos de la guerra revolucionaria cubana, de 1963, nutrida de fragmentos del discurso del Che ante la ONU. Lo que la convierte en una obra con una perspectiva específica y rica, como decía más arriba, son los eventos históricos a partir de la percepción de su protagonista.
La cámara de Soderbergh, un prototipo digital llamado RED que logra texturas tan parecidas al celuloide que asombra, persigue a los personajes de manera vertiginosa conservando una distancia casi documental y nos hace sentir intrusos en la historia. Constantemente, hace uso de dos tonos, el color por un lado y el blanco y negro por otro, la felicidad y la desolación, la Sierra Maestra y la Nueva York de la ONU. Como recurso narrativo es genial y simple, como recurso estético es hermoso, como recurso para construir la psicología de la película es brillante. En la utilización de este tipo de herramientas radica la maestría de Soderbergh.
Además, casi toda la cinta fue rodada con luz natural y en exteriores (según una entrevista que le hicieron en el programa Ojo Crítico de CNN, Soderberh dice que puede reconocer sólo cinco escenas en las que se utilizó luz artificial), lo que produce una profunda sensación de realismo y naturalidad en cada una de las escenas.
El guión es ordenado y correcto, Peter Buchman logró recopilar algunas de las frases más hermosas que haya pronunciado o escrito el guerrillero argentino-cubano y las introdujo de una manera tal que en ningún momento parecen ser un collage. A pesar de intercalar diferentes situaciones y tiempos, el espectador jamás pierde el hilo conductor de la cinta, lo que es un logro notable.
El reparto de la cinta tal vez sea uno de sus puntos más fuertes. Demián Bichir, el ex galán de telenovelas, el protagonista de American Visa, demuestra que tiene talento de sobra encarnando a Fidel Castro, el parecido físico, los movimientos, el temple, la actitud y la voz, impresionan. Rodrigo Santoro y Santiago Cabrera, conocidos por sus papeles en las series Lost y Heroes, en la piel de Raúl Castro y de Camilo Cienfuegos, respectivamente, hacen un trabajo por demás correcto. Catalina Sandino Moreno, la protagonista de María llena eres de gracia, encarna con inteligencia a Aleida March, la segunda esposa del Che, y logra un acento impecable. Pero, sin duda, el gran mérito actoral lo tiene el protagonista de la cinta, Benicio del Toro. Su trabajo no sólo impresiona por el parecido físico, su voz, sus movimientos, son los mismos de Guevara. En alguna parte leí que se le criticaba no lograr el acento argentino, ni el cubano, pero, si uno escucha los discursos del Che, es evidente que no tenía ninguno de los dos acentos. Guevara tenía un acento latinoamericano, identificable con el continente, no con un país específico. Hasta el acento del Che era fiel a sus creencias. Ese es el que usa Del Toro en su interpretación. Benicio no tiene los ojos del Che, son distintos, pero logra la misma mirada. Esa en la que se podía leer la sed de justicia e igualdad, esa en la que se podía leer la fuerza y la radicalidad, esa que estaba hecha de acero y de ternura, esa que contenía a la vida y a la muerte.
En toda la cinta se ve a Guevara acosado por el asma, en toda la cinta se ve cómo aguanta y vence a la enfermedad, y más, se burla de ella. En toda la cinta se ve cómo los sentimientos, las palabras y las actitudes más duras se hacen presentes en la personalidad del Che, incluso uno puede llegar a aborrecerlo, pero El Argentino nunca deja de lado su ternura, nunca deja de lado sus sentimientos de amor, los sentimientos de un verdadero revolucionario.
Debo reconocer que desde niño soñaba con ver una película que imprima todas esas imágenes que se agolpaban en mi memoria, pues pertenezco a una generación que soñaba en crecer y ser como el Che. Para mi generación, el film de Soderbergh será nuestra Rey de reyes.



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