Bad as me: Tan bueno como Mr. Waits

Andrés Laguna

Para muchos el disco más esperado del mes es Bad as me de Tom Waits. Este es su primer álbum con nuevas canciones en siete años. Aunque en 2006 publicó un fundamental disco triple de rarezas y de inéditos titulado brillantemente Orphans: Brawlers, Bawlers and Bastards, auque hayamos disfrutado de su actuación en esa decepcionante y esperada película de Terry Gillian (El imaginario del Doctor Parnassus, encarnando a Mr. Nick, el mismísimo diablo), auque el año pasado el realizador Anton Corbijn haya publicado el impresionante libro Waits/Corbijn - Photographs 1977-2010, ya nos hacía falta la entrañable presencia de ese gran artista, nos hacía falta saber lo que pasa por su cabeza estos días.
Desconocido para los jovencitos que vibran con Justin Bieber y Lady Gaga o para los que creen que Soda Stereo es lo más grande del rock latinoamericano, venerado por los snobs y cuestionado por los súper snobs (que sólo reivindican sus primeros discos), Waits es una de las figuras más seductoras de la escena musical de los últimos cuarenta años. Basta mencionar que además de haber grabado placas clásicas como Blue Valentine o Rain dogs, actuó para directores de la talla de Francis Ford Coppola y Jim Jarmusch, que fue nominado a un Oscar y que este año fue inducido al Rock & roll Hall of Fame, entre tantas y tantas otras peculiaridades. Waits es una figura a la que, si la conocieran, amarían todos esos insufribles fanáticos del cada vez más insufrible Joaquín Sabina. Tiene todo eso que los seduce, una voz marcada a fuego por los excesos, mitos malditos detrás de su música, una poesía urbana/bizarra/sofisticada-pero-no-tanto y, last but not least, una marginalidad tan cool. Pero cualquier conjunto de datos biográficos es poco relevante a la hora de enfrentarse a su obra. A cualquier obra.
Bad as me es una placa de trece canciones, que desde hace unos días se puede escuchar en su página web (www.tomwaits.com) y que saldrá a la venta el 25 de octubre. Es un disco que contiene un poco de todo lo que ha caracterizado a la carrera de Waits desde sus comienzos en los años ’70. Eso dice mucho y al mismo tiempo dice poco. Este es su primer disco después de haber cumplido sesenta años. Y se nota. Sus vicios y virtudes están totalmente afianzados. Para bien y para mal, este es un disco en el sus señas de identidad están destiladas. Su aproximación a las canciones, su interpretación, es profundamente teatral, su poesía callejera se despliega con la misma proporción de inteligencia y de extravagancia, el blues y el jazz siguen siendo digeridos por su particularísima capacidad para revisitar géneros y, aunque con menos frecuencia, sigue relatándonos historias de seres al borde de la sociedad y de la cordura. Al borde de lo que sea.  

Coescrito y producido junto a su mujer, Kathleen Brennan, Bad as me está lleno de colaboraciones notables con músicos de un peso abrumante, entre ellos, Keith Richards, Flea (bajista de los Red Hot Chili Peppers), el guitarrista de jazz Marc Ribot y el líder de Los Lobos, David Hidalgo. El disco abre con “Chicago” una canción saturada de brasses, de ritmo vertiginoso, en la que Waits ruge, grita, sostiene la voz con profundidad y fuerza. Tanto desde un punto de vista musical como lírico, parece pararse de manera trepidante en esa delgada línea que divide lo rural de lo urbano. Los vientos –veloces como bocinas de bólidos- se funden con guitarras filosas (una a cargo de Richards) y un banjo, todo junto traza el camino de la canción, que conduce al género que parece reverenciar, el blues de Chicago. Siguiendo el mismo tenor lírico, “Raised Right Men” es una pieza que narra experiencias de la marginalidad, con esa suerte de mensaje aleccionador y testimonial que a veces tiene el blues más profundo, un estremecedor organo vox (a cargo de Augie Meyers) y una potente línea de bajo a cargo de Flea, la convierten en uno de los momentos más densos de la placa. Por su lado, “Talking At The Same Time” parece salida de algún rincón del Waits de fines de los ’80, aunque con cierta depuración. Melancólica, llena de conmovedores falsettos, la canción crece gracias a la trompeta. “Talking At The Same Time” es una visión de la sociedad despojada de esperanza, en la que canta: “Well we bailed out all the millionaires/ They’ve got the fruit/ We’ve got the rind” (Bueno, rescatamos a todos los millonarios/ Ellos tuvieron la fruta/ Nosotros las cáscaras). Sigue “Get Lost”, una especie rock-blues divertido, una aproximación al amor y a lo sensible tan marciana, tan Waits. El disco llega a uno de sus momentos más emotivos con tres baladas de desamor y/o decepción, en la que la participación de David Hidalgo (tocando la guitarra y el violín) logra darle la ambientación perfecta. “Face To The Highway”, “Pay Me” y “Back In The Crowd”, podrían ser la banda sonora de una road-movie sureña, rodada en blanco y negro, con personajes golpeados por la vida, con pasados que se quieren olvidar, historias marcadas por los desencuentros. En “Bad As Me”, la canción que le da título al disco, Waits es feroz, aúlla como si un Howlin’ Wolf intoxicado lo hubiese poseído, de poética demencial, parece coquetear con la maldad de los encuentros incendiarios. Una bella balada jazz de amor nos reconcilia con ese Waits que canta para seducir, en “Kiss me” un órgano en el fondo y un sutil contrabajo (tocado por Marcus Shelby) acompañan perfectamente a la aguardentosa voz cantar versos claros: “I want you to kiss me/ Like a stranger once again” (Quiero que me beses/ Como una extraña, una vez más). Sin duda, uno de los puntos más memorables del disco es una especie de respuesta a ese inolvidable himno de la frustración que es “(I Can't Get No) Satisfaction” de los Stones. En “Satisfied”, acompañado por Keith, Waits gruñe una suerte de declaración de principios, “Now Mr. Jagger and Mr. Richards/ I will scratch what I've been itchin’”(Ahora, Sr. Jagger y Sr. Richards/ Rascaré lo que me ha estado escociendo) y sigue, “I will have satisfaction before I'm gone” (Tendré satisfacción antes de irme). Otra maravilla es “Last leaf”, un sensible, nostálgico y otoñal dueto con Keith, que merece ser escuchado en cualquier momento crepuscular. Casi antes de cerrar el disco, “Hell Broke Luce” nos vuelve a presentar al Waits rabioso, que en lugar de cantar, ladra con fuerza. Una canción de cierto aire marcial, que parece retratar oscuras historias de guerra. Cierra la placa “New Year's Eve”, una canción que nos devuelve a uno de los Tom Waits más queridos, el que acuña canciones ideales para emborracharse en silencio en un bar oscuro, en el que nadie molesta, donde cada quien convive con sus propios demonios como puede, sin incomodar a los demás.
Bad as me es una especie de gratest hits, sólo que todas son canciones nuevas e inéditas. Todo es tan bueno, hasta las imperfecciones y los lugares comunes. Hasta lo desajustado está donde debe estar. Este es un disco especial para los incondicionales de Waits, pero curiosamente creo que también puede funcionar bien para los no-iniciados. Acá se resume toda una obra y provoca revisitar sus viejos discos. Llama a tomar un trago, a caminar por la calle, a besar a nuestra mujer de siempre como si fuera una extraña, a aullar a la luna y a mirar a los ojos a toda nuestra maldad. Para, así, intentar ser tan buenos como Tom.

Publicado originalmente en la Ramona de Opinión

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