Del Delta y el asfalto

Escribí esta nota cuando se cumplían 25 años de la muerte de Muddy Waters, hace poco más de un año. Hoy quiero volver a recordarlo.
Andrés Laguna
Así como se sospecha que el origen de la humanidad está en África, todos estamos seguros que el origen de la música popular moderna está en el Delta del Mississippi. Cuando la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos le auspició un viaje al célebre musicólogo Alan Lomax para que registre, descubra a profundidad e investigue la tradición musical de su país, estoy seguro que no esperaban encontrarse con tanto. Lomax tuvo la suerte de grabar a algunas de las figuras más impresionantes del blues en su estado más natural, en su estado más puro, en su estado más salvaje. Pero tal vez el descubrimiento más importante de Lomax fue un joven llamado McKinley Morganfield, un tipo que tenía todo el talento necesario para hacer con el mundo lo que se le antoje, un joven que tocando la guitarra y cantando detonaría los oídos de una nación y del mundo, un joven que rugía y que tocaba el slide como los dioses, un sujeto que con el tiempo se haría llamar Muddy Waters. Su influencia se la encuentra en todas partes, desde los Rolling Stones (quienes tomaron su nombre de una de las piezas más populares de Muddy) hasta los White Stripes, pasando por Eric Clapton, Led Zeppelin, The Who y Aerosmith, entre tantos otros grandes de la música popular.
Fuertemente influenciado por el feroz e incontrolable patriarca del blues Son House, Muddy Waters desde sus inicios fue uno de los músicos más apreciados y admirados del Delta, pero fue recién en 1943 cuando se mudó a Chicago que cambió la historia de la música. Waters fue uno de los primeros en darle un sonido urbano al blues, fue un pionero que iluminó a las ciudades con la más perfecta música negra, fue la verdadera punta de lanza de una revolución cultural poderosa. Muddy Waters hizo que el sonido del Delta, la expresión artística de los más excluidos, de los más oprimidos, se convierta en un lenguaje universal, en una voz sin límites que aun hoy retumba en los corazones y en la cabeza de todos. Junto a los pianistas Sunnyland Slim y Eddie Boyd, y al guitarristas Blue Smitty cambió por completo la escena musical del Chicago de la postguerra y demolió la bases de todo lo que se había hecho hasta ese momento. Algunas de las piezas que interpretó y/o compuso en su primera época, en el sello Aristocrat, hoy son reconocidas como algunos de los íconos por excelencia del blues, entre ellas se pueden contar: “Little Anna Mae”, “Gypsy Woman", “I Can't Be Satisfied" y “I Feel Like Going Home", esta última es una obra maestra que le dio título a la cinta que dirigió Martin Scorsese dentro de su serie de documentales sobre blues. Estas canciones no sólo fueron un rotundo éxito musical, el público las veneraba, estaban a la cabeza de todos los raitings, incluso, se cuenta que hasta al mismo Muddy le costaba encontrar sus discos en la tiendas. Por esa época, la banda que armó Waters tenía el sobrenombre de “"the Headhunters" (algo así como “los Cazadores de Cabezas”), pues se decía que cuando se enfrentaban a cualquier otra banda de blues terminaban decapitándolos, sometiéndolos a su superioridad musical.
En los años 50 Muddy se dedicó a conquistar el mundo del rythm & blues, sus piezas “Louisiana Blues", “Long Distance Call”, “Honey Bee”, “Still a Fool”, “Rollin’ Stone” y "Mad Love" tuvieron un éxito inconmensurable. Algunos años después, interpretando las canciones compuestas por su compinche el bajista Willie Dixon y dejando un poco de lado su típico slide, repitió su monumental éxito, “I'm Your Hoochie Coochie Man”, “Just Make Love to Me” y “I'm Ready”, hoy son himnos del blues. Sus éxitos en la segunda mitad de los 50 fueron “Close to you”, “Mannish Boy", “Sugar Sweet", “Trouble No More”, “Forty Days & Forty Nights” y “Don't Go No Farther”. Con eso se cerró su época dorada. Los años 60 llegaron con una nueva generación de músico liderada por Chuck Berry que desplazó a los bluesmen. El rock & roll nació para ser la expresión más masiva de la historia de la música popular. El blues fue desplazado a los márgenes. Pero desde ahí, desde las fronteras de lo popular, desde las fisuras, gemía, creaba y se reservaba para los iniciados o los escogidos. Desde ese momento la carrera de Waters tuvo tremendos altibajos, se llenó de irregularidades, intentó desesperada y erradamente acomodarse a los tiempos que le estaban tocando vivir. Muddy fue maltratado por el mercado, sometido a un orden con el que no se sentía cómodo, eso dañó a su música, pero no evitó que de vez en cuando haya seguido sacando algunos de los discos más hermosos del género, como esa obra maestra, la placa doble de 1964, The Same Thing/You Can't Lose What You Never Had.
Durante sus últimos años Waters intentó volver a sus raíces, recuperar ese sonido que vertía del Delta y que olía a asfalto, tal vez el mejor ejemplo de esto son los tres álbums que grabó para el sello Blue Sky. Waters murió el 30 de abril de 1983 durante toda su carrera buscó encontrar la voz más poderosa y autentica, hizo que su guitarra suene como sólo suenan los fenómenos de la naturaleza. Cuando uno escucha la introducción de canciones como “Mannish Boy” o “I feel Like Going Home” uno tiene la impresión de estar presenciando el amanecer de la humanidad del hombre.
