Boulocq: "Es importante que el artista no se quede en un lugar confortable nunca"

Andrés Laguna
Por estos días se estrena en salas locales Los viejos, el segundo largometraje de Martín Boulocq. El realizador cochabambino ya se ganó el aplauso unánime de la crítica y ha recogido varios premios internacionales con su ópera prima, Lo más bonito y mis mejores años. A cinco años de su debut, Boulocq vuelve con la película más personal y arriesgada de su carrera. Atípica para la tradición fílmica boliviana, la cinta cuenta con muy pocos parlamentos, prefiere decir mostrando. Las imágenes y los sonidos –no las palabras- expresan el discurso de la cinta, trazan los movimientos internos de los personajes, conducen el argumento. De gran belleza plástica –a cargo de una inspirada Daniela Cajías- y con un reparto excelente –encabezado por Roberto Guilhon y Andrea Camponovo-, la película puede ser una nueva ruptura de la tradición fílmica nacional o por lo menos un pequeño sismo que agriete algunos cimientos.
A pesar de la distancia geográfica que nos separa, de que las preguntas y las respuestas fueron enviadas vía e-mail, quiero creer que más que una mera entrevista, Martín y yo entablamos una conversación, que resulta y se configura a partir de muchísimos diálogos anteriores, que contiene incontables comentarios, charlas, discusiones, lecturas comunes, lecturas confrontadas. Este diálogo tiene origen y se sostiene en muchos años de amistad y de un amor compartido por el cine. Considero que en este texto Boulocq nos da claves importantes para entender su obra, su relación con el cine, su visón del arte, su comprensión de la sociedad, su amor por la música, entre otras cosas.
Hace diez años ya sabías que te dedicarías al cine, ¿Se parece Los viejos a las películas que soñabas hacer entonces?
- Posiblemente. Ahora que lo mencionas, puede que uno de mis primeros cortos, El refugio, que precisamente lo filmé diez años atrás, haya sido un intento, sin mucho éxito, de acercarme a lo que ahora es Los viejos. Es extraño, siento como si esta fuera mi ópera prima y el resto fueran sólo ensayos. Creo que hay una búsqueda de mucho tiempo que ahora cobra madurez.
Los viejos está basada en un cuento de Rodrigo Hasbún, “Carretera”. Existen muchísimas diferencias entre ambas obras, da la impresión que sólo están unidas por un gesto embrionario. Tienen elementos comunes, pero son totalmente independientes. Por ejemplo, Los viejos, entre otras cosas, hace una reflexión política y ética de manera intencional, aunque sea más o menos velada. Por su lado, “Carretera” cuenta una historia singular, hace un retrato de una clase social llena de prejuicios, el mundo es casi un telón de fondo. Creo que hay conexiones evidentes, pero también hay grandes rupturas. ¿Cómo están conectadas? ¿Cómo hicieron la adaptación?
- Con Rodrigo, desde un principio, partimos con la idea de que “el cuento ya está escrito, ahora vamos a escribir una película”. Nunca hubo, y en esto agradezco mucho a Rodrigo, compromiso de fidelidad al cuento, al contrario, era solamente un punto de partida. Para ambos era un reto escribir un guión que tenga vida propia. Lo mismo me pasa cuando voy a rodar, no estoy atento a las hojas a pesar del tiempo que nos puede haber tomado escribirlas, estoy más atento a lo que pasa frente a mis ojos, frente a la cámara. Es cierto que las reflexiones que puede provocar la peli sean distintas a las del cuento… finalmente, aunque tengamos muchas cosas en común, cada uno tiene sus propias reflexiones.
Las dictaduras son un espectro determinante en tu cinta, es uno de los detonantes del destino de los personajes. En Los viejos el fenómeno violento/político/social se trabaja de una manera más parecida a la de Sanjinés en La nación clandestina que, por ejemplo, a la de Agazzi en Los hermanos Cartagena. Es decir, se hace una reflexión y se retrata algunos efectos de la dictadura, no a la dictadura en sí o a sus formas de represión. Pensar, enfrentar las huellas y las cicatrices es importante desde un punto de vista terapéutico, ¿Los viejos es una experiencia curativa o meramente testimonial?
- En Los viejos las dictaduras militares funcionan como plataforma en la cual los personajes reposan o se mueven, es parte intrínseca de su historia y de su sicología, pero no como un simple recuerdo o algo que “solamente” les sucedió… aquella violencia no es lejana, al contrario, es algo que está muy presente en ellos porque es parte de la naturaleza humana. La brutalidad y el autoritarismo que representan las dictaduras en la película funcionan para mí en dos sentidos. Uno contextual y otro, más importante, como representación de una parte de la naturaleza humana que está siempre latente dentro las relaciones –que en este caso son familiares-, y que por lo tanto está también latente a niveles macro. En la historia boliviana y latinoamericana, hasta el día de hoy, es más que evidente.
