Bad as me: Tan bueno como Mr. Waits
Andrés Laguna
Bad
as me es
una placa de trece canciones, que desde hace unos días se puede escuchar en su
página web (www.tomwaits.com) y que
saldrá a la venta el 25 de octubre. Es un disco que contiene un poco de todo lo
que ha caracterizado a la carrera de Waits desde sus comienzos en los años ’70.
Eso dice mucho y al mismo tiempo dice poco. Este es su primer disco después de
haber cumplido sesenta años. Y se nota. Sus vicios y virtudes están totalmente
afianzados. Para bien y para mal, este es un disco en el sus señas de identidad
están destiladas. Su aproximación a las canciones, su interpretación, es
profundamente teatral, su poesía callejera se despliega con la misma proporción
de inteligencia y de extravagancia, el blues y el jazz siguen siendo digeridos
por su particularísima capacidad para revisitar géneros y, aunque con menos
frecuencia, sigue relatándonos historias de seres al borde de la sociedad y de
la cordura. Al borde de lo que sea.
Para muchos el disco más
esperado del mes es Bad as me de Tom
Waits. Este es su primer álbum con nuevas canciones en siete años. Aunque en
2006 publicó un fundamental disco triple de rarezas y de inéditos titulado
brillantemente Orphans: Brawlers, Bawlers
and Bastards, auque hayamos disfrutado de su actuación en esa decepcionante
y esperada película de Terry Gillian (El
imaginario del Doctor Parnassus, encarnando a Mr. Nick, el mismísimo
diablo), auque el año pasado el realizador Anton Corbijn haya publicado el
impresionante libro Waits/Corbijn -
Photographs 1977-2010, ya nos hacía falta la entrañable presencia de ese
gran artista, nos hacía falta saber lo que pasa por su cabeza estos días.
Desconocido para los
jovencitos que vibran con Justin Bieber y Lady Gaga o para los que creen que
Soda Stereo es lo más grande del rock latinoamericano, venerado por los snobs y
cuestionado por los súper snobs (que sólo reivindican sus primeros discos),
Waits es una de las figuras más seductoras de la escena musical de los últimos
cuarenta años. Basta mencionar que además de haber grabado placas clásicas como
Blue Valentine o Rain dogs, actuó para directores de la talla de Francis Ford
Coppola y Jim Jarmusch, que fue nominado a un Oscar y que este año fue inducido
al Rock & roll Hall of Fame, entre tantas y tantas otras peculiaridades.
Waits es una figura a la que, si la conocieran, amarían todos esos insufribles
fanáticos del cada vez más insufrible Joaquín Sabina. Tiene todo eso que los
seduce, una voz marcada a fuego por los excesos, mitos malditos detrás de su
música, una poesía urbana/bizarra/sofisticada-pero-no-tanto y, last but not least, una marginalidad tan
cool. Pero cualquier conjunto de
datos biográficos es poco relevante a la hora de enfrentarse a su obra. A
cualquier obra.
Bad
as me es
una placa de trece canciones, que desde hace unos días se puede escuchar en su
página web (www.tomwaits.com) y que
saldrá a la venta el 25 de octubre. Es un disco que contiene un poco de todo lo
que ha caracterizado a la carrera de Waits desde sus comienzos en los años ’70.
Eso dice mucho y al mismo tiempo dice poco. Este es su primer disco después de
haber cumplido sesenta años. Y se nota. Sus vicios y virtudes están totalmente
afianzados. Para bien y para mal, este es un disco en el sus señas de identidad
están destiladas. Su aproximación a las canciones, su interpretación, es
profundamente teatral, su poesía callejera se despliega con la misma proporción
de inteligencia y de extravagancia, el blues y el jazz siguen siendo digeridos
por su particularísima capacidad para revisitar géneros y, aunque con menos
frecuencia, sigue relatándonos historias de seres al borde de la sociedad y de
la cordura. Al borde de lo que sea.