Andrés Laguna
Así como se sospecha que el origen de la humanidad está en África, todos estamos seguros que el origen de la música popular moderna está en el Delta del Mississippi. Cuando la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos le auspició un viaje al célebre musicólogo Alan Lomax para que registre, descubra a profundidad e investigue la tradición musical de su país, estoy seguro que no esperaban encontrarse con tanto. Lomax tuvo la suerte de grabar a algunas de las figuras más impresionantes del blues en su estado más natural, en su estado más puro, en su estado más salvaje. Pero tal vez el descubrimiento más importante de Lomax fue un joven llamado McKinley Morganfield, un tipo que tenía todo el talento necesario para hacer con el mundo lo que se le antoje, un joven que tocando la guitarra y cantando detonaría los oídos de una nación y del mundo, un joven que rugía y que tocaba el slide como los dioses, un sujeto que con el tiempo se haría llamar Muddy Waters. Su influencia se la encuentra en todas partes, desde los Rolling Stones (quienes tomaron su nombre de una de las piezas más populares de Muddy) hasta los White Stripes, pasando por Eric Clapton, Led Zeppelin, The Who y Aerosmith, entre tantos otros grandes de la música popular.
Fuertemente influenciado por el feroz e incontrolable patriarca del blues Son House, Muddy Waters desde sus inicios fue uno de los músicos más apreciados y admirados del Delta, pero fue recién en 1943 cuando se mudó a Chicago que cambió la historia de la música. Waters fue uno de los primeros en darle un sonido urbano al blues, fue un pionero que iluminó a las ciudades con la más perfecta música negra, fue la verdadera punta de lanza de una revolución cultural poderosa. Muddy Waters hizo que el sonido del Delta, la expresión artística de los más excluidos, de los más oprimidos, se convierta en un lenguaje universal, en una voz sin límites que aun hoy retumba en los corazones y en la cabeza de todos. Junto a los pianistas Sunnyland Slim y Eddie Boyd, y al guitarristas Blue Smitty cambió por completo la escena musical del Chicago de la postguerra y demolió la bases de todo lo que se había hecho hasta ese momento. Algunas de las piezas que interpretó y/o compuso en su primera época, en el sello Aristocrat, hoy son reconocidas como algunos de los íconos por excelencia del blues, entre ellas se pueden contar: “Little Anna Mae”, “Gypsy Woman", “I Can't Be Satisfied" y “I Feel Like Going Home", esta última es una obra maestra que le dio título a la cinta que dirigió Martin Scorsese dentro de su serie de documentales sobre blues. Estas canciones no sólo fueron un rotundo éxito musical, el público las veneraba, estaban a la cabeza de todos los raitings, incluso, se cuenta que hasta al mismo Muddy le costaba encontrar sus discos en la tiendas. Por esa época, la banda que armó Waters tenía el sobrenombre de “"the Headhunters" (algo así como “los Cazadores de Cabezas”), pues se decía que cuando se enfrentaban a cualquier otra banda de blues terminaban decapitándolos, sometiéndolos a su superioridad musical.En los años 50 Muddy se dedicó a conquistar el mundo del rythm & blues, sus piezas “Louisiana Blues", “Long Distance Call”, “Honey Bee”, “Still a Fool”, “Rollin’ Stone” y "Mad Love" tuvieron un éxito inconmensurable. Algunos años después, interpretando las canciones compuestas por su compinche el bajista Willie Dixon y dejando un poco de lado su típico slide, repitió su monumental éxito, “I'm Your Hoochie Coochie Man”, “Just Make Love to Me” y “I'm Ready”, hoy son himnos del blues. Sus éxitos en la segunda mitad de los 50 fueron “Close to you”, “Mannish Boy", “Sugar Sweet", “Trouble No More”, “Forty Days & Forty Nights” y “Don't Go No Farther”. Con eso se cerró su época dorada. Los años 60 llegaron con una nueva generación de músico liderada por Chuck Berry que desplazó a los bluesmen. El rock & roll nació para ser la expresión más masiva de la historia de la música popular. El blues fue desplazado a los márgenes. Pero desde ahí, desde las fronteras de lo popular, desde las fisuras, gemía, creaba y se reservaba para los iniciados o los escogidos. Desde ese momento la carrera de Waters tuvo tremendos altibajos, se llenó de irregularidades, intentó desesperada y erradamente acomodarse a los tiempos que le estaban tocando vivir. Muddy fue maltratado por el mercado, sometido a un orden con el que no se sentía cómodo, eso dañó a su música, pero no evitó que de vez en cuando haya seguido sacando algunos de los discos más hermosos del género, como esa obra maestra, la placa doble de 1964, The Same Thing/You Can't Lose What You Never Had.

Durante sus últimos años Waters intentó volver a sus raíces, recuperar ese sonido que vertía del Delta y que olía a asfalto, tal vez el mejor ejemplo de esto son los tres álbums que grabó para el sello Blue Sky. Waters murió el 30 de abril de 1983 durante toda su carrera buscó encontrar la voz más poderosa y autentica, hizo que su guitarra suene como sólo suenan los fenómenos de la naturaleza. Cuando uno escucha la introducción de canciones como “Mannish Boy” o “I feel Like Going Home” uno tiene la impresión de estar presenciando el amanecer de la humanidad del hombre.
Comentarios