Jorge Pucheux: "Incursionar en un filme de ciencia ficción latinoamericano fue un gran aprendizaje"

Andrés laguna
Realizando una serie de investigaciones sobre cine boliviano, buscando en la red información que pueda llenar algunos de los enormes huecos historiográficos que tenemos a causa de la reducidísima bibliografía especializada, tuve la enorme suerte de encontrar el blog “De mi paso por el cine” de Jorge Pucheux (http://jpucheux.blogspot.com/), uno de los expertos más importantes del cine latinoamericano en el área de los efectos visuales y el trucaje. Son pocos los técnicos que tienen la experiencia y el prestigio de Pucheux, su filmografía es tan extensa como relevante, ha trabajado con directores como Tomás Gutiérrez Alea, Humberto Solás, Manuel Octavio Gómez, Octavio Cortazar, Miguel Litín, Glauber Rocha y nuestro Jorge Sanjinés, entre un sinnúmero de otros artistas. Ha sido miembro del ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos), fue director de producción de RAMM Productions, ha participando en proyectos cinematográficos y animaciones para Cartoon Network, Televisión Española, Global Entertainment, Plaza Sésamo y Televisa. Además, ha enseñado en la Escuela Internacional de Cine y TV (EICTV) de San Antonio de los Baños, en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) en México DF y en el Tecnológico de Monterrey, entre muchos otros centros educativos. Es decir, Puchuex es una eminencia en su campo de trabajo. Mi principal interés para contactarlo era que me aclare algunas dudas relativas a su colaboración en una película boliviana, El triángulo del lago (1999) de Mauricio Calderón. A pesar de ser una obra poco consistente, tiene importancia para la historia del cine nacional porque fue la primera película de ciencia ficción boliviana, fue la primera en hacer una apuesta visual arriesgada que repose en efectos visuales y en trucajes. Basta recordar las escenas en las que se veía a una versión futurista de La Paz, en la que incluso se veía volar una nave/dirigible del Lloyd Aéreo Boliviano (sí, mera ciencia ficción), para entender las pretensiones de la obra de Calderón. De alguna forma, El triángulo del lago es la pieza que antecedió a cintas como Casting (2010) de Denisse Arancibia y Juan Pablo Richter y a la anunciada Los restos del último amanecer de Gustavo Castellanos.
Las palabras de Jorge Pucheux, que respondió a mis preguntas con gran amabilidad, creo que pueden ser muy útiles e iluminadoras para los interesados en los efectos visuales, para los estudiosos del cine boliviano y para los amantes del cine en general.
¿Cómo se implicó en el proyecto? ¿Cómo conoció al realizador Mauricio Calderón?
El señor Calderón llegó una mañana a la Empresa RAMM Productions, donde yo trabajaba como Director de Producción y Creativo. Pudo localizarme gracias a las referencias que le habían dado de mi persona en Cuba. Al parecer, la película era una coproducción entre Bolivia, Alemania y Cuba. Le habían informado de mi laraga experiencia en el área de los efectos visuales, se dedicó a buscarme a partir de las coordenadas que le brindaron en la Isla, en el ICAIC. Me expuso sus ideas sobre el proyecto y dio pie para que existiera credibilidad profesional. Ese mismo día me mostró un story board de las secuencias del filme que llevaban efectos visuales. Obviamente, me interesé en el acto, pues no era muy común, ni siquiera hoy en día, que se realizaran en América Latina filmes de este género, la ciencia ficción. Leímos también el guión y nos pareció bien interesante. Al día siguiente estábamos estudiando el story board.
¿Cuántas personas estuvieron implicadas en el trabajo que usted encabezó? ¿En qué consistía su trabajo?