En tus películas la banda sonora juega un rol fundamental. En Lo más bonito y mis mejores años, “Mi dolor” –la pieza compuesta por Diego Boulocq- es una especie de leit motiv. Más o menos sucede lo mismo con la pieza instrumental de Rojo. En Los viejos echas mano de una canción de Los Ronisch. A diferencia de lo que sucede en otras tradiciones cinematográficas, pocas veces en Bolivia se ha recuperado a la música “chicha” como reflejo de la psicología de los personajes. Es decir, aunque Oscar García haya hecho un arreglo cumbiero de una canción del admirado Juan Carlos Orihuela para Cuestión de fe o que muchos directores le hayan encargado a compositores “cultos” canciones con sonido “populachero”, no es común que se recupere y utilice a la genuina música popular boliviana actual. ¿Cuán importante es para tu película la elección de esa canción, de esa banda sonora?
- A mí me encanta la música chicha, no como fenómeno sociológico para ser representado, sino como música simplemente. Tengo recuerdos de infancia y adolescencia en pequeños poblados del valle donde sólo sonaba esta música, que por cierto es distinta a la cumbia villera –que generalmente me resulta espantosa-. Hay chicha en Lo más bonito y en Rojo aunque no como elemento principal. En Los viejos, sí, aunque no es chicha pura sino un mix con pop ochentero. La música y el sonido para mí son fundamentales, terminan (o comienzan) construyendo el universo y el espíritu de los personajes.
En tus películas, Berto, Pilar y Toño –los personajes principales- sufren, cargan con mucho dolor, por circunstancias distintas. Lo que es llamativo es que siempre contienen sus sentimientos, los viven en silencio, de manera introvertida. Salvo por breves e intensos instantes, jamás exteriorizan los movimientos de su espíritu. ¿Por qué es tan importante para tus protagonistas el callar, el silencio, el no-decir?
- Además, son seres marginados, de una u otra forma. Es cierto, pero no creo que para ellos sea importante o necesario callar, al contrario, pienso que necesitan romper el silencio. Pero les cuesta y es quizás lo que más les cuesta. Además, pienso que esto tiene algo que ver con nuestra idiosincrasia como bolivianos, al menos de una parte importante, nos cuesta decir las cosas, hablarlas, exteriorizarlas.
En tus dos largometrajes, los automóviles, el viaje en carretera, el desplazamiento, juegan un rol importantísimo. Algunos de los momentos de mayor intensidad emocional o de reflexión de tu obra suceden sobre ruedas. ¿Tiene algo que ver con Kiarostami? ¿El deslizamiento en una geografía representa el movimiento de la psiquis de los personajes?
- Soy gran admirador de Kiarostami y aunque en su obra el camino, la ruta, es lo más importante. Creo que en mi caso es más la máquina como objeto que la ruta, la máquina como extensión del personaje. Es decir, no tanto a dónde van sino qué es lo que los lleva a ese lugar.
Los dos protagónicos de Los viejos son actores que conoces muy bien, Roberto Guilhon y Andrea Camponovo. Lo que es interesante es que en la película ambos rompen con los registros que se les conocían. Roberto encarna a un personaje diametralmente distinto al de Lo más bonito, de ser un gracioso parlanchín pasa a ser un tipo callado y pensativo. Por su lado, Andrea que es famosa por sus papeles cómicos y extrovertidos, ofrece una interpretación sobria y de gran intensidad dramática. ¿Fue fácil que los protagónicos salgan de su “zona de confort”?
- Eso es lo maravilloso de trabajar con dos actores como ellos, que tienen una gran disposición a explorar nuevos territorios sin temor. No es fácil salir de esa “zona de confort” que mencionas. Pero a veces pienso que esa “zona” es un lugar en el que te pone el público y las películas, cuando en realidad más confortable puede ser estar en un terreno que aún no has descubierto. De todo modos, creo que es importante que el artista no se quede en un lugar confortable nunca y, en este sentido, Los viejos nos ha exigido a todos explorar un terreno distinto.
¿Qué planes tienes con Los viejos? ¿Festivales? ¿Muestras?
- Decidimos que era importante primero estrenarla en Bolivia, ahora en adelante veremos el tema de festivales.
Se que hace unos años rodaste un documental en Cuba, ¿tienes planes de estrenarlo? ¿tienes otros proyectos nuevos?

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