Coescrito y producido junto
a su mujer, Kathleen Brennan, Bad as me está
lleno de colaboraciones notables con músicos de un peso abrumante, entre ellos,
Keith Richards, Flea (bajista de los Red Hot Chili Peppers), el guitarrista de
jazz Marc Ribot y el líder de Los Lobos, David Hidalgo. El disco abre con “Chicago”
una canción saturada de brasses, de ritmo vertiginoso, en la que Waits ruge,
grita, sostiene la voz con profundidad y fuerza. Tanto desde un punto de vista
musical como lírico, parece pararse de manera trepidante en esa delgada línea
que divide lo rural de lo urbano. Los vientos –veloces como bocinas de bólidos-
se funden con guitarras filosas (una a cargo de Richards) y un banjo, todo
junto traza el camino de la canción, que conduce al género que parece
reverenciar, el blues de Chicago. Siguiendo el mismo tenor lírico, “Raised
Right Men” es una pieza que narra experiencias de la marginalidad, con esa
suerte de mensaje aleccionador y testimonial que a veces tiene el blues más
profundo, un estremecedor organo vox (a cargo de Augie Meyers) y una potente
línea de bajo a cargo de Flea, la convierten en uno de los momentos más densos
de la placa. Por su lado, “Talking At The Same Time” parece salida de algún
rincón del Waits de fines de los ’80, aunque con cierta depuración.
Melancólica, llena de conmovedores falsettos, la canción crece gracias a la
trompeta. “Talking At The Same Time” es una visión de la sociedad despojada de
esperanza, en la que canta: “Well we bailed out all the millionaires/ They’ve
got the fruit/ We’ve got the rind” (Bueno, rescatamos a todos los millonarios/
Ellos tuvieron la fruta/ Nosotros las cáscaras). Sigue “Get Lost”, una especie rock-blues
divertido, una aproximación al amor y a lo sensible tan marciana, tan Waits. El
disco llega a uno de sus momentos más emotivos con tres baladas de desamor y/o
decepción, en la que la participación de David Hidalgo (tocando la guitarra y
el violín) logra darle la ambientación perfecta. “Face To The Highway”, “Pay Me”
y “Back In The Crowd”, podrían ser la banda sonora de una road-movie sureña,
rodada en blanco y negro, con personajes golpeados por la vida, con pasados que
se quieren olvidar, historias marcadas por los desencuentros. En “Bad As Me”,
la canción que le da título al disco, Waits es feroz, aúlla como si un Howlin’
Wolf intoxicado lo hubiese poseído, de poética demencial, parece coquetear con la
maldad de los encuentros incendiarios. Una bella balada jazz de amor nos reconcilia
con ese Waits que canta para seducir, en “Kiss me” un órgano en el fondo y un
sutil contrabajo (tocado por Marcus Shelby) acompañan perfectamente a la
aguardentosa voz cantar versos claros: “I want you to kiss me/ Like a stranger
once again” (Quiero que me beses/ Como una extraña, una vez más). Sin duda, uno
de los puntos más memorables del disco es una especie de respuesta a ese
inolvidable himno de la frustración que es “(I Can't Get No) Satisfaction” de
los Stones. En “Satisfied”, acompañado por Keith, Waits gruñe una suerte de
declaración de principios, “Now Mr. Jagger and Mr. Richards/ I will scratch what
I've been itchin’”(Ahora, Sr. Jagger y Sr. Richards/ Rascaré lo que me ha
estado escociendo) y sigue, “I will have satisfaction before I'm gone” (Tendré
satisfacción antes de irme). Otra maravilla es “Last leaf”, un sensible,
nostálgico y otoñal dueto con Keith, que merece ser escuchado en cualquier
momento crepuscular. Casi antes de cerrar el disco, “Hell Broke Luce” nos
vuelve a presentar al Waits rabioso, que en lugar de cantar, ladra con fuerza.
Una canción de cierto aire marcial, que parece retratar oscuras historias de
guerra. Cierra la placa “New Year's Eve”, una canción que nos devuelve a uno de
los Tom Waits más queridos, el que acuña canciones ideales para emborracharse
en silencio en un bar oscuro, en el que nadie molesta, donde cada quien convive
con sus propios demonios como puede, sin incomodar a los demás. 

Bad
as me es
una especie de gratest hits, sólo que
todas son canciones nuevas e inéditas. Todo es tan bueno, hasta las
imperfecciones y los lugares comunes. Hasta lo desajustado está donde debe
estar. Este es un disco especial para los incondicionales de Waits, pero
curiosamente creo que también puede funcionar bien para los no-iniciados. Acá
se resume toda una obra y provoca revisitar sus viejos discos. Llama a tomar un
trago, a caminar por la calle, a besar a nuestra mujer de siempre como si fuera
una extraña, a aullar a la luna y a mirar a los ojos a toda nuestra maldad. Para,
así, intentar ser tan buenos como Tom.

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