Grown Ups: Saber envejecer
Andrés Laguna
Estoy convencido de que los encargados de traducir los títulos de las películas están empeñados en sabotearlas. No encuentro otra explicación para que Grown Ups (Adultos) se estrene en Bolivia con el horroroso título: Son como niños, que le quita toda la ironía del original. La última entrega de la factoría de Adam Sandler está muy lejos de ser una de sus películas más logradas, pero creo que vale la pena verla por algunas cuestiones muy puntuales.
Buena parte de los críticos de cine detestan a Sandler, su humor chabacano, físico y primitivo, está excluido de las charlas de todo snob que se precie. Ellos se lo pierden. A pesar de que casi todas las comedias que Sandler ha escrito, producido y protagonizado, no pasarán a la historia del cine, siempre son garantía de una buena dosis de humor bruto y directo, sabemos que nunca se tomarán demasiado enserio y que no tienen otro objetivo que arrancarnos unas cuantas carcajadas. Comedias sin pretensiones, en las que Sandler siempre hace de Sandler. Un entrañable personaje/persona que, llevado al límite supremo, inspiró esa obra maestra de Paul Thomas Anderson, llamada Punch Drunk Love, tal vez la cinta más poética y bella del talentoso director californiano. Lo reconozco con todo el orgullo del mundo, disfruto de las cintas de Adam Sandler, tanto en sus manifestaciones más inteligentes, como Funny people y Anger management, como en sus versiones más cavernícolas, como en Happy Gilmour y You Don't Mess with the Zohan.
Grown ups no es la mejor versión de Sandler, pero es interesante por dos cuestiones en especial. Primero, porque se ve a un gran comediante, que carga más de dos décadas de carrera con dignidad, reconociendo que ya no es el mismo salvaje de hace algunos años, pero que ha aprendido mucho, ya no es tan inocente, tiene algunos otros recursos. Y segundo, porque en esta cinta Sandler junta a buena parte de sus amigos célebres y nos presenta lo que mi carnal Javier Rodríguez calificó como “el dream team de la comedia escatológica de los ’90”. Hacen parte del reparto Kevin James, Chris Rock, David Spade y Rob Schneider, sin olvidar el infaltable rol súper secundario del siempre magnífico, Steve Buscemi. Para los que pasamos nuestra adolescencia viendo a estas estrellas de la comedia, golpearse, tener flatulencias, tener accidentes absurdos, intercambiar diálogos obscenos, esta película puede llegar a ser un ejercicio nostálgico/emotivo, para los demás, es una oportunidad para volver a ver a los maestros contemporáneos de la risa fácil, a los herederos groseros de los tres chiflados.
La cinta tiene un argumento simple, que es más una excusa para juntar al elenco que otra cosa. Los cinco cómicos, encarnan a cinco tipos que hicieron el colegio juntos y que, en algún momento de la niñez, jugaron en el mismo equipo de básquet. A partir de la muerte de su entrenador (interpretado por Blake Clark, otro infaltable de las cintas de Sandler), los amigos se vuelven a reunir y pasan un fin de semana largo en una casa en un lago, ahora cargando con sus familias y con algunas responsabilidades. La cinta está armada con un montón de secuencias cómicas, que a veces funcionan y otras no. No hay mucho más. La película gira alrededor de algunas ideas básicas: tratar de recuperar el tiempo perdido, no haya nada más importante que la familia y los buenos amigos, algo que a Sandler le encanta repetirnos. Seguramente por eso, tiende a contratar a muchos de sus amigos a pesar de su falta de talento. El guión está escrito para que cada cómico haga lo que sabe hacer mejor, Sandler se luce a lo bruto, Kevin James cae en ridículo todo el tiempo, Chris Rock –muy desaprovechado- dispara frases rápida y nerviosamente, David Spade y Rob Schneider, hacen un poco de todo, pero le imprimen su marca personal, siempre son los grandes perdedores, el primero con un poco más de estilo que el otro, por supuesto. La presencia de Salma Hayek y Maria Bello, interpretando a las improbables esposas de los personajes de Sandler y James, condimenta la cinta, pues si bien no tienen muchas habilidades cómicas, son dos de las actrices maduras más bellas de Hollywood. Siempre se agradece verlas.
La cinta, dirigida con poca visión por Dennis Dugan –otro colaborador habitual de Sandler-, podía haber sido mucho más interesante, podría haber llegado a ser la The Unforgiven de la comedia de los ’90, la gran despedida de un género del que disfrutamos tantos, tantos. El gran capítulo final y definitivo de algo que tuvo momentos geniales. No lo es, lo que es una verdadera pena, sobre todo si consideramos el peso de los nombres del cartel.
Lo que Grown ups logra es mostrarnos a un puñado de cómicos súper famosos, que hacen cine para pasarla bien, que trabajan entre amigos, entre familia, que han aprendido a envejecer, que no han madurado mucho, pero que están comenzando a entender que son adultos y que pueden seguir divirtiéndose.
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