The Fugitive Kind (1960): Orfeo contra el mundo

Andrés Laguna
Basada en Orpheus Descending de Tennesse Williams –uno de los grandes titanes de la historia del teatro de los Estados Unidos-, curiosamente, The fugitive kind no es considerada como una de las piezas maestras de Sidney Lumet. Es más, muchos la vapulean. Si bien, no es su cinta más aguda, en la filmografía de otro realizador sería la joya de la corona. Aunque no es un agudo drama político, aunque no desnuda la corrupción administrativa y policial de las grandes urbes, aunque no le presta atención al sistema judicial y a la crueldad del mundo moderno, es una aguda e hiriente radiografía de la vida social humana, de la concepción que tenemos de la justicia, de nuestros valores morales y éticos, de los estigmas sociales y del racismo. Es decir, los temas esenciales del cine de Lumet están intactos.
A diferencia de Streetcar Named Desire, The Rose Tattoo, Cat on a Hot Tin Roof, esta fue una de las pocas obras firmadas por Williams que no tuvo un éxito arrasador. Lo que también la convierte en una rareza. Algo que suele suceder con las obras de Williams que han sido llevadas al cine (que son casi todas, excepto Camino Real, si no me equivoco), es que su estilo supera en gran medida al del director de la película, independientemente de quien las dirija, todas están claramente emparentadas y hacen parte del universo creativo del escritor. Pero The Fugitive Kind, que sin dejar de ser una obra muy típica del dramaturgo, también deja ver con claridad la mano de Lumet. Hay que recordar que al director de Serpico no le gustaba mucho firmar los guiones de sus películas, no se sentía un escritor, pero era un verdadero genio para apropiarse de los libretos de otros. Es decir, convertía a los textos ajenos en películas que imprimían su personalísima e incisiva visión del mundo y del ser humano. En ese sentido, The Fugitive Kind no desentona con el resto de su obra, es una faceta peculiar, que no hace más que convertir a su visión pesimista de la vida urbana en una proposición casi universal, aplicable a todo espacio en el que el ser humano se desenvuelve. Para Lumet –y también para Tennesse Williams-, el hombre es codicioso, violento, intolerante, racista y autoritario, de manera casi irredimible.
The fugitive kind es una especie de reescritura del mito
de Orfeo, modernizada y ambientada en el sur de los Estados Unidos. Por esos azares de la vida, Valentine “Piel de Serpiente” Xavier (Marlon Brando), un guitarrista de blues que quiere dejar la intensa vida nocturna de Nueva Orleans, llega a un pueblo miserable y conservador buscando un nuevo oficio, un nuevo comienzo. Val no está escapando de la música, su guitarra es su compañera de vida, siempre recuerda que se la regaló el gran Leadbelly y, en un pasaje, recuerda que también la firmó Blind Lemon Jefferson. Val quiere escapar de la vida que a los 30 años lo hace sentir como un hombre viejo. Por azares del destino, termina trabajando en la tienda de una extraña pareja. El hombre (Victor Jory) está muriendo y no parece ser muy buena persona. La mujer, Lady Torrance (Anna Magnani) es hija de migrantes italianos, vive tan frustrada como insatisfecha. En el pueblito también se encuentra con Carol Cutrere (Joanne Woodward), una chica de sociedad renegada, que conoció en sus días locos de Nueva Orleans. Carol es la mujer “peligrosa” de la región, no tiene la menor inhibición y, por tanto, tiene la entrada prohibida al poblado. Es una chica que después de vivir siguiendo las reglas descubrió la hipocresía y el sin sentido de la sociedad, prefirió rendirse a los excesos. Carol intentará llevarse a “Piel de Serpiente”, enamorarlo, impedir ese su intento desesperado por recomenzar su vida, ese su intento por “normalizarse”, por incorporarse a la cotidianidad de ese sur profundo. Con el tiempo, sin caer en las tentaciones de Carol, Val comienza a tener un romance con Lady y, a través de la relación, descubrirá lo que el pueblo guarda en las entrañas. Lo que desatará la furia de todos, los más oscuros fantasmas de ese pequeño gran infierno arrasarán con todo lo que se ponga enfrente.
Lumet por esos días todavía era un novato, pero era un auténtico cineasta. Logró que la historia llegue a tener proporciones shakesperianas, sin caer jamás en cursilerías o facilismos. El triángulo amoroso es complejo, intenso y difícil, cargado de un peso que oprime a los personajes, hay una dosis complejidad en cada gesto. Además, algo que se aprecia y se aplaude es que Lumet logró controlar y sacar lo mejor de esa fuerza de la naturaleza que era el Brando de esos años, que irradiaba una luz encandilaba a los que lo miraban. Aquí como siempre, construye otro personaje que es tan fuerte como frágil, tan inolvidable… tan suyo. Pienso que tal vez a Tennesse Williams le hubiese interesado principalmente que se narre una trágica historia de amor, llena de simbolismo poético. Pero Lumet terminó haciendo una radiografía del sur de los Estados Unidos y, como siempre, de la lamentable condición humana, esa que se empeña en aniquilar al otro. The Fugitive Kind me hace pensar en otra magnífica película, también protagonizada por Brando –en uno de los papeles que más disfruto-, The chase del gran Arthur Penn. En ella el personaje del joven rebelde que llega al pueblo para sacar lo peor de la gente, está encarnado por Robert Redford, Brando es el hombre de ley, de ética de hierro, que debe enfrentarse a las multitudes enajenadas e irracionales, que debe enfrentarse a los pueblerinos enardecidos, a los hombres que son lobos del hombre.
Cuando se estrenó The Fugitive Kind tuvo poquísima atención,
fue un enorme fracaso comercial, no fue nominada a ningún Oscar, hoy se recuerdan más los chismes del rodaje. Ah, el ser humano y su ceguera selectiva, sólo viendo lo que no debe ver, sólo recordando lo que no debe recordar. Volver al cine de Lumet, es tan reconfortante, cuando este mundo nos bombardea con tanto sinsentido, con tanta falta de compromiso, con tanta estupidez, con tanta falta de reflexión, con tanto horror.
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