Boardwalk Empire: El imperio del contrabando>>> Gangsters americanos

Andrés Laguna
En las páginas de la Ramona le hemos dedicado mucha atención a lo que los “especialistas” han denominado como: la edad de oro de la televisión. Todas esas páginas y notas no son gratuitas, el mundo lo reconoce, hoy día la caja boba ha dejado de ser boba, al menos en una proporción muy interesante.
Si hay un canal que ha promovido la programación de calidad y que se ha empeñado en cambiar la historia del entretenimiento con sus extraordinarias producciones, ese es HBO. Basta enumerar algunas de sus series originales: la inolvidable El narrador de cuentos (1987), Cuentos de la Cripta (1989), Spawn (1997), Oz (1997), Sex and the City (1998), The Sopranos (1998), Six feet under (2001), Angels in America (2003), Epitafios (2004) y, entre tantas, tantas otras, la inigualable y monumental, The wire (2002), seguramente la mejor serie de televisión de la historia.
Con el inevitable final de The Sopranos, una de sus producciones insignia, HBO quedó con un tremendo hueco. Necesitaba una serie realista, una serie que a través de la violencia pueda radiografiar a la sociedad, que tenga el tenor, el dramatismo y la ambigüedad de una novela rusa. Necesitaban una nueva epopeya de gangters. Recurrieron a dos personas. El primero, el creador de la serie, Terence Winter es uno de los multipremiados guionistas de The Sopranos. El segundo, productor ejecutivo, director del piloto y algo así como “consultor creativo”, responde al nombre de Martin Scorsese. Uf. Uf. Uf. HBO no anda con bromitas. La serie se llama Boardwalk Empire. Desde un punto de vista creativo, es el estreno televisivo más importante desde la fantástica Tremé. Desde un punto de vista comercial, su piloto ha sido el más visto de la cadena desde el de Deadwood. Cuando su primer capítulo fue trasmitido en Estados Unidos, a fines de septiembre de este año, la gran mayoría de los críticos no escatimaron elogios, Boardwalk Empire es una verdadera pieza artística y se puede consagrar como otra de las grandes obras maestras transmitidas por HBO.
Con un elenco de lujo, lleno de caras conocidas, lleno de esos enseñables actores secundarios que tienen más talento que la mayoría de los protagonistas de las películas taquilleras, encabezado por el enorme Steve Buscemi (recordado por sus descomunales papeles en Fargo, The Big Lebowski, Reservoir dogs y sus delirantes apariciones en casi todas las películas de Adam Sandler), por el talentoso Michael Pitt (responsable de interpretaciones impecables en Last days, The dreamers o Funny games), por Michael Shannon (imprescindible secundario de 8 mile, Before the devil knows you are dead y Revolutionary road) y por Stephen Graham (carismático actor de reparto de cintas como Snatch, Gangs of New York y Public Enemies). Boardwalk Empire tiene un elenco con nominados al Oscar, con nominados a los Globos de oro, actores que han trabajado para directores de la talla de los hermanos Coen, de Tarantino, de Van Sant, de Bertolucci, de Haneke, de Lumet, de Mendes, de Ritchie, de Mann y, claro, de Scorsese. Si eso no es suficiente para llamar la atención, basta repasar el argumento de la serie. Boardwalk Empire está ambientada en los años de la prohibición del alcohol en los Estados Unidos, es decir, en los años ’20, después de la Primera guerra mundial. El protagonista principal de la serie es Enoch “Nucky” Thompson (un intenso y elegante Buscemi) un funcionario público de renombre, un hábil político, un gangster de cuello blanco, un tipo que por debajo de la mesa controla Atlantic city y el tráfico de alcohol.
Lo interesante es que durante la serie, Nucky interactúa con varios personajes históricos bastante pintorescos y llamativos, entre ellos los mafiosos Al Capone y Lucky Luciano, además del resto de la interesantísima fauna que lo rodea. Los amantes de las películas y series sobre gangsters quedarán extasiados, Boardwalk Empire es como una versión menos maniquea de Los intocables, narrada desde el punto de vista de los mafiosos. Súper violenta, con fuerte contenido erótico, llena de referencias históricas inteligentes, con escenarios y ambientaciones que empalidecerían a la más ostentosa producción hollywoodense, con diálogos y situaciones estimulantes, Boardwalk Empire es realmente un placer refinado, exquisito. La mano de Scorsese se siente y mucho, lo que evidentemente es grandioso. El lenguaje cinematográfico y la musicalización constantemente hacen homenajes a la cultura popular de los años ’20 y al género fílmico gangsteril, algo muy típico de Scorsese. Boardwalk Empire es una serie tan cinematográfica que se proyecta como una especie de drama de decenas de horas, como una epopeya moderna y urbana, algo que tiene en común con The wire y que le ganará los aplausos de los televidentes pacientes. Algunas escenas de Boardwalk Empire parecen extraídas de Goodfellas, otras de Gangs of New York, todas del imaginario del genio responsable de Tax Driver. Es una maravillosa serie de época, sobre el tiempo en el que reinaron los mafiosos más memorables, que le hace una incisión a la falsa moral del país más poderoso del mundo, que retrata a un sistema que es corrupto y despiadado, que fotografía los estragos de la violencia, que muestra la humanidad de los seres más inhumanos, todo desde un punto de vista y desde un territorio frescos y audaces (la serie se mantiene al margen de los trilladísimos escenarios de New York y Chicago). Además, todo tiene el toque y la estética de Martin Scorsese, todo está emparentado con el universo creativo de uno de los auténticos genios de nuestro tiempo.
Señores, sigan mi consejo, este domingo por la noche cancelen todos sus compromisos, cierren las cortinas, desconecten los teléfonos, dejen de sufrir con el fútbol de nuestra triste Liga, olviden la coyuntura nacional por un par de horas, ríndanse ante Boardwalk Empire. Lo agradecerán.
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