Los viejos: El fantasma de las dictaduras, un país quebrado por dentro


Andrés Laguna
Me sorprendió de sobremanera que después de la conferencia de prensa del pasado 20 de abril, en la que Martín Boulocq anunció el estreno a nivel nacional de Los viejos el 9 de junio, casi todos los medios locales hayan concluido que la esperada película es sobre la dictadura. Lo que me hace deducir que pocos le prestaron verdadera atención a las palabras del realizador y que muchos ni se tomaron la molestia de leer el pressbook que los productores hicieron circular. Ay, el periodismo cultural y sus vicios perennes.
Tal vez porque creemos que si no hablamos de algo eso no ha ocurrido, eso no existe, a diferencia de lo que sucede en cinematografías como la argentina o la chilena, las dictaduras han sido poco trabajadas en el cine boliviano. Lo que para otros ha significado un trauma insuperable, que ha alimentado a un sinnúmero de relatos, de reflexiones y de procesos judiciales, para gran parte de nuestro arte no ha sido mucho más que una anécdota, una excusa, para entender otras problemáticas relacionadas con lo boliviano. Curioso y extraño, pues si bien nuestros regímenes autoritarios no fueron tan largos y sanguinarios como los de otros países –afirmación que podría ser cuestionada-, fueron determinantes para la historia del país. Entre muchas otras cosas, no debemos olvidar que casi toda una generación de mentes inquietas fue aniquilada, que muchísimos fueron empujados al exilio, entre otros horrores.
Como lo decía anteriormente, en el cine boliviano hay muy pocos rastros de las dictaduras. Su espectro está en varias obras de Sanjinés, basta recordar que es el telón de fondo de La nación clandestina. Por otro lado, es parte sustancial de Los hermanos Cartagena, basta recordar que Juan José (Edwin “Moto” Morales) era cabecilla de un grupo de represores del gobierno y que Martín (Juan José Taboada) hacía parte de un sindicato con pretensiones revolucionarias y reivindicativas. Basta recordar, basta hacer memoria, para saber que no debemos olvidar a las dictaduras, que no deben ser un tema ajeno a nuestras reflexiones, a nuestro trabajo creativo. Supongo que la única forma de curar y de resolver los traumas, en especial los históricos, es enfrentándolos.
En la última obra de Martín Boulocq, que ya nos sorprendió hace unos años con su ópera prima Lo más bonito y mis mejores años, la dictadura comprendida como fenómeno juega un rol fundamental para la narración. La historia se detona en un hecho doloroso e imborrable, la desaparición de los padres del protagonista. La aniquilación de una pareja por motivos políticos. Toño (Roberto Guilhon), el hijo de las víctimas, tuvo que exiliarse desde niño, abandonó su casa y fue acogido por sus tíos, Mario (Julio Iglesias) y Nanna (Charo Peñarrieta). La historia realmente comienza cuando Toño debe volver a su hogar adoptivo después de muchos años de ausencia y separación, su tío está agonizando y su familia necesita de él. Su viaje de retorno implica el rencuentro con un montón de fantasmas y de cuestiones no resueltas, pero principalmente será el reencuentro con su prima hermana, Ana (Andrea Camponovo), su amor de adolescencia, la razón por la que tuvo que ser exiliado por segunda vez. Sólo leyendo la sinopsis de la película se entiende que esta no es una película sobre las dictaduras, mucho menos sobre una en particular, Los viejos narra mucho más que eso. La dictadura es la fatalidad que lo detona todo, es una de las marcas más profundas e indelebles de una historia colectiva, pero sobre todo de una individual. Toño y Ana cargan con otros pesos, muchos fenómenos han configurado lo que son, muchas situaciones los han llevado a donde están.
A pesar de que Los más bonito y mis mejores años era una notable obra introspectiva y muy personal, Los viejos se impone como la película más profunda y audaz de Boulocq, en la que ha encontrado las herramientas necesarias para escudriñar cuestiones que incomodan, pero que construyen una obra verdaderamente interpelante. La película logra ser una pieza de arte, a la altura de películas como Zona sur, con un trabajo de lujo de Guilhon y Camponovo en los protagónicos y con una fotografía emocionante a cargo de Daniela Cajías.
El presente texto no es una crítica, ni pretende tratar la obra con la atención y profundidad que la cinta merece, eso lo dejó para los días previos al estreno. Esta nota tiene por objetivo que el espectador ávido de una propuesta cinematográfica nacional totalmente renovadora se mantenga atento al pronto estreno de Los viejos. Los que disfrutaron de la ópera prima del realizador cochabambino, descubrirán en esta cinta una propuesta autoral mucho más madura, propositiva y serena. A menos que algo extraordinario suceda, Los viejos será de lejos el estreno nacional más relevante de 2011.

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