RAMM Productions era una empresa mediana, pero con un personal profesional de alto nivel. En las áreas de animación, dibujo, diseño gráfico, efectos visuales, publicidad, etc. Éramos aproximadamente unos veinte especialistas, aunque de acuerdo al tipo de producción que se iba a acometer, se contrataba más personal. En el caso específico de este trabajo, sólo participamos unos ocho o diez compañeros. Mi función dentro del filme, de este trabajo de FX, fue organizar todo lo que se iba a realizar, lo relacionado con la producción. Esto era imprescindible para poder iniciar un trabajo de semejante envergadura. La primera parte consistió en la organización de todos los elementos que iban a participar. Una vez iniciado el proceso, mi función consistió en supervisar la realización de cada plano a partir de lo que el story board nos mostraba. Mi función era la de trabajar directamente con el animador 3D, el maestro Kike Martínez. Quizás mis años de experiencia en esta zona del cine me hicieron entender muy bien el valor de cada frame (cuadro), de cada movimiento, de cada encaje, de cada textura, por lo tanto, yo decidía si el efecto estaba bien o no. Me convertí, por lo tanto, en el Asesor o consultor general de todo lo que se estaba procesando: las mezclas de 3D y 2D, los encajes o matcheos entre lo real y lo hecho en 3D. En fin, luego de que los planos iban quedando terminados, se los enseñaban al señor Calderón y éste los aprobaba o no.
¿Qué técnicas se utilizaron?
Se usaron computadoras Silicon Graphics. Cinco en total y alguna que otra PC. Todas las máquinas corrían con programas especializados, como Sophtimage, Toonz, 3D Max y otros plug-in adicionales. Quién estuvo al frente de toda la técnica fue dueño de la empresa, el ingeniero Rafael Andreu (fallecido en noviembre pasado).
Tengo entendido que todos los trucajes y efectos se realizaron en la postproducción, ¿Fue una opción óptima? ¿Qué dificultades implicaba para el proyecto?
Lamentablemente, sí, los trucajes y efectos se realizaron en la postproducción. Le explico, hay efectos visuales que se deben planear mucho antes o desde el inicio de la etapa de preproducción, por su alto nivel de complejidad o por sus recursos, tanto financieros como tecnológicos. Otros se pueden dejar para la postproducción. Pero, recuerde que en el cine, para el que sabe de cine, la postproducción comienza realmente desde la confección del guión, pues ahí ya estamos viendo imágenes, se está escuchando sonido, música. Esto nos ayuda a entender que a veces, y este es el caso más especial, los efectos visuales, su diseño debe ser muy cuidadoso, no basta con ser muy creativo, se deben poner los pies en la tierra. En el caso de El triángulo del lago, muchos efectos se pudieron haber realizado con mucha más calidad, si se hubiera filmado pensando en lo que vendría después. Por ejemplo, hubiese sido muy útil que algunos planos se hubiesen filmado a partir de la técnica del blue screen. El story board era muy bonito e ilustrativo, muy creativo, pero eso es una parte. Para la otra, hubiese sido muy útil que en el mismo story board, en su diseño, se hubieran planteado los diferentes tipos de filmaciones que cada plano realmente necesitaba, qué se especifique que tipo de efectos se necesitaban, para luego en la postproducción haberlos podido trabajarlos correctamente. De todos modos, esta situación nos hizo crecer, los efectos salieron y bien.
¿Cómo describe la experiencia de haber trabajado en esta película?
Aunque entonces teníamos tecnología de punta, los mismos tiempos eran muy distintos a los de ahora. Recién hoy es mucho más fácil realizar los efectos visuales, seguramente. Creo que, al menos para mí, fue una gran experiencia. Durante muchos años, casi cuarenta y cinco, trabajé en un sin número de películas en las que realizamos modelos, maquetas, explosiones de puentes, incendios de ciudades, efectos ópticos, animaciones, etc. Pero siempre en temáticas muchos más cercanas a la realidad del continente y de Cuba. Creo que es justo decir que el haber incursionado en un filme de ciencia ficción latinoamericano, además de todo lo antes mencionado, resultó para mí, y creo que para su director también, un gran aprendizaje.
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